jueves, 12 de marzo de 2020

Las marchas y el paro de mujeres, lección ejemplar





Víctor Hugo Prado


Que apreciación tan limitada, poco empática e incluso ofensiva sigue manteniendo el presidente sobre las manifestaciones que se dieron a lo largo y ancho del país el pasado 8 de marzo, día en que se celebró el día internacional de la mujer, y en el paro de ayer al que diversas organizaciones se sumaron con el lema el nueve nadie se mueve.

Mujeres de izquierda, derecha o centro; trabajadoras de empresas grandes, medianas y pequeñas; mujeres que laboran en ámbitos gubernamentales de los niveles federal, estatal y municipal; mujeres de diversas profesiones, estudiantes y amas de casa; mujeres con todo tipo de parentesco, abuelitas, mamás, hijas, hermanas, primas o sobrinas, se dieron cita el domingo en sendas marchas, en muchas ciudades del país para expresar su descontento con el clima de inseguridad al que son sometidas todos los días.




Muchas más, este lunes bajaron los brazos y pararon labores, para refrendar la protesta por las condiciones de inseguridad en el que se mueven, porque no son adecuadas, ni convenientes, mejor dicho, inaceptables. Inaceptables mientras siga existiendo el acoso, el hostigamiento, la falta de respeto, en el mejor de los casos.  O la violencia verbal, económica, física, psicológica, sexual, laboral, simbólica, incluso la muerte en el más grave de los casos.     

Las grandes marchas de las mujeres del domingo son las más relevantes en la historia de este país, al que se suma el paro nacional, logrando lo que se pretendía, hacer visible a la mujer y los problemas con lo que tienen que acarrear todos los días, en sus múltiples historias. De manera valiente las que se sumaron a una marcha o al paro nos enseñan a unos y nos recuerdan a otros, que para transformar una realidad social y política hay que expresarse, hay que organizarse, hay que protestar para poner en el centro los asuntos fundamentales como el de la inseguridad y la violencia del que son objeto las mujeres de todas las edades y estratos sociales.




Nadie puede poner en duda que la marcha fue contra la violencia de género. Esa demanda siempre estuvo en el centro de las acciones. Pero en medio de ellas también surgió el resentimiento, la crítica y el reclamo a un presidente, que ha minimizado el problema. Las protestas sobre la violencia no eran estrictamente para él, pero en esa tendencia perversa de politizar la crítica y los disensos, la hizo propia, al sostener que detrás de la protesta están los conservadores que quieren desestabilizar su gobierno, apostándole a su fracaso.   

Esa falta de empatía con las víctimas, contrastante con los besos y abrazos con los que busca tratar a los delincuentes, también fueron poderosas razones para la protesta. Pues que esperaba, si a más de un año de su gobierno no se ven los resultados. Las mujeres están convencidas de que lo que sigue es traducir la inconformidad en leyes, políticas públicas y educación de una sociedad que violenta a sus mujeres, pero sobre todo en resultados en el combate a la inseguridad, la violencia y el hostigamiento que padecen las mujeres.   

 

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