jueves, 26 de noviembre de 2020

La poesía como “un abrazo al otro”


 



Los conjurados

 


Ricardo Sigala

 

Francisco Brines tiene 88 años y está enfermo. Hace 25 años que se retiró a vivir a su casa de Valencia, en la costa del Mar Mediterráneo, ahí resguarda su biblioteca con 30 mil ejemplares, también ahí hizo su fundación que lleva su nombre que tiene el propósito de promover la poesía. Nació en 1932, la crítica literaria lo incluye en la Generación de los Niños de la Guerra, también conocida como Generación de los 50, ese grupo escritores que siendo niños vivieron la Guerra Civil y en su adolescencia la posguerra. En todo caso es uno de los pocos sobrevivientes de ella, y fuera de España ha sido uno de sus miembros menos conocidos.


            En 35 años, entre 1960 y 1995, publicó siete libros de poesía, lo que hace suponer un promedio de cinco años entre uno y otro, aunque en la práctica algunos de sus poemarios distan entre sí 9 o 10 años. El número de premios importantes que ha ganado por su obra poética, ya suman un total de 10, es superior al de sus libros. Entre esos premios se encuentran los más prestigiosos de la lengua española: El Premio de la Crítica, el Nacional de Literatura, el Nacional de las Letras Españolas, el Internacional de Poesía Federico García Lorca, el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, y el que se ha anunciado este lunes 16 de noviembre, el Miguel de Cervantes, del que se dice es el Nobel de la lengua española.


            Es el único miembro de su generación que no escribió poesía social, por el contrario, su obra es definida como intimista, ejerce lejos de las vicisitudes de la política y de los intereses de las masas, vuelve su mirada al sujeto que se enfrenta ante el misterio del mundo y de la vida, recordemos un par de veros de su poema, “Conversación con un amigo”:

“Hay momentos del hombre en que le duele

Amar, pensar, mirar, sentirse vivo”





También se le conoce como el poeta que regresa a la infancia, como aquel paraíso perdido en el que no existía la muerte, como un eco de los versos del poeta portugués Fernando Pessoa. Otro de sus rasgos distintivos es su inclinación por la muerte, con frecuencia se le define como un autor elegiaco, un ejemplo de esto es su libro más reconocido y celebrado: El otoño de las rosas de 1987, por el cual recibió el Premio Nacional de Poesía, y su poema titulado “Reencuentro” que ahora cito:


He bajado del coche

y el olor de azahar, que tenía olvidado,

me invade suave, denso.

He regresado a Elca

y corro,

no sé en qué año estoy

y han salido mis padres de la casa

con los brazos abiertos,

me besan,

les sonrío,

me miran

–y están muertos–,

y de nuevo les beso.


Otro rasgo definitorio lo apunta Ariadna G. García en su Antología de la poesía española, dice: “el tema del amor homosexual aparece en su poesía con naturalidad, en una búsqueda incesante de la Pureza”.


            He hablado de los siete libros de poesía de Francisco Brines, pero su obra en realidad es más amplia, ha publicado varias decenas de volúmenes de ensayo y antologías personales, también ha sido profesor en universidades norteamericanas y es miembro de Academia de la Lengua Española. Los escritores que lo conocen hablan de la importancia de su obra, pero enfatizan también al ser humano que navega en aguas calmas, que no busca el reconocimiento ni los reflectores. Lo que quiere decir que su vida discreta y humana también forman parte de su obra. No en vano Ángeles Gregori, la directora de la fundación que lleva el nombre del poeta, ha dicho que su obra es “una escuela de tolerancia”, “una forma de abrazo al otro”.


            Francisco Brines recibirá el Premio Miguel de Cervantes el próximo 23 de abril en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares de manos del Rey de España.


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