lunes, 16 de noviembre de 2020

Las pastorelas de Zapotlán: un miligramo de información


 

 

Salvador Encarnación

 

 

Buscando uno, encontró otros y muchos. Adrián Gil Pérez acudió con José de Jesús García Morán, de oficio sembrador de verduras en la laguna, en busca del Coloquio sobre las apariciones de la Virgen de Guadalupe ensayado en 1997. Gil Pérez escribía, por ese tiempo, su libro Zapotlán Guadalupano (2008). La sorpresa fue que “en una vieja petaquilla” García Morán resguardaba otros coloquios de pastorelas.



           

Músicos barrocos. Arte tequitqui. Siglo XVIII. Capilla de San Vicente de Paul. Zacoalco de Torres. Foto: Miguel Ángel Barragán.
Músicos barrocos.
Arte tequitqui. Siglo XVIII.
 Capilla de San Vicente de Paul.
 Zacoalco de Torres.
Foto: Miguel Ángel Barragán.

 
En la petaquilla se encontró dos relaciones de Coloquios, listados en donde se sostiene el número de éstos: “En la correspondiente al año de 1873 —sostiene Gil Pérez en la plaqueta—, se contabilizaron 230 cuadernos de coloquios pertenecientes al Santo Niño de la Cuadrilla Principal de los Mangudos y, en 1874, se hizo un recuento de coloquios resultando 301 cuadernos; en ese orden, estos datos remiten a los años de 1643 y1573.”  Por desgracia estos Coloquios sólo están citados en la relación correspondiente.


Estas dos últimas fechas, 1643 y 1573, remiten a la época de la evangelización y a una nota en específico. Fray Alonso Ponce, se cita el libro Viajes de Fray Alonso Ponce al occidente de México, en su recorrido entre 1586 y 1587, registró “…una fiesta que los indios de Tlaxomulco hicieron el día de los Reyes”. Y concluye: “…se hallaron presentes diez o doce frailes y muchos españoles seculares, y más de cinco mil indios, así de los que aquella guardianía, como de otros pueblos, porque todos los de aquella comarca acuden a aquella fiesta”. José Rojas Garcidueñas en su libro El teatro de Nueva España en el siglo XVI (1973), registra este dato de la fiesta en Tlajomulco, sostiene: “El franciscano fray Alonso de Ponce refiere minuciosamente la representación en Tlaxomulco, hacia 1587, de una pieza sobre la Adoración de los reyes magos, que parece coincidir con un manuscrito del siglo XVIII encontrado y publicado por don Francisco del Paso y Troncoso en el año de 1900”. Estas iniciales representaciones, época de la evangelización, los textos eran escritos por los frailes sin ninguna intención literaria. Era de evangelización y de sano esparcimiento. Las dos relaciones señaladas en la plaqueta, tienen una antigüedad de más ciento cuarenta años.


Entre las pastorelas que se encontraban en la petaquilla “…24 cuadernos —informa Gil Pérez— de coloquios de pastorelas del siglo XIX (1822-1889), 23 del siglo XX (1902-1974) y cuatro sin fecha…”. De estos, algunos por estar escritos a lápiz de color o por deterioro, la fotocopia no registró dato alguno. Aun así, la mayoría fue rescatada. La plaqueta que se comenta, registra los títulos de los coloquios, así como a su autor o copista. A manera de ejemplo. La fechada en 1851 La noche más venturosa esperada por tantos siglos autoría de Tomás Antonio Ramírez, versifica a una flor de sepulcro:

 

Flor solitaria y hermosa,

que en este asilo sagrado

te levantas misteriosa

donde la muerte ha colgado

sus armas en esta loza.

 

Dime flor si por ventura

te hace tan galana estar

¿cómo puedes ¡hoy gozar!

entre la fría sepultura

donde se viene a llorar?

 

¿cómo puedes lacrimosa

en este llanto sostenerte?

¿cómo puedes silenciosa

en la mansión de la muerte

estar fresca y olorosa?

 

Músico. Peana de Cristo.
Museo Arqueológico de Ciudad Guzmán.
Ciudad Guzmán, Jalisco.
Foto: Miguel Ángel Barragán. 


Adrián Gil Pérez informa que en la transcripción de estos textos sólo se corrigió la ortografía y se respetó todo lo demás. Y sí, ya que los dos últimos versos del primer quinteto están a renglón corrido. Aquí se separaron para su presentación en octosílabos. En el coloquio de 1828, sin título ni autor registrado, se menciona a Pedro de Urdimalas que de inmediato remite, por el nombre, a la comedia cervantina.


