martes, 31 de marzo de 2020

El perfil implícito y real del docente







Mercedes Imelda Avalos Ruiz*


Podemos aseverar con certeza que en el magisterio como en cualquier ámbito laboral y social de nuestro país, a lo largo y ancho de todo el territorio nacional, hemos de encontrarnos con maestros que se han conformado con su educación fundamental para ejercer su profesión.

En el tiempo en que la norma básica no tenía el nivel licenciatura, muchos/as compañeros/as se conformaron con esos estudios, sin procurar más capacitación y mucho menos una nivelación académica o mejoramiento pedagógico.

De seguro que lamentablemente la mayoría hemos de conocer o saber de la existencia de algún educador (en especial los que ejercen en Educación Básica) que se trasladaba a su comunidad de adscripción hasta el lunes e incluso regresar de la misma el jueves; incumpliendo con horarios o en el mejor de los casos, acomodarlos a sus intereses y necesidades. También, como efecto de las precarias situaciones económicas y contextuales, nos podían reconocer por la mochila rota, zapatos sucios y hasta desaliñados. Hay quienes, a pesar de esas adversidades, se adaptan bien a su ámbito y se integra a su comunidad, participando de la siembra, fiestas, problemas familiares y locales y, porque no reconocerlo; hasta dando malos ejemplos.

Pero también hay que aceptar que una capacitación formal no lo es todo, ni la cobertura de un horario, ya que, aunque se contara con excelentes materiales o instalaciones, ello no garantiza la calidad del desempeño; hay que estimar la valentía que muchos docentes deben de tener como una de sus capacidades de adaptación a circunstancias, contextos y poner a prueba sus habilidades, ya que acuden a zonas rurales recónditas, con poca información sobre lo que habrán de enfrentar.

Pasan carencias alimenticias, económicas, de vivienda y con un traslado precario y expuestos a la inseguridad que predomina en la mayoría de los Estados de la República Mexicana y agreguemos a esto que las autoridades inmediatas “brillan por su ausencia”, nadie verifica en las condiciones en que deben de laborar; si las suerte les favorece, son escuelas “bi” o “tri” docentes y no están “tan” solos; los supervisores los visitan una vez durante el ciclo escolar o los centros de trabajo están “a borde” de carretera.

Pareciera que esto sucede en lugares alejados a nuestra realidad, pero no son ni deben de ser tan ajenas dichas situaciones, ya que en su momento, cada uno de esos educadores, retornan a la ciudad, a la “civilización” y lo que hicieron o dejaron de hacer en los lugares donde están sus techos financieros y laborales, se viene con ellos hasta su núcleo familiar e impacta en su día a día; a sea por la economía, los tiempos dedicados al traslado, el asumir costumbres y tradiciones de un contexto aparentemente ajeno al propio o a la inversa, ya que no son pocos los que han de llevarse a algún miembro de la familia a residir con ellos en las comunidades de adscripción, en especial las mujeres que tienen hijos. Situaciones difíciles a superar por la supervivencia personal y el afán de mejora familiar.

¿Qué perfil se requiere para poder cubrir las expectativas de una población aislada en la que como líder fungen el sacerdote, el maestro, y algún representante legal? ¿Qué tan congruente es la preparación académica que recibieron los educadores ante las necesidades de la comunidad en donde se insertarán laboralmente? Además de conocer programas y teorías educativas ¿Qué otras habilidades deben de poseer cada uno de los Interventores Educativos que se encuentran en zonas alejadas e inhóspitas?

Podríamos hacer un listado de características y requisitos que deben de cubrir quienes se aventuran en la docencia y trabajando en las zonas geográficas de nuestro “laberintuoso” país.

Sólo por puntualizar varios de los aspectos ya mencionados y algunos más, podríamos explicitar los siguientes:





Repartir sus ingresos con el pago de casa de asistencia, traslado y la obligada alimentación
Tener una buena alcancía inicial por lo que se puedan tardar los pagos quincenales, en especial, cuando son comunidades en que ni bancos hay para hacer movimientos.

Ser concretos en el vestir, ya que para trasladarse a las “esquinitas de los mapas”, hay que ser ligeros en el equipaje.

Tener condición física para caminar, por si no hay transporte regular a cierta ranchería y/o poblado o en el mejor de los casos, para subirse a camionetas para pedir “aventón”, “al del gas”, “al de la coca” o hasta quien vaya a caballo o burro.
Adaptarse a costumbres y tradiciones ajenas a las propias.

Integrar a la familia a la dinámica laboral y contextual de la comunidad en cuestión.

De ser posible, portar un arma u objeto de protección que ayude ante los riesgos de traslado y hasta dentro de la misma institución educativa.

Hacer “oídos sordos” a amenazas y procurar mantenerse al margen de disputas locales, siempre y cuando no se arriesgue la integridad personal.
Evitar involucrarse en fanatismos religiosos que impacten su labor docente.

Tener un estómago resistente ante la necesidad de una alimentación precaria y con poca higiene.

Cuidar, resguardar y prevenir la salud personal, ante moscos y bichos u otros animales propios de determinados contextos, incluso montañosos, como hienas, lobos, etc.

Ser hábiles en lo administrativo y procesos de gestión, ya que son parte de nuestras funciones y en estos casos más, porque de seguro serán unitarios, bidocentes o tridocentes.

Aprender a adaptarse a la inestabilidad en el uso de las redes, puesto que por la lejanía o condiciones geográficas suele no contarse con servicio de internet.

Aceptar que puede haber comunidades sin drenaje, luz, transporte ni mucho menos planteles educativos.

Podríamos seguir enumerando más aspectos y situaciones que debemos de valorar y comprender en el ejercicio del Interventor educativo, con las que se enfrentan en especial en los primeros años de servicio. Todas ellas y muchas más, nos hablan de manera implícita en el perfil que realmente debe de cubrir el docente, además del cúmulo de conocimientos y teorías que debe de saber.

*Asesora en el Centro de Actualización del Magisterio e Cd. Guzmán, Jal.



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