jueves, 15 de enero de 2026

Juan Rulfo y Guadalajara

 


Pedro Valderrama Villanueva



Uno de los temas que, desde hace más de medio siglo, ha fascinado a los críticos literarios de México, ha sido Juan Rulfo y su breve —pero sustanciosa— obra literaria que consistió en tres libros: El llano en llamas (1953), Pedro Páramo (1955) y El gallo de oro (1980). Desde la aparición de los primeros dos volúmenes, no se hicieron esperar las reseñas y, poco después, las traducciones a diversos idiomas y los trabajos especializados por parte de académicos de nuestro país y otros.



De la misma manera, en Guadalajara, este entusiasmo hacia la obra del jalisciense también se dio a partir de sus primeros dos libros con la publicación de reseñas en revistas locales. Recordemos que Juan Rulfo, durante la década de 1940, participó en la escena literaria de esta ciudad a través de la revista Pan (1945-1946), que organizó al lado de sus compañeros Juan José Arreola y Antonio Alatorre, donde publicó un par de cuentos: “Nos han dado la tierra” y “Macario”.

En cuanto aparecieron sus primeros libros fueron publicados un par de reseñas localmente. Arturo Rivas Sainz, uno de los principales intelectuales de Guadalajara en esa época, escribió “El llano en llamas”, que dio a conocer en Summa (número 4, septiembre de 1954, pp. 275-276), y, un año después, Alfonso Toral Moreno, otro crítico literario de la ciudad, publicó “Pedro Páramo, por Juan Rulfo” en Et Caetera (núms. 17-18, octubre de 1955, Tomo V, primera época, pp.111-112).

Sin embargo, no es hasta los años ochenta cuando otros estudiosos, localmente, asimismo, se interesaron por adentrarse en el tema del autor originario del sur de Jalisco. El primero en volver la mirada sobre nuestro narrador fue Ramiro Villaseñor y Villaseñor, connotado bibliógrafo tapatío, autor de Juan Rulfo. Bibliografía (1986). Por otro lado, el historiador sayulense Federico Munguía Cárdenas escribió Antecedentes y datos biográficos de Juan Rulfo (1987), que ha gozado de numerosas reimpresiones. Una de las más recientes, la cuarta edición que data de 2007 incluye algunos nuevos hallazgos sobre la vida del autor de Pedro Páramo. Sobre este valioso libro, Alberto Vital, especialista en la obra del narrador, escribe: “Federico Munguía Cárdenas ha hecho una investigación que hoy permite rastrear algunas vidas y trayectorias que desembocarías en Juan Rulfo”.




Wolfgang Vogt, por su parte, es autor de Juan Rulfo y el Sur de Jalisco (1992) —libro que ha gozado de varias reediciones y una traducción al inglés—, donde se adentra en el tema de los posibles escritores, tanto de Jalisco —Mariano Azuela y Agustín Yáñez— como de otras latitudes —Knut Hamsun y Charles Fernand Ramuz, entre otros—, que influyeron en su escritura. Otros reconocidos estudiosos locales de la obra de Rulfo son Ernesto Flores, Dante Medina, Juan José Doñán, Yolanda Zamora y, en los últimos años, Kenia Cornejo Márquez, quien se ha revelado también como una especialista en el tema.

Recientemente se dio a conocer el libro colectivo Guadalajara: territorio literario (2025), coordinado por Laura Hernández, un grueso volumen que ofrece un abanico amplio de asuntos diversos pertinentes a la Perla Tapatía. Incluye numerosos autores que participan con textos sobre temas como la arquitectura, los barrios, la historia, la pintura, la FIL y, desde luego, la literatura de la capital jalisciense. En este capítulo participan voces autorizadas del medio local como Sara Velasco, Jorge Souza, Carmen Villoro y Silvia Quezada.





En el ensayo “Juan Rulfo en Guadalajara”, Silvia Quezada, connotada estudiosa de las letras de Jalisco, aborda uno de los aspectos de la vida de Juan Rulfo que, hasta ahora, extrañamente, poco se ha tocado. Anteriormente, algunas biografías dedicadas al autor —como las de Reina Roffé, Nuria Amat, Juan Ascencio, Roberto García Bonilla y Alberti Vital— señalan algunos detalles sobre sus años en Guadalajara, pero, sobre todo, se centran en su vida en la capital mexicana.

Por esta razón, el ensayo que la estudiosa nos ofrece en Guadalajara: territorio literario, escrito a manera de ruta literaria que reconstruye los pasos de Rulfo por la capital jalisciense, es una valiosa aportación que interesará a rulfistas y curiosos en torno a la vida del narrador. A propósito, tuve el privilegio de platicar con Silvia, en 2024, en el café Madoka, durante las últimas etapas de la escritura de su texto. La especialista me compartió de manera efusiva interesantes detalles de su pesquisa para reconstruir varios momentos de la vida del autor de El llano en llamas en Guadalajara —desde la infancia hasta su ocaso. Quezada realizó su escrito a partir de la búsqueda de los diferentes domicilios donde vivió —fincas que, en algunos casos, han sufrido fuertes modificaciones— y las numerosas fuentes donde se informó para redactar su documento. Uno de los materiales que la investigadora consultó fue el libro Cartas a Clara (2021), donde descubrió interesantes revelaciones en algunas de las epístolas que Rulfo le envió a su esposa Clara Aparicio a finales de la década de 1940 y a inicios de la siguiente.





Encontrar, en la actualidad, una escritora tan apasionada por su ciudad como Silvia Quezada es difícil. Su interés por rescatar escritores del pasado de Guadalajara —como Rebeca Uribe, María Luis Hidalgo y Beatelia— es un ejemplo para generaciones recientes de investigadores y aquellos que vienen y que día con día se están formando en las aulas de las diferentes preparatorias y a nivel licenciatura en la capital jalisciense. A partir de la publicación de “Juan Rulfo en Guadalajara”, nuevos detalles sobre la vida del gabrielense en Guadalajara, seguramente, en un futuro no muy lejano, seguirán saliendo a la luz.


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