lunes, 24 de agosto de 2020

Filtraciones demoledoras

 


 




Pedro Vargas Avalos

 

 

Por más que quisiera quien esté atento a los sucesos nacionales, no puede sustraerse a lo que aconteció la semana pasada: la filtración de dos documentos en relación al caso Lozoya y el combate a la corrupción, lo que involucra plenamente a la política mexicana.


Ni el COVID-19, ni la situación económica crítica que azota al mundo o las elecciones estadounidenses que para el orbe tanto significan, bueno ni la final de la CHAMPIONS de futbol europeo que emociona a millones, pudieron distraernos de conocer esos documentos: uno consistente en un video de poco más de cuatro minutos, y otro de 63 páginas que es nada más ni nada menos, que el esperado texto de la denuncia que presentó el 11 de agosto  reciente, Emilio Lozoya a la Fiscalía General de la República (FGR), con el fin de proporcionar datos que le acrediten para recibir el trato de testigo colaborador que ya se le otorga, papel que de resultar eficaz,  casi lo exentará de sanciones punitivas.


En el video filtrado por nadie sabe quién, pero del cual muchos aparecen como sospechosos, comenzando con los adversarios del PAN, siguiendo con los de los gobernadores involucrados y continuando con los amigos del mismo Lozoya, se exhibió en toda su descarnada y nauseabunda imagen a los deshonestos. Por ello algunos aseguraron que como encuadran dentro de las acciones que auspicia el presidente del país para abatir la corrupción, quizá allí radica la clave de cómo aparecieron: pero la FGR se deslindó rápido de que ella haya sido la filtradora y AMLO asentó el día 20, en la mañanera, que había de indagarse. Lo cierto pues, es que el video representa un botón de muestra de lo podrido del sistema político mexicano; porque si de él se acredita lo que ciertos legisladores federales suelen hacer, para obtener dinero, similares maniobras se llevan a cabo en los Estados y municipios, para lograr fines que lejos de beneficiar al pueblo y sus instituciones, solo engordan las cuentas y bolsillos de los políticos implicados. Y Jalisco, desde hace sexenios no está excluido de tales desenfrenos.




El 19 del presente mes, el impacto causado por el video, pasó a segundo término ante la filtración de la denuncia de Lozoya. Fue su efecto como el de una bomba nuclear, pavoroso y aniquilador. Claro que resta probar lo allí referido, pero sostenido por quien subsistió en las entrañas del monstruo, mucho de lo denunciado debe ser cierto.


De la lectura, larga y a veces pesada, pero que se sostiene por la expectativa de qué nuevos delitos y personajes van a ir apareciendo, no menos de dieciséis políticos finalmente se inmiscuyen. Y son de primerísima línea, desde expresidentes, como Salinas, Calderón y Peña Nieto, o poderosos funcionarios al estilo de Videgaray, Meade y el mismo Lozoya.


La parte inicial de la denuncia narra detalladamente como se enlazaron el dueño de la compañía brasileña Odebrecht, con el candidato y luego presidente Enrique Peña Nieto, siendo luego sustituido en la relación por Luis Videgaray y Lozoya. Todos dedicados a tramar la manera de a final de cuentas, corrompidamente ganar dinero a costillas de PEMEX y la nación.


Asombra que, en esas mezquinas maniobras, varios millones de dólares se hayan destinado para cubrir gastos durante la campaña electoral de Peña Nieto y particularmente pagarles a sus consultores extranjeros (uno cobró 380,000.00 euros ¡!), como si la campaña fuera para llegar a Secretario de la ONU. ¿Y de todo esto ni por asomo se dio cuenta el IFE, actualmente INE? Y eso que sus consejeros y altos funcionarios, son tan quisquillosos cuando de dinero se trata, sobre todo si es cuestión de defender sus estratosféricos salarios y ostentosos gastos complementarios.




A cada paso Lozoya reitera: el que me daba las instrucciones directas era Videgaray, quien le reportaba a Peña Nieto. Por cierto, que el denunciante aclara que apenas si conocía a los dos superiores que tenía, o sea el futuro Presidente del país y su flamante brazo derecho, Videgaray. Todo eso fue en 2012 y luego describe lo sucedido en 2013: se le instruyó para entregar cantidades a la oposición, a efecto de que se aprobaran reformas estructurales. Esas cantidades también las proporcionó Odebrecht, siendo los recipiendarios senadores y diputados, sobre todo panistas, quienes enviaban a sus peones a contar y recoger sus bolsas transparentes (desde luego, tontos no son) para que supieran la denominación de los billetes y además en maletas. Según avanzaba la reforma energética, se entregaban sumas cuantiosas a dichos dizque “legisladores”, que, de ser cierto lo que describe la denuncia, no son más que buitres.


Al respecto afirma Lozoya: “…la actitud de los panistas en obtener recursos era brutal.” (Página 15, de la denuncia) y luego agrega que Videgaray “llevaba un control puntual de los sobornos entregados”. Y el dinero que daba la empresa brasileña, era ahora para garantizar dominio e influencia en el gobierno.” (Pág. 18, denuncia). Pero también hubo priístas en el enjuague: el senador David Penchyna, recibió en 2014 seis millones de pesos. Este por cierto tiene apetito monetario desbocado, pues siendo director del INFONAVIT percibía la fabulosa cantidad de $745,000.00 pesos mensuales, en tanto que los trabajadores afiliados a ese instituto, reciben magras sumas para tener una casita, misma que pagan con crecidos intereses y largos períodos.


Y el asombro no para conforme leemos esa denuncia: Ricardo Anaya, el célebre candidato panista bautizado como “Ricky, Ricón” recibió la crecida cantidad de $6, 800,000.00 por el mes de agosto, luego de constantes presiones que ejerció sobre Lozoya. (Pág.20, Denuncia). Ente 2013 y 2014, señala Lozoya, se entregaron ochenta millones de pesos al enviado de los legisladores blanquiazules, habiéndolos recibido su enviado señor Rafael Caraveo Opengo, en ese entonces secretario técnico de la Comisión de Administración presidida por el panista José Luis Lavalle y cercano al exsenador Ernesto Cordero. Según Yolanda Valladares, ex dirigente panista en Campeche, Caraveo Opengo era prestanombres de José Luis Lavayen.


Sobre lo anterior, los señalados como recipiendarios de las bolsas de dinero en este sombrío relato de la corrupción, aunque nerviosos, han reaccionado airados y amenazantes, niegan todo y anuncian demandas y denuncias contra Lozoya. Preguntado sobre esto, expresó el senador Germán Martínez, al periodista Julio Astillero: “yo no le creo todo a Lozoya, pero tampoco les creo a los que, señalados en la denuncia, replican que son inocentes.” Y en eso estamos de acuerdo.


La denuncia es tan extensa e interesante, que amerita otro artículo.  Por hoy, tomemos aire y luego, si otra cosa no lo impide, completaremos nuestro vistazo sobre tan singular delación.

 

 

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