jueves, 11 de febrero de 2021

Cultura y educación no son sinónimos



 Mercedes Imelda Avalos Ruiz*

 

 

Podemos partir del concepto de cultura, la cual es definida según Marvin Harris (1927-2001)


como: “el conjunto aprendido de tradiciones y estilos de vida, socialmente adquiridos de los miembros de una sociedad, incluyendo sus modos pautados y repetitivos de pensar, sentir y actuar (es decir, su conducta).



Y la contraparte de esta redacción viene siendo la palabra educación, a la cual hacemos referencia a la opinión de Piaget: “Es forjar individuos, capaces de una autonomía intelectual y moral y que respeten esa autonomía del prójimo, en virtud precisamente de la regla de la reciprocidad.” (Publicado en “Educación”, 2016)


Y ahora; haciendo una reflexión tomando en cuenta ambos conceptos y lo que acontece en la vida cotidiana, tomando opiniones de aquí y de allá, de la vida cotidiana, nos podemos percatar que algunas personas se quejan de otras por su manera de actuar, cuando esto sólo es resultado de la influencia contextual en la que se desenvuelve el individuo, es el resultado de lo que se va aprendiendo desde el primer núcleo social en que se vive, que viene siendo la familia. Cuando el personaje amplía los espacios de convivencia, va reconociendo otras ideas, vive más experiencias con las que combina una y otra influencia y forjar su particular manera de actuar ante la sociedad en la que se desenvuelve.





La cultura no es exigente, permite al individuo conducirse con base a las convicciones que el medio le ofrece, pudiendo conformarse con ello, considerándolo una “verdad absoluta”, la que es difícil cambiar si la persona no tiene interés en ello, si acepta la comodidad de lo que conoce y limita la apertura hacia nuevos paradigmas.


En cambio, la educación, como lo señala la aportación de Piaget y muchos autores más, invita, ofrece la oportunidad y hasta exige a quien se acerca a ella, la búsqueda de la superación, adquirir más conocimientos que le ayuden a convertirse en una persona más plena, aprovechando sus capacidades y habilidades y saliendo del conformismo. Se requiere reconocer un paradigma sobre algún aspecto, el cual, con el paso del tiempo debe de evolucionar, aceptar y procurar la aprobación de la evolución del mismo individuo, la ciencia, tecnología, mejoras investigativas que favorecen su desarrollo personal inconcluso de manera permanente.


La educación favorece en el individuo la búsqueda de una mejora constante en cualquier aspecto, debe de encaminarnos a una mejor realidad de la que cada quien se encuentra, en cambio, la cultura hace énfasis en las tradiciones, costumbres y estilos de vida, como se menciona con anterioridad, pero éstas en su mayoría deben de respetarse tal y como están, por tener un valor muy estimado por las personas de generaciones más ancestrales, porque dan sentido a los orígenes de nuestra vida y hasta en cierto punto, las encontramos como parte de la educación misma que encierra la historia, definida por la geografía o la formación cívica, ética y social en general. Pero, cuando estas costumbres limitan el avance y progreso de las personas y de una sociedad en general, es cuando ya no son convenientes y parece que nada tiene que ver con la educación.





Como ejemplo complementario se me ocurre hacer alusión a los casos en que una cultura específica tiene como tradición que las mujeres no estudien, no se superen y sean consideradas objetos de compra venta; nos podemos dar cuenta como obstruye el progreso de un grupo de la sociedad y muchas de ellas aprenden a conformarse, a aceptar que así está bien y no hay visión para el cambio. Pero, cuando la educación aparece en estos ámbitos, surge la rebelión, el interés del cambio, de los que se conocen muchos casos y se convierte en una inquietud la búsqueda del cambio y se vuelve necesidad.


En muchos casos en que la conjugación de cultura y educación se han podido combinar acertadamente, han sido frutíferos los aciertos y favorecen el progreso de la persona, la integración a su sociedad sin desdeñar su cultura. Pero, cuando no hay visión ni conocimiento de nada más que el limitado espacio que se conoce, parece que la educación no tiene cabida y es difícil que se relacionen de una manera positiva.


Suele suceder que haya de trasfondo muchos aspectos en juego; como los medios de comunicación, que, a pesar de toda la apertura actual, en muchos lugares no se accede a ellos por cuestiones económicas, políticas, sociales y hasta religiosas. El acceso a la educación formal, ya que la cobertura de la misma, en zonas muy alejadas sigue sin fungir como debiera y en muchos aspectos predomina la ignorancia y el conformismo.


Por eso, cuando alguien se comporta mal, demostrando que se rige con determinados valores, suele ser que sea por el efecto cultural y cuando irrumpe o participa en ello la educación, no siempre son los mejores, ya que se recibe la influencia del personaje que funge como instructor educativo y en recurrentes ocasiones, los hábitos y valores compartidos o que se pretende enseñar al educando, se oponen a lo que su cultura de origen le ha enseñado y debe de actuarse con respeto y sutileza.


Por todo ello, podemos reafirmar que a pesar del estrecho vínculo, la educación y la cultura no son sinónimos.

 

*Asesora en el Centro de Actualización del Magisterio de Ciudad Guzmán.

 

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