sábado, 17 de octubre de 2020

Sonora

 




Cine sin Memoria

 


 

José Luis Vivar

 

En la madrugada del 15 de mayo de 1911, arribaron a Torreón 2 mil soldados encabezados por el general Benjamín Argumedo. Son tropas leales a Francisco I Madero, y su presencia provoca la huida de los soldados federales. Al saber que la plaza está desprotegida, los militares se dedican a hacer toda clase de desmanes, provocando el terror de los ciudadanos. Sin embargo, su objetivo es claro: atacar a la población china. Hombres, mujeres, ancianos y niños son atacados con saña, y a decir de las crónicas de esos tiempos, para las 3 de la tarde el saldo es de 303 muertos, de un total de 600 que formaban el total de esa población asiática.

 

            Al ser cuestionado por las autoridades militares, y el mismo Madero, las razones de esa masacre, Argumedo señaló que los chinos eran leales a las fuerzas porfiristas, lo cual es falso. Ellos eran gente pacífica que no se metía en asuntos políticos. Este hecho vergonzoso no pasó inadvertido por el gobierno de China y el México debió pagar una fuerte cantidad como indemnización.

 

           

Años más tarde, en 1931, los Estados Unidos atravesaba los peores días de la Depresión, por esa razón miles de mexicanos fueron deportados y el país de las barras y las estrellas cerró la frontera Sur. El éxodo de connacionales se extendió por los estados fronterizos, algunos con la intención de volver a sus lugares de orígenes y otros que decidieron quedarse en algunas de las poblaciones norteñas, e iniciar una vida.

 

            Ese mismo año en Sonora se toma la decisión de expulsar a la población china, quienes se dedicaban, entre otras actividades, al comercio, a labores del campo, o como propietarios de lavanderías. Aun así, no los quieren. Luego de varios años de estarlos acosando, de hacerles la vida imposible, al grado de emitir una serie de restricciones abiertamente racistas: se les prohibía vender comestibles, la entrada a restaurantes y museos; y la más cruel de todas, la prohibición de casarse con hombres o mujeres mexicanas.

 




            Estas crueles medidas orillaron a que muchos ciudadanos orientales huyeran al estado vecino de Baja California, concretamente a Mexicali, donde las condiciones xenofóbicas no eran tan marcadas como el mencionado estado, donde a diario las cosas se ponían peor. Esta vez no se les acusa de apoyar a Porfirio Díaz, sino de ser portadores de enfermedades como la Sífilis y la Lepra.

 

En este ambiente de tensión, es como se desarrolla Sonora (Alejandro Springall, 2018), una de esas películas mexicanas bien realizadas y cuyo estreno sucedió hace apenas un par de años, pero que pasó desapercibida en la cartelera por falta de una adecuada promoción. Afortunadamente llega a las plataformas digitales para que un público más numeroso pueda verla.  

 

Basada en la novela La Ruta de los Caídos, de Guillermo Munro Palacio, cuenta la historia de un grupo de numerosas personas -entre ellas una familia integrada por una mujer mexicana, un chino y su pequeña hija-, quienes por diversas razones desean llegar a Baja California.

 

Como en esa época las rutas de camiones apenas si existía, una pareja formada por Aarón y Alma se ofrece a llevarlos en su auto, aunque les advierten que atravesarán el desierto, el cual es sumamente peligroso.  En la víspera del viaje Aarón (Flavio Medina) enferma y debe ser operado del apéndice, quedando la responsabilidad en Alma (Giovanna Zacarías) quien apoyándose en Emeterio (Joaquín Cosío), un indio yaqui que será su guía en el desierto.

 

Pero lo que parece un recorrido tranquilo se convertirá en una batalla constante entre los pasajeros. Desde un xenófobo, un militar con ideas anquilosadas en el pasado, así como una mujer misteriosa. Asimismo, en el camino se hallarán con otros personajes que ven en ese automóvil una oportunidad para escapar del desierto y de su pasado.

 




Sonora es una road movie con una estructura narrativa bien lograda. Resalta ante todo por las vicisitudes que deben enfrentar en ese largo recorrido que parece nunca terminar. A esto se agrega los demonios del alcoholismo que atacan a Emeterio, y pone en riesgo a los viajeros.

 

También por el conflicto emotivo entre un mexicano representado por Sánchez (Juan Manuel Bernal), que sigue la tradición del odio hacia el joven chino Le Wong (Jason Tobin Los preceptos racistas que menciona parecen arrancados de las páginas de un ejemplar de Mi Lucha, de Adolfo Hitler.

 

Sonora es una alegoría a los acontecimientos de una época oscura, que nos guste o no, es un capítulo que forma parte de nuestra historia, pero del que nadie puede sentirse orgulloso.

 

 


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