lunes, 12 de febrero de 2018

Vamos a la cima, pero acompañados

 






Samuel Gómez Patiño

                                     
En el último año de mi carrera de licenciatura que en ese entonces era de 9 semestres, se nos programaban seminarios de las áreas más importantes como son Recursos Humanos, Finanzas, Administración y Producción. Nos daba todo un mes de cada materia y por lo general se resolvía a través de casos prácticos que en equipo teníamos que presentar en clase y me parece que entonces aprendí el valor de trabajar en equipo.

            Tomé la decisión de juntarme con diferentes compañeros en cada materia y obtuve experiencias diferentes al conocer otros criterios y formas de trabajar. En recursos humanos me junte con tres compañeros y nos llamábamos los 4 fantásticos: la compañera era de Tecate y faltaba mucho, era la “Chica Invisible”, otro compañero siempre tenía la cara muy seria, parecía de piedra entonces era “la Mole”, luego teníamos un compañero que rápido se alteraba por lo que decíamos “la Flama” y su servidor tan delgado que parecía el hombre elástico, en fin, fuimos todo un caso.

Entonces cuando entramos al seminario de finanzas y nos asignaron a uno de los maestros más experimentados en el área, el entonces director de la Facultad de Contaduría y Administración el Doctor Sergio Octavio Vázquez López (QEP), decidí que debía prepararme mejor, el problema fue conseguir compañeros que se animarán a llevar este reto, y al conseguirlo decidí entrenarlos mejor ya que a la mayoría de mis compañeros las finanzas no era una materia de su agrado.

Para mala suerte al sortearse los equipos nos tocaron los dos casos en la misma semana, el lunes y el jueves. No tenía problemas porque aparte de que me gustaban las finanzas los casos me parecieron adecuados para lograr el reto: demostrarle al mejor lo que sabía. En aquel entonces había instalado en la casa un cuarto de estudio donde daba clases particulares a compañeros, un pizarrón, su mesa y apartado para concentrarnos mejor. Nos vimos el domingo los cuatro, y después de resolver el caso se los explique preparándolos para la presentación en acetatos ya que todavía no había las computadoras portátiles y mucho menos el Power Point. Nos presentamos y el maestro sorprendido de nuestra presentación y explicación de cada integrante nos felicitó, todo un logro porque los dos siguientes equipos sufrieron una reprimenda que todavía recuerdo.

Para el siguiente proyecto tuvimos un problema, como era para presentarse el jueves mis compañeros no pudieron asistir al estudio (en parte quizás, confiados porque lo habíamos hecho bien la primera vez) así que resolví el caso, le saque copias (no tengo que recordarles que tampoco había Internet) y les entregue a los compañeros antes de entrar al salón. Llego el maestro y puse los acetatos dispuesto a presentar “nuestro caso” cuando el maestro me interrumpió diciendo:

Tú te callas, que lo presenten los demás.
Como era de esperarse, mis compañeros empezaron a trastabillar, tartamudear y probablemente se pusieron de colores, pero yo estaba tan enojado que no me di cuenta. Entonces escuche al maestro decir al momento que volteaba hacía mí:
Ahora sí, Samuel explícalo.

Ahora no, -me escuche decir.
Entre mi coraje y la desilusión por haberme esforzado pensé, ahora si a repetir la materia. Afortunadamente para mí, el maestro considero que le había demostrado mi habilidad financiera y al final obtuve las mejores notas. Pero también entendí el valor del trabajo en equipo.

Ahora creo que el mejor equipo es aquel que tenga los mismos ideales que persigues.

En su libro, “Tiende la cama” de William H. McRaven en un capítulo dice: “Si quieres cambiar al mundo…busca con quien remar”, tan cierto como pensar que para llegar a la cima no debemos tratar de llegar solos, debemos conformar un grupo de personas que también quieran llegar, dispuestos a pasar los sinuosos caminos contigo, que estén en los grandes momentos pero también en los peores porque serán los que te ayuden a crecer y regresar al camino.

En el 2010, el Club Amigos Profesionistas (Cap’s) logro su primer campeonato en un torneo oficial en la Liga de Softbol de Egresados Universitarios después de muchos años de militancia; este equipo estaba formado por unos cuantos veteranos que éramos los lanzadores y jóvenes, incluyendo a mi hijos Samuel Alfonso, Perla del Socorro y a mi sobrino José Antonio Aguayo Jr., a quienes había entrenado desde las ligas infantiles donde formaba equipos con niños que en algunos casos los demás entrenadores no aceptaban. Nos apaleaban en muchos juegos, pero a veces los niños sacaban la casta y sacábamos triunfos, esporádicos pero al fin victorias y empezamos a formar un núcleo de niños que crecieron con ganas de triunfar pero sobre todo de disfrutar lo que hacían.

Recuerdo al padre de uno de ellos que los veía disfrutar el campeonato ganado en el campo con mucho esfuerzo que me dijo:
-¿No está contento?, ahora son los campeones.

- Mírelos, ellos se lo merecen, porque ahora los respetan por el gran esfuerzo que hicieron.
La próxima semana, ya tengo los mejores, ¿ahora como retengo el talento?
             

              Me gustaría leer tú opinión, puedes escribirme al correo samuelgomez@uabc.edu.mx o en Facebook: Samuel Gómez Patiño

*Vicepresidente Educativo del Club Toastmasters Ejecutivos de Tijuana
Licenciado y Maestro en Administración de Empresas
Catedrático en la Facultad de Contaduría y Administración, en Tijuana

Universidad Autónoma de Baja California

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