Salvador Encarnación
Pocos la recuerdan. Eso es mucho para una mujer que vivió sus últimos años ahogada en la demencia. Antes, en su lucidez, vendía loza de barro y de peltre. Era una mujer de trabajo con casa propia ubicada a unos pasos de un arroyo de temporal y éste separaba a todo el pueblo de la casa de las mujeres públicas.
