miércoles, 22 de septiembre de 2021

Reformular la historia de México


 

Víctor Hugo Prado

 

 



Los últimos tres años, el gobierno en turno, ha mostrado un fehaciente intento de reformular la historia de México, o de lo que antes era Mesoamérica, con todos sus pueblos que por supuesto no solo eran Aztecas. O se hace para reivindicar de manera legítima a nuestros antepasados renegando de la dominación provocada por la conquista española, o se hace como uno más de los muchos recursos distractores para no entrar a fondo en la discusión de lo que realmente es importante para el país y no funciona, como la economía, la falta de inversión, la escasa generación de empleos; la delincuencia desbordada que mantienen el control en regiones enteras; igual podemos señalar problemas francamente graves como el mal manejo de la pandemia, el desabasto de medicamentos y la derrama de recursos en obras faraónicas de dudoso impacto social.  


Renombrar calles eliminando a personajes españoles, quitar la estatua de Colón, de quien suponen fue el principio de una afrenta contra las pasadas culturas prehispánicas, demandar disculpas a las autoridades de España por hechos ocurridos hace 500 años, borrar de la historia a Agustín de Iturbide artífice de la Independencia, por su origen realista, se han convertido en actos normales y formales de este gobierno. ¿Qué se pretende? ¿acaso recuperar el pasado? ¿O con el pasado borrar el mal presente que vivimos los mexicanos?





Si se pretende recuperar el pasado Azteca, renegando de lo español, habrá que recordar que México con todo y conquista o fusión de pueblos, trajo consigo un nuevo país, una nueva sociedad, una identidad producto de varias culturas, no solo prehispánica y española, también la árabe por su presencia musulmana en Iberia y la africana de dónde llegaron los esclavos, por mencionar algunas. De esas fusiones nació lo que llamamos México, la tierra de grandes mujeres y hombres y de extraordinaria riqueza cultural.   La tierra de apellidos tan castellanos como Hernández, Pérez o López, con nombres como José, Juan o Francisco, aunque en los últimos años compitan los anglosajones como Kimberly, Maybelline y sin faltar Kevin.


Los que se dan de golpes de pecho por la defensa de la cultura prehispánica a ultranza y combatiendo los fantasmas de los barbados españoles, no los veo ni los oigo vistiendo atuendos de nuestros antepasados, ni hablando ninguna lengua indígena de las 68 conocidas, ni danzando al rey de la lluvia, y tampoco se ven con la voluntad de gobernar desde el Templo Mayor y menos cohabitarlo. ¿Para qué?, si al lado se encuentra la comodidad, el lujo y esplendor del Palacio Nacional, que por cierto como anécdota, es la sede del Poder Ejecutivo Federal y su construcción inició en 1522, como segunda residencia privada de Hernán Cortés, y por su esplendor arquitectónico es considerado como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

 

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