viernes, 24 de enero de 2020

Crónicas y vivencias del mariachi Vargas de Tecalitlán









Tecalitlán en la historia


*René Chávez


Miguel Martínez, trompetista del mariachi Vargas por varios años fue integrante de dicha agrupación musical basado en su libro Mi vida, mis viajes y mis vivencias transcribimos lo siguiente: Escuche de labios de Silvestre Vargas que él y su mariachi le habían tocado al general Lázaro Cárdenas en la gira proselitista por la región del Sur de Jalisco y tierra caliente. Cuando al cabo de mes y medio se terminó, el general les dio las gracias, pues se tenía que ir al norte, a Chihuahua y Coahuila, a seguir su campaña a la presidencia de la república. Al despedirse Vargas del General Cárdenas, le dice: Señor General, cuando llegue usted a la presidencia y sea usted presidente, no se olvide de nosotros – refiriéndose al Mariachi Vargas de Tecalitlán.

-Maestro Vargas, Dios quiera que llegue. Mire Tengo una mente fotográfica. Sé quién me ha dado la mano y yo sabré recompensar. ya verá. – Se subió al tren el general Cárdenas, y “adiós”.

En su relato, Silvestre Vargas nos dijo que la situación en la provincia estaba muy dura cuando su padre dirigía el grupo. Si acaso, un trabajo les caía los fines d semana y a veces nada.

Algunas veces se recurría al trueque, que consistía en lo siguiente: llegaban de un pueblo o rancho a contratar al mariachi, pues digamos una boda, mínimo diez horas, o fiesta de un pueblo, mínimo doce, o inclusive hasta por día o semanas enteras, pero él o los clientes le decían: “te damos veinte pesos, y lo demás seis gallinas, un cerdo, dos borregos, o dos costales de maíz o uno de frijol, trigo y hasta un bote de manteca”, según lo que el cliente ofreciera y lo que convinieran . Así se trabajaba, porque dinero nomás no había.

El grupo se repartía equitativamente tanto el poco dinero como los artículos comestibles, y hasta fue la manera de trabajar de ese tiempo, según Vargas, en una ocasión, en la Purísima una comunidad cercas al poblado de Tecalitlán al finalizar la zafra, un amigo le había dicho:

-Silvestre la semana entrante se casa mi hija, tócame cinco horas y les pago con un costal de ciento veinte kilos de azúcar.
-Pos, ¡ai vamos!

Así que cuando los contrataron para acompañar por Jalisco y Colima al candidato don Lázaro Cárdenas tata Lázaro como dicen en Michoacán todavía hasta hoy, los contrataron por un mes y medio a razón de dos pesos diarios a cada uno. ¡Se dieron de santos! pues si un obrero ganaba cuatro pesos a la semana, en el campo un labrador ganaba tres, pero que a veces solo los ocupaban tres días, eso sí de cinco de la mañana a cinco de la tarde. Así que como decía don Gaspar Vargas, padre del maestro Vargas, ese trabajo de acompañar en su gira al general Cárdenas por un mes y medio fue un aliviane del cielo.

Gana el General Lázaro Cárdenas la presidencia de la república y es un holgorio en toda la república. Por fin se le hizo al pueblo, no se las hicieron tablas. Llega el mariachi Vargas a México, pero ahora para llegar a ver al señor presidente era lo bueno. se le ocurre a Silvestre Vargas ir a la residencia de los Pinos, lugar donde despacha el presidente aparte del palacio nacional, y con tan buena suerte que, a la entrada, estaba de turno un coronel que de inmediato reconoció a al maestro Silvestre Vargas y a su papa Gaspar. Pues este coronel, que no recuerdo su nombre, era quien les pagaba el sueldo de cada semana en Jalisco, en la campaña del general Cárdenas y en mes y medio se conocieron bien. El coronel dice: -Espere aquí, lo voy anunciar.

Regresa el coronel y le dice:

-Maestro Vargas, como ve, el Señor presidente acaba de tomar posesión. esta demasiado ocupado, pero me recomendó atenderlo a usted. así que déjeme su dirección y yo les avisare lo que haya.

El maestro Silvestre Vargas y su papa salieron muy descorazonados, casi sin hablar. Que Silvestre en su interior se dijo: “¡esto ya valió un camote! tenía que ser, ya que están arriba … “se regresaron muy desilusionados para la casa donde se hospedaban en la calle del Doctor Liceaga, en la colonia doctores”. A los compañeros no les dijo nada, pero por la mañana del otro día les tuvo que decir como estaban las cosas. La reacción de unos fue la misma: “esto ya valió…” Sin embargo, Vargas no se daba por vencido, ¿pero cuánto tiempo tuvo que esperar para que los llamaran de la presidencia? ¿Qué pasa si se les olvida? Sin trabajo, sin entrada de dinero. Ya estaba muy bajo el nivel de lo poco que traían. Un mes y no se ve no se oye nada. ¿Volveré de nuevo a los pinos? “no, ¡no puede ser que el presidente Cárdenas nos deje en el desamparo ¡todo esto y más lo repetía en su mene Silvestre Vargas!, pero compañeros del grupo ya estaban pensando en su regreso a Tecalitlán. Paso una semana más de espera, y nada.

Pero al otro día, como a las Díez de la mañana, se para un jeep del ejercito a la puerta de la vecindad donde Vivian los ocho integrantes del mariachi Vargas. Era nada más menos que el coronel que había atendido al maestro Vargas en los pinos. Le pregunta a Vargas:

-¿Dónde están los demás? En ese momento, por órdenes directas del señor presidente, van a ser dados de alta en la jefatura de policía, y me comisionó para que los lleve y les ayude en todos los tramites, y para darle el informe hoy mismo al presidente Cárdenas que a sus órdenes están cumplidas.

Ese mismo día todos fueron dados de alta como policías y mariachi oficial de la jefatura de policía. El maestro Vargas quedo como sargento primero y otro compañero, como sargento segundo. Como la jefatura del departamento del Distrito Federal, les daba al año dos trajes de charro con sarapes, sombreros, en fin todo. Hacían servicio de tocar en actos oficiales, dar serenatas en la alameda de Santa María de la Rivera, convivios de altos jefes, etc.


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