viernes, 3 de abril de 2020

Crecimiento hacia la montaña






Juan José Ríos Ríos
El Volcán/Guzmán


Cada vez más crecen los asentamientos humanos hacia la zona de montaña de Ciudad Guzmán, fenómeno que se ha venido dando, con mayor fuerza, desde 1985, aunque ya existían casas habitación muchos años antes en lo que se conoce como colonia Cristo Rey, San Cayetano, Chuluapan, entre otras, que sin duda de alguna manera impactan en el resto de la mancha urbana, sobre todo cuando ese crecimiento es desordenado o no va aparejado con obras o acciones que eviten deterioro o arrastre de tierra y afectación de lo poco verde que aún existe.



            Sin duda que, desde las alturas que tienen los cerros donde se ha construido, se goza de una panorámica digna de un poster, incluso de un mejor ambiente, menos contaminado y más fresco que en la zona baja habitada de Ciudad Guzmán, y que de noche presenta una imagen de puerto, por las luces de las casas habitadas en estas latitudes, pero que, sin duda, sus moradores, salvo contadas excepciones, tienen o deben tener carencias en la prestación de servicios básicos, con agua y drenaje, retiro de basura, seguridad y otras incomodidades, algunos, no todos.

            Para poder construir y tener acceso a la finca, quienes las han edificado han tenido que realizar apertura de caminos, los más improvisados, apenas llegan a brechas, aunque también hay excepciones. Pero en una buena parte de estas áreas, las modificaciones hechas tienen sus repercusiones en el resto de la ciudad, puesto que, al no contar con el equipamiento o la infraestructura apropiada, con la presencia de las lluvias se aprecia claramente lo que aquí se expone, pues cada tormenta fuerte los arrastres de lodo, basura y piedras quedan en las calles por donde bajan.




            Mucho se ha hablado sobre el grado de asolvamiento que tiene el vaso de la Laguna Zapotlán, y mucho de lo que le sucede se le carga a las tierras ubicadas en la parte poniente del Valle de Zapotlán, tierras en su gran mayoría dedicadas a diversos cultivos, antes grandes plantíos de maizales, hoy mantos enormes de plástico con los invernaderos, o bien extensiones de gran tamaño pintadas de verde por las aguacateras que han proliferado a lo largo y alto del municipio, y de donde, también se viene el agua de lluvia y con grandes arrastres, la historia lo tiene registrado.

            Tal vez no sea posible o no existan los recursos legales para limitar el crecimiento de la población hacia la parte oriente, en los cerros concretamente, pero debiera, cuando menos, exigirse por parte de la autoridad que, si se requiere construir, se menos se tomen las medidas necesarias para que las obras no tengan impacto posterior en la ciudad, en el medio ambiente, en las áreas verdes y mucho menos en las personas.

            A la par de casas habitadas o grandes fincas de campo, también se han ido asentando hornos donde se quema ladrillo para la construcción. Estas son más dañinas al medio ambiente, afectan a la salud de las personas con los humos que generan en su producción, sobre todo cuando queman de noche o incluso a pleno día, pues los humos así generados inundan los hogares y afectan la salud de las personas, miles de ellas asentadas en colonias como Solidaridad, López Mateos, Bugambilias, entre otras, un asunto que a nadie le llama la atención cuando es un tema de salud pública. Unos y otros, contribuyen en algo que debe ser considerado como riesgo, tanto para la ciudad como para sus habitantes.
           


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