En el coloquio de 1855 se utiliza el adjetivo “güerito” para el niño Jesús: “…dame tu gracia güerito/ dame tu amparo señor/ y en fe de tanto favor/ te bailaré un sonecito”. En la época del novohispano así se le denominaba a la clase dominante, los blancos, ellos eran, entre otras, los compradores por excelencia. La clase morena y pobre, era la vendedora de frutas y legumbres. “Pásele güerito”, era una forma de ofrecer la mercancía con urbanidad. Acendradas la República de Indios y la de españoles. 


En el coloquio de 1870, unos versos bien se pueden tomar como una desilusión a la independencia del país: “Libertad, independencia/ es la que proclamo amigo (…) ¡Pobre de ti libertad!/ pues los que a ti te proclaman/ son los primeros que te pisotean”. En 1907 está el coloquio Drama. El valiente espadachín o sea el cobarde Cardulio, los siguientes versos, por la fecha, se pueden tomar como antecedentes de la Revolución, ya que registran un aspecto social: “esto es a todos los criados/ los mantienen con panocha/ y a otros un torsigo amargo/ que todos los órdenes trastornan/ unos les da sus tareas/ tan bárbaras que hasta lloran/ si los pobres no la acaban/no les raya el día que trabajan/ como es bien que un infeliz/ trabaje tanto a la dobla/ y lo que haga no le paguen”.


En la nota introductoria, Gil Pérez describe la vestimenta de los pastores y músicos. Todavía a finales de los años sesenta del siglo pasado, en los colegios del sur de Jalisco los niños eran vestidos como pastores en las posadas: camisa blanca, chaleco de botones, capa y pantalón corto, todos de la misma tela y color, medias blancas y zapatos. Un báculo con campanitas en la parte superior y sombrero con pluma más listones. Bastante parecido el vestuario a la descripción de los pastores de, valga el decir, las pastorelas de Zapotlán. De la vestimenta de los músicos, así se detalla: “El violinista, generalmente hombre adulto, se cubría la espalda con una capa y la cabeza con sombrero campesino…”. En dos bajorrelieves coloniales, uno de Zacoalco y el otro de Zapotlán que representan a músicos —violín, guitarra y trompeta— visten como la descripción. (Ver las fotografías).


Fotocopia de del Acto 1
de la pastorela de 1847.


La plaqueta Pastorelas de Zapotlán el Grande, es una muestra de lo que en realidad existe. Un miligramo, por así decirlo, de esa riqueza teatral del siglo XIX ahora casi en el olvido a nivel popular. Miguel Sabido recuerda, en el prólogo al libro Las pastorelas en Jalisco (2008) de Tomás de Híjar Ornelas, la puesta en escena del Coloquio de Pascual Ranchero: “Hace veinte años —era yo director de Canal Cultural Nueve— tuve oportunidad de llevar al maestro Arreola a su natal Zapotlán a grabar un programa. Y por afortunada coincidencia, esa noche se escenificaba El Coloquio de Pascual Ranchero. Lo grabamos profesionalmente. Es un documento excepcional, sobre todo porque el coloquio dejó de hacerse ocho años porque murió el mayordomo y sus hijos se fueron a vivir a los Estados Unidos”.


Vicente Preciado Zacarías (Ciudad Guzmán, Jal. 1936) en su texto Arreola, comparsa en el gran teatro del mundo, publicado en la revista universitaria Luvina (diciembre de 1988), hace referencia a las pastorelas en Zapotlán: “…era un teatro coral de indios laguneros, ingenuo y bello en la línea de las tradiciones medievales y renacentistas. Y si digo coral, es porque los cantos de las cuadrillas de pastores en las hondas noches de Zapotlán, llevaban en su eco el rumor de los monjes vagabundos del Carmina Burana. (…) Los textos escritos a lápiz en un cuaderno de escuela, eran octosílabos leídos a la luz de petróleo de una mecha o de un hachón de ocote. El apuntador era el capitán de la cuadrilla y acompañaba los coros yugulando notas sobre el diapasón resinoso de un violín de Paracho”.


Cabe el decir que Gil Pérez no encontró el Coloquio Guadalupano, pero encontró otros que están en espera de la transcripción y posterior publicación.


La Colección Miligramo, seis plaquetas, fue auspiciada por el Lic. Higinio del Toro Pérez, Diputado Federal. El Capítulo sur le agradece este apoyo.


Gil Pérez, Adrián (2020). Pastorelas de Zapotlán el Grande. Ciudad Guzmán: Capítulo sur. Benemérita Sociedad de Geografía y Estadística del Estado de Jalisco.     




 

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