lunes, 15 de agosto de 2022

La fundación de Zapotlán: una simple interpretación


 


 

Fernando G. Castolo*

 

 

Reflexionar sobre el episodio de la fundación hispánica de la ciudad, es referirnos no a una fundación propiamente. En realidad, lo que tenemos que conmemorar es el establecimiento de una misión para el ejercicio de evangelización en la región geográfica, misión desde la cual el andariego fray Juan de Padilla hacía sus correrías y realizaba la tarea de conversación de los principales caciques de las poblaciones.



Seguramente Padilla tuvo esa acuciosa visión de observar la estratégica situación del valle de Zapotlán, situación que bien la aprovechó para dejar establecido aquí su, por así decirlo, centro de operaciones para efectuar su catecumenado, con el apoyo de otros notables franciscanos de los que se hizo acompañar, como lo fue fray Miguel de Bolonia.


También queremos pensar que los nativos pobladores de la prehispánica Tlayolan eran gente mansa, que aceptó muy bien la conversión y, por consiguiente, el sometimiento al que fueron obligados por parte de las tropas militares; quizá, por ello, Juan de Padilla siempre sintió como deber personal la protección incondicional hacia esta vulnerable comunidad.


Y también me quiero imaginar, como lo hicieran Jiménez y Arreola, que fray Juan quedó prendido del paisaje que se le presentó frente a sus ojos y, desde la montaña oriente, bajó presuroso, ansioso, al valle y, una vez en él, se hincó, besó la tierra y la bendijo, y decidió que era el lugar idóneo para realizar la fundación de una misión evangelizadora a la que se entregó de forma total y puso bajo la protección de Santa María de la Asunción.            


Sí, seguramente el histórico episodio debió ser así o, cuando menos, así me gusta pensarlo.




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