miércoles, 14 de febrero de 2018

Despilfarro





Juan José Ríos Ríos

La clase política y las instituciones creadas por ésta para el resguardo de sus intereses, sigue dando muestras de un cinismo que raya en lo increíble, cuando utilizan los recursos públicos para sus fines y propósitos de grupo o de partido y no de la Nación, cuando el desvío de recursos o malversación de éstos por la mayoría de los Gobernadores no implica la comisión de un delito, salvo la realización de obras montadas con la plena seguridad de que saldrán libres, impunes del hecho delictivo cometido, mientras la mayoría de la población recibe los embates de la corrupción imperante en todos los rincones del país.


            Lo más reciente, que estoy seguro no será lo último, es el destino de 45 mil 620 millones de pesos para la realización de los comicios del primero de julio próximo, en la que sólo se renovarán nueve gubernaturas, que según los expertos es una suma similar a los costos de los daños causados por los sismos del mes de septiembre del 2017, y que se gastarán para que el circo siga funcionando, con la compra de votos, gastos excesivos en propaganda, sobre todo en las televisoras, con campañas y candidatos que no dicen nada nuevo y sí puras mentiras y engaños, lo que la mayoría de los ciudadanos nada les cree, salvo los que viven del presupuesto.

            Y es tal el cinismo del organismo que se encargará del proceso de elección, que dice que esa enorme suma de dinero puede aumentar, al fin y al cabo las arcas públicas aguantan eso y más, y los diputados y senadores están al servicio de esos intereses y lo más seguro es que voten porque se destinen más recursos para el proceso “democrático” que se avecina, es el precio de vivir en un país donde la simulación, el engaño, el latrocinio de bienes públicos son el pan de cada día y que los políticos en campaña o en turno nos dicen que avanzamos, que lo bueno también cuenta (para ellos).

            En nuestra entidad, Jalisco, la recién integrada Comisión contra la corrupción, sus miembros acaban de señalar que el presupuesto que disponen no es suficiente y su salario tampoco, cuando los angelitos ganarán 60 mil pesos al mes, se les hace poco, pues sí, el dinero de las arcas públicas es para eso, para que se les pague por no hace nada sino simular, para gozar de salarios altos que como empleados de la iniciativa privada tal vez ninguno de sus integrantes los llegaría a ganar, cuando los trabajadores sujetos al yugo del salario mínimo no obtienen por su trabajo, en ese mismo lapso de tiempo, ni la décima parte de lo que inicialmente percibirán por su sacrificio en la lucha contra la corrupción.


            Ojalá y que el costo de las elecciones venideras sirva para que, cuando menos, se respete la voluntad popular, sin importar quien gane, pero que realmente el proceso esté ajeno, limpio de las acciones y artimañas tan usuales por quienes tienen el poder para obtener el triunfo a costa de lo que sea. De no ser así, quedará de manifiesto, una vez más, que el dinero público y las instituciones se emplean para el control, para que gane el interés del o los grupos en el poder, cuando los partidos, todos, son lo mismo, producto de un sistema que la mayoría de la población detesta, está harta, pero la que también debe hacer su parte participando en el proceso, y con ello no propiciar un resultado que mantenga las cosas como están y como van.

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