domingo, 20 de octubre de 2019

Ser o no ser en las redes sociales








Los conjurados


Ricardo Sigala


La semana pasada recibí un mensaje de texto de un amigo cercano en el que leía lo siguiente: “Cuando lees este tipo de cursi-mensajes al lado del nombre de un personaje como el maestro Vicente Preciado, en serio dan ganas de arremeter a palos en contra de los responsables de la publicación”, ¿qué era aquello que mi amigo había leído que lo molestaba tanto? ¿qué podía ser eso que despertaba un arranque de furia en un hombre pacífico y civilizado? El mensaje recibido incluía un link que remitía a una página de Facebook, fui a ella y la sorpresa, la incomodidad y el enojo también se inocularon en mí.

            Es necesario decir que el doctor Vicente Preciado Zacarías, intelectual destacado, hijo ilustre de Zapotlán, premio nacional de ciencia, maestro emérito de la Universidad de Guadalajara, no es usuario de ninguna de las redes sociales conocidas. Sin embargo, en Facebook existe un perfil que lleva su nombre, el perfil por supuesto es apócrifo, espurio, falso. Alguien podría argumentar que se trata de un homenaje al maestro, si es así el intento fracasó. Quien está detrás de ese perfil o desconoce la personalidad, la obra y la condición intelectual de Vicente Preciado o usa deliberadamente el perfil para mostrar una cara boba, superficial, falsa del maestro, incluso manifiesta opiniones y posturas ajenas y en casos opuestas a las de nuestro insigne personaje. Y para agravar las cosas, el muro muestra fotos de perfil y de portada relacionados con la Casa del Arte, como si se tratara de una cuenta institucional.





            Me voy a detener en tres puntos, aunque hay muchos más. Primero, hay una usurpación de la personalidad del doctor Vicente Preciado Zacarías, en la medida en que las publicaciones se hacen en primera persona y los engañados usuarios inician un diálogo como si del propio Preciado se tratara, muchas incluso saludan a Vicente Preciado con camaradería y familiaridad, pero ellos no saben que el maestro no está detrás de esas publicaciones.

El segundo punto tiene que ver con que se muestra una imagen errónea del maestro.  Pues quien está detrás de ese perfil falso lo hace decir cosas en un tono que el maestro nunca usaría, por ejemplo, el 7 de octubre a las 9:37 de la mañana se publicó el texto que tanto exasperó a mi amigo, dice lo siguiente: “Buen inicio de semana gente bonita. ¿Cómo les fue este fin de semana? Les mandamos un rayito de luz para iluminar su día. ¡Saludos!”. ¿Es acaso verosímil que un intelectual de la talla de Preciado Zacarías pueda escribir tamaña cursilería? Los que hemos leído su prosa, tanto la que aparece en sus libros como la de aquellas Partici-Pasiones que publicó en la prensa local durante cerca de tres décadas, sabemos que estos mensajes no funcionan ni siquiera como una parodia, ya que en ellos no percibimos ningún rasgo de elaboración textual, ni campea en ella el ingenio, la cultura y la agudeza de una escritura tan trabajada como la del maestro. Porque, en efecto, ese mensaje y otros muchos que aparecen en el perfil de Facebook remiten más a la superficialidad de los discursos de la superación personal y la autoestima, a la de una cultura pop, que a la de un hombre que ha alcanzado tan altos vuelos. Preciado nunca escribiría expresiones como “gente bonita” o “Les mandamos un rayito de luz para iluminar su día”, ni usaría los signos de admiración de manera tan básica. Vicente Preciado, cuando escribe, genera una profundidad envidiable, sus palabras suelen producir un efecto insospechado, y evita a toda costa los lugares comunes. Esa voz y esa condición humana es poco más que una antípoda del maestro emérito, sin ninguna discusión.

El tercer punto que quiero acotar está relacionado con ciertas publicaciones que se comparten en el muro del citado perfil, que contravienen la ideología de nuestro hombre letras. Quiero poner como ejemplo una publicación del 28 de agosto en la que se habla del CUSur como de “una isleta de privilegiados académicos que nada tienen que ver con el pueblo de Zapotlán.” Vicente Preciado nunca hubiera permitido que una declaración de este tipo se publicara, y mucho menos permaneciera, en su muro. Él ha declarado incansablemente su respeto y agradecimiento a su alma mater, a la que pertenece desde hace seis décadas, primero como estudiante y luego como profesor e investigador. A ella debe uno de sus más altos reconocimientos que es el de ser Maestro Emérito, un grado de excepción académica, él ha sido profesor fundador y promotor de la carrera de Letras Hispánica, él mismo es un académico que cada año publica por lo menos un libro que promueve la cultura desde Zapotlán, en particular desde la figura de Juan José Arreola. Si esta publicación hubiera sido aceptada por Preciado entonces él mismo estuviera aceptando que él forma parte de esa “isleta de privilegiados académicos que nada tiene que ver con el pueblo de Zapotlán”. Quien maneja este perfil de facebook falso, ¿acaso quiere enfrentar a las autoridades del CUSur con Preciado Zacarías?

Los casi 700 amigos que tiene la página han estado recibiendo una imagen falsa del maestro, han sido engañados, pero además han traicionado la filosofía, la cultura y la escritura de Vicente Preciado, las personas que no lo conozcan, si se basan en las publicaciones de esa página pensarán que nuestro hombre de ciencia y de cultura es un ser bobalicón y eso es una afrenta no sólo al personaje o la tradición cultural de Zapotlán sino a la cultura en general. Quizás detrás de este perfil de Facebook hay sólo un intento de homenaje, un intento ingenuo y malogrado, porque lejos de honrar la figura del personaje se le tergiversa y se contrapone claramente con sus principios, y algo se tendría que hacer al respecto.

Las redes sociales tienen muchos beneficios, pero por desgracia también tienen su parte negativa, e incluso oscura. Es inaceptable cómo cualquier persona puede usurpar una identidad y hacer de ella una caricatura o un adefesio. Se podría decir que no es tan grave, que solo se trata de redes sociales, que la vida está en otra parte; sin embargo, por desgracia el mundo no piensa con esa madurez, cada vez más las redes sociales son la medida de los individuos. Los políticos, las instituciones, las empresas, la mercadotecnia, el éxito o el fracaso tienden a ser medidos por la popularidad que se tiene en las redes, y no tanto por la realidad. Cuántos políticos han sido destituidos, o han ganado elecciones en las redes antes que, en las urnas, cuántas personas han conseguido o perdido un empleo por las redes sociales, cuántas enemistades o divorcios, cuántos secuestros, extorsiones, trata de blancas o prostitución infantil se esconden en perfiles falsos de Facebook. Por desgracia, estamos pasando por una etapa de la civilización en la que la realidad tiene menos autoridad que su versión virtual, y eso es una señal preocupante.



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