Salvador Encarnación*
Ante el torrente de conocimientos que Juan José Arreola prodigaba al entrevistarlo, había que encausar ese caudal que rebasaba, y con mucho, el tema, la grabación y no digamos la libreta de apuntes. Los recuerdos y lecturas le llegaban a Juan José y de inmediato las hilvanaba a la conversación aunados a sus movimientos actorales: manos y ojos principalmente eran el complemento a su decir.