Pedro
Valderrama Villanueva
Uno
de los temas que, desde hace más de medio siglo, ha fascinado a los
críticos literarios de México, ha sido Juan Rulfo y su breve —pero
sustanciosa— obra literaria que consistió en tres libros: El
llano en llamas
(1953), Pedro
Páramo
(1955) y El
gallo de oro
(1980). Desde la aparición de los primeros dos volúmenes, no se
hicieron esperar las reseñas y, poco después, las traducciones a
diversos idiomas y los trabajos especializados por parte de
académicos de nuestro país y otros.
De la misma manera, en
Guadalajara, este entusiasmo hacia la obra del jalisciense también
se dio a partir de sus primeros dos libros con la publicación de
reseñas en revistas locales. Recordemos que Juan Rulfo, durante la
década de 1940, participó en la escena literaria de esta ciudad a
través de la revista Pan
(1945-1946), que organizó al lado de sus compañeros Juan José
Arreola y Antonio Alatorre, donde publicó un par de cuentos: “Nos
han dado la tierra” y “Macario”.
En cuanto aparecieron
sus primeros libros fueron publicados un par de reseñas localmente.
Arturo Rivas Sainz, uno de los principales intelectuales de
Guadalajara en esa época, escribió “El
llano en llamas”,
que dio a conocer en Summa
(número 4, septiembre de 1954, pp. 275-276), y, un año después,
Alfonso Toral Moreno, otro crítico literario de la ciudad, publicó
“Pedro
Páramo,
por Juan Rulfo” en Et
Caetera
(núms. 17-18, octubre de 1955, Tomo V, primera época, pp.111-112).
Sin embargo, no es hasta los años ochenta cuando otros
estudiosos, localmente, asimismo, se interesaron por adentrarse en el
tema del autor originario del sur de Jalisco. El primero en volver la
mirada sobre nuestro narrador fue Ramiro Villaseñor y Villaseñor,
connotado bibliógrafo tapatío, autor de Juan
Rulfo. Bibliografía
(1986). Por otro lado, el historiador sayulense Federico Munguía
Cárdenas escribió Antecedentes
y datos biográficos de Juan Rulfo
(1987), que ha gozado de numerosas reimpresiones. Una de las más
recientes, la cuarta edición que data de 2007 incluye algunos nuevos
hallazgos sobre la vida del autor de Pedro
Páramo.
Sobre este valioso libro, Alberto Vital, especialista en la obra del
narrador, escribe: “Federico Munguía Cárdenas ha hecho una
investigación que hoy permite rastrear algunas vidas y trayectorias
que desembocarías en Juan Rulfo”.
Wolfgang Vogt, por su
parte, es autor de Juan
Rulfo y el Sur de Jalisco
(1992) —libro que ha gozado de varias reediciones y una traducción
al inglés—, donde se adentra en el tema de los posibles
escritores, tanto de Jalisco —Mariano Azuela y Agustín Yáñez—
como de otras latitudes —Knut Hamsun y Charles Fernand Ramuz, entre
otros—, que influyeron en su escritura. Otros reconocidos
estudiosos locales de la obra de Rulfo son Ernesto Flores, Dante
Medina, Juan José Doñán, Yolanda Zamora y, en los últimos años,
Kenia Cornejo Márquez, quien se ha revelado también como una
especialista en el tema.
Recientemente se dio a conocer el
libro colectivo Guadalajara:
territorio literario
(2025), coordinado por Laura Hernández, un grueso volumen que ofrece
un abanico amplio de asuntos diversos pertinentes a la Perla Tapatía.
Incluye numerosos autores que participan con textos sobre temas como
la arquitectura, los barrios, la historia, la pintura, la FIL y,
desde luego, la literatura de la capital jalisciense. En este
capítulo participan voces autorizadas del medio local como Sara
Velasco, Jorge Souza, Carmen Villoro y Silvia Quezada.
En
el ensayo “Juan Rulfo en Guadalajara”, Silvia Quezada, connotada
estudiosa de las letras de Jalisco, aborda uno de los aspectos de la
vida de Juan Rulfo que, hasta ahora, extrañamente, poco se ha
tocado. Anteriormente, algunas biografías dedicadas al autor —como
las de Reina Roffé, Nuria Amat, Juan Ascencio, Roberto García
Bonilla y Alberti Vital— señalan algunos detalles sobre sus años
en Guadalajara, pero, sobre todo, se centran en su vida en la capital
mexicana.
Por
esta razón, el ensayo que la estudiosa nos ofrece en Guadalajara:
territorio literario,
escrito a manera de ruta literaria que reconstruye los pasos de Rulfo
por la capital jalisciense, es una valiosa aportación que interesará
a rulfistas y curiosos en torno a la vida del narrador. A propósito,
tuve el privilegio de platicar con Silvia, en 2024, en el café
Madoka, durante las últimas etapas de la escritura de su texto. La
especialista me compartió de manera efusiva interesantes detalles de
su pesquisa para reconstruir varios momentos de la vida del autor de
El
llano en llamas
en Guadalajara —desde la infancia hasta su ocaso. Quezada realizó
su escrito a partir de la búsqueda de los diferentes domicilios
donde vivió —fincas que, en algunos casos, han sufrido fuertes
modificaciones— y las numerosas fuentes donde se informó para
redactar su documento. Uno de los materiales que la investigadora
consultó fue el libro Cartas
a Clara
(2021), donde descubrió interesantes revelaciones en algunas de las
epístolas que Rulfo le envió a su esposa Clara Aparicio a finales
de la década de 1940 y a inicios de la siguiente.
Encontrar,
en la actualidad, una escritora tan apasionada por su ciudad como
Silvia Quezada es difícil. Su interés por rescatar escritores del
pasado de Guadalajara —como Rebeca Uribe, María Luis Hidalgo y
Beatelia— es un ejemplo para generaciones recientes de
investigadores y aquellos que vienen y que día con día se están
formando en las aulas de las diferentes preparatorias y a nivel
licenciatura en la capital jalisciense. A partir de la publicación
de “Juan Rulfo en Guadalajara”, nuevos detalles sobre la vida del
gabrielense en Guadalajara, seguramente, en un futuro no muy lejano,
seguirán saliendo a la luz.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario