jueves, 22 de enero de 2026

Juan Rulfo en la colección Hojas Literarias

 



Pedro Valderrama Villanueva


La edición de libros por parte del Gobierno del Estado de Jalisco es una labor que, prácticamente, inició en la década de 1970 a través de la fundación del DBA —Departamento de Bellas Artes. Ernesto Flores estuvo al frente del área de publicaciones de dicha dependencia donde editó importantes colecciones. Posteriormente, vendría, durante el siguiente decenio, la destacada labor de Francisco Ayón Zester, quien también fue responsable de publicar cuantiosas colecciones de libros de literatura y de historia en la Unidad Editorial del Estado de Jalisco. En la década de 1990, Juan José Doñán, durante un corto periodo, de 1992 a 1995, encabezó la Dirección de Publicaciones de la Secretaría de Cultura, que alcanzó nuevas alturas debido a la cuidadosa selección de títulos y la calidad de los materiales editados.




Tras la destitución de Juan José Doñán de dicho cargo, Artemio González García fue invitado a ocuparlo. La gestión del poeta de origen arandense estuvo marcada —durante y aun después de su periodo— por severas críticas provenientes de un sector de la comunidad literaria de Guadalajara, centradas en la calidad de los materiales empleados, los tirajes, así como en los discutibles criterios de selección de los títulos publicados, entre otros aspectos. Dentro de su labor editorial, la colección
Hojas Literarias fue quizá la más cuestionada por los motivos antes señalados. No obstante, pese a los reparos dirigidos a su responsable, Hojas Literarias —cuadernillos de formato delgado y cubierta de cartoncillo negro—, vistas en perspectiva y a 30 de su aparición, se revela como una de las colecciones más benéficas para las letras de Jalisco.





Esta colección publicó, a lo largo de casi cinco años, alrededor de un centenar de títulos. Estuvo dividida en ocho series: poesía, cuento, novela, drama, ensayo, memoria, periodismo y homenajes. Entre los escritores oriundos del sur de Jalisco que fueron publicados en alguna de estas encontramos: Antología Poética (1995), de Roberto Espinoza Guzmán; Cantar (1995), de Víctor Manuel Pazarín; El barro vivo (1995), de Félix Torres Milanés; Antiguas primicias (1996), de Juan José Arreola; Taller Literario La Peñas (1996); Brevesencias (1997), de Julio César Aguilar; Diálogos (1997), de Salvador Encarnación; José Luis Martínez. El ensayo y lo mexicano (1998); Don Tiburcio, el tiburón (2000), de Hugo Salcedo.

Dentro de la serie Homenajes, además de incluir volúmenes dedicados a Fray Antonio Tello, Agustín Yáñez y Pedro Garfías, asimismo, se publicó Juan Rulfo. Homenaje (1997), un delgado cuadernillo de apenas 50 páginas publicado para conmemorar los 10 años de la desaparición del autor de Pedro Páramos (1955): “En la historia de la literatura mexicana ¿o universal?, el fenómeno Juan Rulfo tal vez sea un caso único. Nadie como él ha alcanzado tanta celebridad por tan reducido número de páginas editadas, ya que […] apenas sobrepasan las 250.”





La bibliografía destinada al escritor nacido en Sayula y criado en San Gabriel, producida desde Jalisco, a partir de la segunda mitad de la década de 1980 tal vez no es cuantiosa; sin embargo, resulta valiosa para profesionales y entusiastas en la materia los diferentes libros que se dieron a conocer a partir de dicho momento. Tal vez se debió a los reconocimientos que el escritor obtuvo a nivel nacional e internacional a partir de dicha década como fue su ingreso a la Academia Mexicana de la Lengua, en 1980, y el Premio Príncipe de Asturias, en 1983. Lo cierto es que fue objeto de atenciones que anteriormente, al menos en apariencia, se le habían escatimado en su estado natal.

El delgado cuadernillo Juan Rulfo. Homenaje reúne tres conferencias dictadas por los reconocidos académicos Carlos Fregoso Gennis, Fernando Carlos Vevia Romero y Arturo Azuela. La introducción del volumen, aunque no se señala, fue escrita por Artemio González García. El historiador Fregoso Gennis en su escrito “La influencia histórica en la narrativa de Rulfo” nos aproxima al trabajo del narrador “cuestionando la dicotomía historia-literaria, llegando al corolario de que el escritor pone en tela de juicio a la primera para estructurar y dar dimensión cenital a la otra”. Mientras Vevia Romero en “Juan Rulfo: Escultor del lenguaje”: “hace una disección plástica al contexto y hurga en los extractos elípticos del lenguaje para desvelar la palabra esculpida a la precisión y perfección artística del famoso laconismo rulfiano”. Por último, el narrador Arturo Azuela en “Juan Rulfo: Muerte y resurrección”: “incursiona en el proceso creativo de Rulfo y especula desde el embrión del Pedro Páramo rondando por la imaginación del escritor, a la vez que hace una intromisión psíquica para sondear el laconismo verbal, esta vez en la vida privada del autor”.




De esta manera, en Juan Rulfo. Homenaje se advierten nuevas aproximaciones a la obra del autor a partir de la mirada de estos tres estudiosos. El cuadernillo se integra a la tradición inaugurada algunos años antes por el volumen Homenaje a Juan Rulfo (1989), coordinado por Dante Medina y publicado por la Universidad de Guadalajara. Posteriormente, desde Jalisco se difundieron diversos estudios en torno a la obra del autor de El llano en llamas; no obstante, desde entonces no se han producido nuevos libros-homenaje dedicados de manera específica a su figura y legado.

Así, la colección Hojas Literarias, más allá de las polémicas que la envolvieron durante largo tiempo por los motivos aquí expuestos, publicó también títulos de notable relevancia —como Juan Rulfo. Homenaje— que contribuyeron de manera significativa al conocimiento de nuestras letras, logro que se debió en gran medida al buen tino de Artemio González García al frente de dicha dependencia.



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