jueves, 19 de octubre de 2017

Una corona de oro para señor san José


Fernando G. Castolo 



La coronación “pontificia” recayó únicamente en la escultura que, iconográficamente, representa a San José (originaria de Guatemala, 1690 aprox.), entendiéndose que parte esencial de su iconografía es el Niño Jesús (obra de Agustín de Espinoza, 1909) que porta en su mano derecha, por tal motivo sus cabezas se encuentran cubiertas con coronas del tipo “imperial”; mientras que la Virgen del Rosario (obra de Mariano Perusquía, 1820) que le acompaña, por no haber recaído en ella tal gracia, ostenta una corona del tipo “diadema”.
Sin embargo, hemos de hacer una acotación en el sentido del porqué debe de resaltarse la palabra “pontificia”, y ello se debe a que nuestro Santo Patriarca ya había sido coronado, más no con la categoría con la que fue distinguido en 1957.
  


Nuestro santo patrono —juramentado desde 1749— fue solemnemente coronado en nombre del Ilmo. Sr. D. Fray Antonio de San Miguel Iglesias, dignísimo Obispo de Michoacán, diócesis a la cual pertenecimos desde nuestra fundación y hasta el 30 de julio de 1795 (dejando de ser regenteada por el clero regular de la orden de N. P. San Francisco), por el entonces párroco del pueblo, el Sr. Pbro. Br. D. Bernardino Antonio de Lepe, el 9 de septiembre de 1790, quien solicitó la coronación el día 29 de agosto del propio año.

Para obtener en Roma, la gracia de la coronación, se hicieron valer entre otras razones, la de haber sido “San José heredero legítimo del reino de Israel, en calidad de descendiente de David y esposo de María Santísima, Emperatriz de Cielos y Tierra…”, según se apunta en los documentos que se resguardan celosamente en el Archivo de la Arquidiócesis de Michoacán.

Sobre este documento tuvo noticia el propio D. Antonio Arias Pedroza, quien, en compañía de su esposa, la Sra. Estela Sánchez —mayordoma electa para las fiestas josefinas de 1957—, fueron los encargados de llevar a cabo las respetivas gestiones para coronar “pontificiamente” a la sagrada imagen de San José, para lo cual tuvo, necesariamente, que someterse a una profusa investigación sobre los antecedentes que circunscribían a ésta y otras imágenes del Santo Patriarca.

Hacemos notar aquí que es muy difícil el que se conceda el respectivo permiso para realizar coronaciones pontificias a santos que no pertenecen a la llamada “realeza celestial”, es decir, solamente aquellos que subieron al cielo en cuerpo y alma, según lo estipula el rito de la cristiandad, que serían la Sma. Virgen María y Ntro. Señor Jesucristo; por ello lo sucedido el 22 de octubre de 1957 debe de considerarse como una de los hechos más especiales y significativos en la historia de la Iglesia local.

                La autorización oficial para efectuar la coronación pontificia de San José se da a conocer en Roma el 12 de marzo de 1957, por Pío Papa Duodécimo.

                Previo al gran día de la coronación se verificaron vistosas peregrinaciones provenientes de diversas poblaciones de nuestro Estado, observándose amplias muestras de fervor y devoción por parte de toda la católica comunidad regenteada bajo el báculo de la Arquidiócesis de Guadalajara; depositando a los pies del Santo Patriarca ofrendas de gran valor espiritual dignas de la más acendrada realeza.

El programa llevado a cabo durante la solemne ceremonia se conformó de la siguiente manera:
A las 9 horas se efectuó el solemne ingreso de las Comisiones, Clero, Representaciones de los Cabildos y Excmos. Prelados a la Iglesia Parroquial, cantándose el Responsorio Ecce Sacerdos Magnus. Enseguida, Canto de Tercia e indumentación de los Excmos. Prelados.

La ceremonia dio inicio con la breve alocución que pronunció el Excmo. y Rvmo. Sr. Arzobispo Metropolitano D. José Garibi Rivera acerca de la antigüedad, veneración y prodigioso patrocinio de Sr. San José en su imagen de Zapotlán el Grande, agradeciendo la asistencia de los Excmos. Prelados.

A las 10:00 de la mañana dio inicio la Solemnísima Misa Pontifical, cuyo sermón, después del Evangelio, estuvo a cargo del Excmo. Dr. D. Darío Miranda y Gómez, Obispo de México, quien ocupó la Cátedra Sagrada y dirigió a la concurrencia elocuente y propio panegírico sobre Sr. San José; para dar paso, al término de la Pontifical, con la Bendición Papal.

