jueves, 23 de julio de 2026

Martorrev: El muralista

 



Sara García


Ha cumplido ocho décadas aquel hombre que desde niño empezó a pintar. Lo vi de espaldas cuando se dirigía al Sindicato de maestros, iba a atravesar la calle, caminaba con parsimonia, con pasos lentos y cortos. Su cuerpo reflejaba un gran cansancio y su pelo cano, evidenciaba el paso del tiempo.
Mi visión contrastaba con el hombre que vi en varios videos de años atrás, donde se evidenciaba su lozanía y gallardía, con su bigote obscuro y tupido, así como su cuerpo erguido.




Aquel joven incursionó como maestro en la Normal Rural de Atequiza Jalisco, donde lo recibieron con mucho gusto, solo que, al paso de los días, se percataron que era soltero y como la Normal era de señoritas, le plantearon que no podría continuar ahí. Notaron que las alumnas se acercaban con cualquier pretexto a él. Quizá por ser joven, alto, de tez morena con un mostacho poblado y muy atento.
Ante su salida de la Normal decidió ir unos días a su ciudad natal, Morelia, a visitar a su familia y fue a comprar una camisa a los portales; ahí conoció a una joven muy amable, blanca, con ojos enmarcados en unas cejas pobladas y una sonrisa genuina. De inmediato la cortejó y la invitó a comer a casa de sus padres. Llegado el día, ella se presentó con un vestido nuevo, irradiaba felicidad y sonreía al saludar a cada integrante de la familia del joven. Charlaron durante la comida como si tuvieran años de conocerse y al final, ella le pidió que la acompañara de regreso a su casa. Al llegar a la puerta, él le pidió que fuera su novia y ella aceptó.
En pocos meses, se casaron y una ocasión platicando él le confesó que cuando iba a la iglesia, le pedía a Dios, encontrar una joven linda, que lo quisiera y le aguantara su forma de ser; ella con una gran sonrisa le confesó que hacía lo mismo que él; acudía a otra iglesia, a pedirle a Dios, que le pusiera en el camino a un buen hombre para casarse.





Ya casado, regresó a la Normal y sin mayor problema, continuó como maestro por muchos años más. Ahí participó en la formación de decenas o cientos de alumnos que lo recordarían para siempre. Cuando él decidió probar suerte en la ciudad de Guadalajara, optó por dar clases en la Universidad, a la par que se preparó en otras disciplinas; estudió artes, psicología, abogacía, aunque de ésta última, no se tituló, ya que descubrió que no era lo suyo, él era más para seguir en lo artístico; pintar, escribir, hacer esculturas y murales, entre otras actividades artísticas.


Su matrimonio se consolidó, procreó tres hijos; un varón y dos mujeres, actualmente adultos e ingenieros de profesión. Entró a la Sección XVI del magisterio del estado de Jalisco, donde empezaron a pedirle que hiciera un mural en tal o cual escuela y luego, otro y otro y otro. Fue por ello, que le surgió la idea de proponerle al secretario en turno, que lo comisionaran para tal fin y que con todo el gusto del mundo él haría los murales que le indicaran.


En su juventud poseía tal energía y creatividad, que, era capaz de pintar, escribir, hacer un mural y otras actividades artísticas, dándose tiempo para todo. Con el paso del tiempo, inventó algunas técnicas para pintar y formar grupos literarios, siguiendo por el camino de la docencia e incrementando el número de alumnos, o asesorados, como les llama.





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Una tarde tomando un café en un jardín del centro de la ciudad de Guadalajara, al charlar con Martorrev, me percaté que es un placer para él hablar de su pasado, de su historia y se me ocurrió hacerle algunas preguntas.


—Maestro de las artes que usted maneja, ¿cuál es la que más le gusta?

—Definitivamente el muralismo. Es haciendo un mural, cuando más vivo me siento; me olvido del mundo y disfruto desde la planeación de lo que plasmaré y sobre todo cuando estoy en andamio. —Dijo con una amplia sonrisa.

—¿Cuántos murales ha realizado y en qué lugares recuerda que están los más aplaudidos? —Le pregunté emocionada.

—Ya son más de 300, quizá 312 —y continuó: respecto a cuáles son los más aplaudidos, no lo sé. Creo que los más vistos son los que están en la Normal Rural de Atequiza, el que está en Tequila Jalisco y todos los que he realizado en escuelas secundarias y primarias de casi todos los estados del país.

—¿Su arte ha cruzado fronteras? —le pregunté con gran interés.

—He realizado murales en tres o cuatro países y el que más aprecio, es el que hice en la ciudad natal de Fray Antonio Alcalde: Cigales España, a donde me invitaron a hacer un mural y terminé haciendo cuatro.





Continuamos charlando un rato más y quedamos en vernos nuevamente.


Ya en casa, seguía pensando en la importancia de las artes para la sociedad y cuan grandioso es poder compartir las experiencias de alguien que ha dedicado su vida a la creatividad y que, a su edad, el maestro siga dando talleres de novela, haciendo murales y escribiendo libros. Actualmente lleva diez obras publicadas y participa activamente en una Asociación de escritores del estado de Jalisco.


Las personas con el tiempo, ya no somos iguales pero la actitud positiva puede permanecer a nuestro lado y eso marca una gran diferencia. Una semana después de haber visto al maestro, lo visité donde estaba haciendo su más reciente mural. Él no me había mirado y desde lejos su cara y su cuerpo parecían rejuvenecidos; producto de estar haciendo lo que le apasiona, lo que le da vida.





Atrás quedó la experiencia de dos cirugías de cráneo que tuvo hace un año y que venturosamente después de haberlo enviado a tener reposo en casa por meses, esos eventos ya están superados. Aunque el duelo por la pérdida de su esposa hace cinco años, aún no ha concluido.


No conforme con ello, la vida le asestó un duro golpe con la muerte reciente de su querido padre, de la cual no se ha repuesto del todo. A sabiendas que superó los cien años de vida y que fue tratado con amor y respeto, el saberse sin padres aun a su edad, es algo fuerte, difícil de aceptar.


Actualmente continúa dando su taller de novela, hace retratos de las personas que estima, coordina algunas actividades en la Asociación de escritores y está emocionado, avanzando en el mural que está realizando en el Sindicato de maestros, mientras está en espera de poder festejar sus más de setenta y cinco años de ser artista, en un gran lugar.



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