domingo, 22 de septiembre de 2019

Dos Víctor Manuel Pazarín: estudioso de las letras de Jalisco








Pedro Valderrama Villanueva*

Yo escribo ensayos para pagar una deuda
—Víctor Manuel Pazarín

 


Uno de los géneros que más escasea en el medio literario de Jalisco es el ensayo. El gusto por el estudio y difusión de nuestros autores es una actividad reservada curiosamente para pocos. De ninguna manera pensemos que se deba a que las musas de la crítica o los dioses del olimpo solamente iluminan a unos cuantos dichosos y cuyos destinos, asimismo, están encaminados a grabar su nombre en letras de oro en las páginas de la historia de la literatura regional debido a la escasez de estudiosos que circulan. Temo que de ninguna manera es así. El estudioso de las letras está, por lo general, en resguardo en algún cubículo universitario y cuyos frutos se publican en revistas académicas muchas veces ininteligibles y libros engorrosos y soporíferos y, por si fuera poco, de nula circulación; muchas veces éstos son producidos sólo para cumplir con las exigencias y los estímulos monetarios que ofrece su universidad y la infinita lista de requisitos que solicita el Conacyt. Libros, pues, que difícilmente le pueda llamar la atención a un lector curioso e interesado en algún autor o tema literario. Estos productos académicos desgraciadamente, muchas veces, vacunan a los poquísimos lectores a no interesarse por la fascinante actividad que es la investigación literaria.

Considero ocioso en este espacio nombrar a nuestros estudiosos de cubículo que destacan en el medio universitario regional, pues, como ya mencioné, sus productos están destinados a poquísimos lectores, a una audiencia de minorías, a la clase elite de las letras. Más bien quiero referirme a los estudiosos que escriben, sin comprometer la calidad de sus textos desde luego, tanto para el lector especializado como para el curioso, el aficionado. Aquel estudioso que se adentra al tema, en ocasiones, con más entusiasmo que con certeza teórica, con la intención de difundir o rescatar del olvido a un escritor del pasado. En este apartado cabe destacar el trabajo de estudiosos destacados como Juan B. Iguíniz, Ramiro Villaseñor, Adalberto Navarro Sánchez, Ernesto Flores, Sara Velasco, Luis Alberto Navarro y los investigadores universitarios Silvia Quezada y Wolfgang Vogt. A esta breve y selecta lista ahora se suma: Víctor Manuel Pazarín (Zapotlán el Grande, 1963), quien, a través de su volumen de ensayos, La vuelta a la aldea (Keli Ediciones, 2018), aborda un abanico amplio de escritores mexicanos de los siglos XIX y XX, como Juan José Arreola, Guillermo Jiménez y Juan Rulfo, por ejemplo. Pazarín no es de ninguna manera un debutante dentro de este campo, pues, además de ser un destacado narrador y poeta, es autor de Retrato a cuatro voces. Arreola y los talleres literarios (1994) y Arreola, un taller continuo (1995), donde nos muestra sus dotes de investigador y del difícil oficio de llevar a cabo la entrevista de fondo. Ya desde 1987 Víctor Manuel Pazarín incursionó en el periodismo cultural; el autor nos revela al respecto: “Mi gran taller de cuento y periodismo fue El Financiero. En poesía, el [taller] de Ricardo Yánez, a quien considero mi maestro”. Estamos, pues, ante una obra crítica titánica, son más de treinta años dentro de este campo. De hecho, Una vuelta a la aldea es apenas el primero de seis volúmenes que nuestro autor tiene en preparación. Es decir: si concreta este ambicioso proyecto, estaremos ante una de las obras críticas más extensas en Jalisco.




La vuelta a la aldea contiene catorce textos escritos con una diversidad amplia de estilos y donde las fronteras entre los géneros de repente se borran, de éstos siete fueron publicados en el suplemento o2 Cultural, entre 2011 y 2013; “El infinito Arreola” y “La muerte como recurrencia”, fueron anteriormente publicados en la revista capitalina Tierra Adentro, en 1998 y 2000, respectivamente; “Rosas Moreno retorna a la aldea”, en su blog Barcos de papel, en 2010, y “Una prosa edificante” en el diario zapotlense El Volcán, en 2016. Tres ensayos más: “Entre paisaje y la política”, “Un poeta de provincias” y “Nervo y sus circunstancias”, enfocados en los poetas Manuel José Othón, Enrique González Martínez y Amado Nervo, respectivamente, fueron escritos para el libro Historia crítica de la poesía mexicana (2015), coordinado por Rogelio Guedea.

La vuelta a la aldea es asimismo una mirada íntima y nostálgica al terruño del autor, es un recuerdo prolongado que inicia desde su niñez hasta sus años formativos como escritor y posteriores, y sobre aquellos autores que han forjado la cultura del sur de Jalisco y específicamente Ciudad Guzmán. Pocos saben que Pazarín, en algún momento, a temprana edad, flirteó con la idea de volverse pintor, los dibujos al carbón del muralista José Clemente Orozco que alguna vez admiró Víctor Manuel en su pueblo natal le dejaron una honda huella en su espíritu. Tal vez nuestro autor, con el paso del tiempo, no se volvió paisajista, los años le orientaron hacia otra disciplina: la escritura en sus más variadas formas; no obstante: sus ensayos, y cualquier lector que ha seguido su trayectoria lo puede constatar, son amplios lienzos que encarnan los paisajes más ricos de su patria chica: Arreola, Rulfo, Jiménez son algunos de los protagonistas de los ensayos de nuestro escritor. Sus trazos como escritor, al igual que Orozco, son enérgicos y generosos al mismo tiempo. Sus composiciones también son representativas del espíritu jalisciense. 

Son numerosos los aciertos contenidos en La vuelta a la aldea, Pazarín nos muestra en este puñado de textos que es una voz crítica de las letras de su patria chica y principalmente de su aldea: el sur de Jalisco. Con meticuloso conocimiento y un estilo que fluye con amenidad entre una página y otra, nuestro autor se consolida, con este título, como uno de nuestros ensayistas más sólidos, ambiciosos y legibles.


* PEDRO VALDERRAMA VILLANUEVA
Es miembro del Seminario de Cultura Mexicana. Editor de la revista DADA. Su libro más reciente es Disidencia. Las publicaciones periódicas marginales de Guadalajara (1970-1990) y la poesía disidente que aparecerá bajo el sello de Ediciones Arlequín este año.


* ABRAHAM ARÉCHIGA
Es fotoperiodista independiente y reportero gráfico en La gaceta de la Universidad de Guadalajara.


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