Oportunamente se organizó, en la puerta mayor de la Iglesia Parroquial, la procesión de las Coronas (mismas que salieron desde la casa de los mayordomos), las que, una vez dada la bendición papal, comenzó a desfilar: pasaron las tres andas de madera tallada, donde sobre cojines de raso, resplandecían las coronas. Pasó primero la del Niño Jesús, conducida por pequeñuelos. Luego la de la Virgen María, en manos de distinguidas señoritas, y finalmente la de Señor San José, llevada por seis representantes del pueblo. Cerrando la procesión los Postuladores de la Coronación que fueron previamente nombrados por el Excmo. Sr. Arzobispo Metropolitano, llevando el Breve Pontificio de la Coronación, en azafate de plata, uno de los hijos de los mayordomos. Cabe destacar que cada corona iba acompañada, además, de sus respectivos padrinos.

Se colocaron las coronas del Niño y de San José sobre el altar al lado de la Epístola y la de la Virgen al lado del Evangelio.

Por cierto, las bellas coronas son obra del escultor poblano José Ledezma Zavala, y se encuentran manufacturadas en oro de 18 quilates y en plata, material que tuvo el entonces costo de 150 mil pesos. La corona de Sr. San José se encuentra adornada con seis grabados, simétricamente dispuestos alrededor: una inscripción alusiva al Sr. Cura D. Adolfo Hernández y de los esposos Arias Sánchez e hijos; el volcán en erupción; el templo parroquial; la Sagrada Familia; el tránsito de San José y un campesino labrando la tierra. En otras partes superiores están en bajorrelieve su Santidad Pío XII y el Sr. Arzobispo Garibi Rivera. Tiene junto a la cruz de remate una perla negra. Tanto la corona de Sr. San José como la diadema de la Virgen tienen un peso de 3.125 kilos, mientras que la del Niño Jesús, pesa 1.5 kilogramos. Representan estas hermosas joyas uno de los símbolos más importantes, iconográficamente hablando, del patrocinio de San José sobre su pueblo Zapotlán.

Cuando ya estaban frente al Prelado los Postuladores de la Coronación y los Tlayacanquis del pueblo indígena, con fuerte voz el M. I. Canónigo Dr. D. Luis Radillo expresó el siguiente texto: “En nombre del Clero y de los fieles de esta parroquia de Zapotlán el Grande, así como de la Mayordomía encargada de las fiestas Josefinas en el presente año, solicitamos humildemente de V. Excia. Revma., que tenga a bien proceder a la coronación canóniga de la V. Imagen de Sr. San José”.

El Excmo. Señor preguntó: “¿Tenéis el Breve Apostólico respectivo?” Y los Postuladores respondieron: “Aquí lo presentamos a V. Excia. Revma.”

Se entregó el Breve al Sr. Arzobispo, quien ordenó le diera lectura el Sr. Cura, D. Adolfo Hernández —primero en latín y, posteriormente, en español—, bendijo las coronas y, enseguida, dio inicio el trascendental acto de la coronación, al tiempo en que era entonado el Canto de la Antífona: Ecce fidelis. El Legado Apostólico, representante de su Santidad, Dr. Don Luigi Raimondi. coronó al Niño Jesús. El Arzobispo de México, Dr. Don Miguel Darío Miranda y Gómez, a la Virgen María, y el Arzobispo de Guadalajara, Dr. Don José Garibi y Rivera, a Señor San José. En ese momento todos los fieles estallaron en vivas al Santo Patrono.

Enseguida, más cantos, una hermosa deprecación: Salve, Patriarca Santo José; y, después, el Te Deum laudamus. Para continuar con la colocación de los Báculos y Mitras de los Prelados sobre el altar y al pie de las Sagradas Imágenes.

Siguió el bello Himno de la Coronación que fue compuesto, ex profeso, para el trascendental acto por el Pbro. Alberto Contreras, previo concurso que se efectuó.

Finalmente, se llevó a cabo la procesión de los Excmos. Prelados a la Sacristía, donde procedieron a la firma del Acta de la Coronación, ante el Notario Público de la Municipalidad, el Lic. Basilio Cardona.

1 comentario:

  1. El año entrante se celebrará el 150 Aniversario de la proclamación de San José como “Patrono de la Iglesia Universal”. Oremos, para que “La Sagrada Congregación para el Culto Divino”, establezca una Celebración Litúrgica para honrar este Título de San José, así como recientemente se ha establecido una para conmemorar a la Virgen, como “Madre de la Iglesia”.
    Guillermo Prendas

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