jueves, 13 de agosto de 2020

El Derecho a la Educación y la Obligación de Aprender. EP-Infancia

 


 Sandra Gómez

 

 

Estimado lector siguiendo la serie de Escuela para Padres (EP), hemos descrito algunos de los derechos de la niñez, haciendo la acotación de que son irrenunciables. En esta ocasión les compartiré en la presente historia de vida la otra cara de la moneda.

“Derecho a la educación: Todos los niños deben recibir educación que contribuya en crear su propio futuro. El niño tiene derecho al disfrute de la vida social que le da la escuela. El derecho a la educación constituye un elemento esencial para el desarrollo social, psicológico y económico del menor”.

 Cuando los niños acuden a la escuela escuchan que tienen derechos, e incluso en los libros de texto que otorga la Secretaria de Educación Pública (SEP), por lo menos los diez primeros son enunciados y revisados en clase.


 Érase una vez una madre que llega a consulta porque su hija va retrasada académicamente, su maestra dice que es muy distraída “anda en la luna”, que la lleven al psicólogo “para ver si se compone”.




 Entrevistando a la niña de tercer grado de primaria, le preguntaba: 1. ¿Sabes porque tu maestra te ha referido con el psicólogo, a lo que ella contesto, ¡no sé!; 2. ¿lo que tu mamá me dice es lo que dijo la maestra? y dijo que sí; 3. ¿consideras que te portas mal en clase? y me dijo que ¡no, yo tengo derechos!, seguí entrevistando a la neurotípica niña y dijo, mi maestra dice que tengo derecho a ir a la escuela y no tengo porque trabajar porque soy una niña. Pregunte: 4. ¿en que trabajas?, y respondió, mi mamá quiere que yo haga todo en la casa; 5. ¿cómo qué?, como lavar los platos, tender mi cama, y no me deja jugar ni estar con mis amigas en la calle. 6 ¿tienes una mala mamá? NO, pero…


            La niña refería una y otra vez que ella tenía derechos y la madre estresada no atinaba en hacerle ver a esa niña que en ningún momento sus derechos eran violentados. En otras palabras, la niña era suficientemente inteligente para sacar ventaja de la lectura de los derechos de los niños; pero ahí entre yo. Te han leído el cuento de los patitos que andaban en el campo y su mamá les manaba a regar las plantas y ellos decían: “no puedo estoy ocupado”, los mandaba a retirar las hojas muertas, y ellos decían: “no eso es mucho trabajo”; los mandaba a recoger el trigo y ellos decían: “no porque me ensucio”; los mandaba a poner a secar las plantas y ellos decían “no porque hace mucho calor”; los mandaba al molino a llevar el trigo y decían: “no porque doña Naty me mira feo”; los mandaba por leña para el horno y ellos decían: “no porque hace frio”; hasta que estaba listo el pastel y todos se acercaron a partirlo y la mamá dijo, “no porque este es mi trabajo y me lo como yo”.  Yo lo había escuchado dijo la niña, pero no así; bueno, tal vez se me olvidan algunos detalles del cuento, pero esa es la idea, ¿Tú crees que esa mamá es mala? y se quedó pensando en silencio y luego respondió, ya te entendí, ¿qué me entendiste?, que mi mamá, quiere que la ayude...


 Entonces después de una larga conversación en presencia de su madre, se hicieron algunos acuerdos, entre ellos que debía cumplir con los quehaceres que su madre le asignaba para negociar los permisos para salir a la calle con sus amigas y además que ella tenía la obligación de atender a la maestra en clase, también tenía la obligación de sacar buenas notas a través de preguntar con respeto a su profesora lo que no entendía. Y de los derechos se siguió hablando colocando uno a uno con su contraparte.


            Los niños deben tener claro los derechos humanos, pero también deben ser sensibilizados para las obligaciones; entendidas estas como las oportunidades para entrenarlos para la vida. Se debe recordar en todo momento que a través de la educación se construye la autonomía del niño, para que pueda con una autoestima correcta crecer y desarrollarse en pleno. Las negociaciones entre padres e hijos, seguidas de la sensibilización de conocer los derechos y las obligaciones es un efectivo modelo de crianza.


 Hasta la próxima historia de vida, Dra. Sandra Gómez Patiño.



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