Ley Seca

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miércoles, 8 de julio de 2020

A dos años del triunfo







Pedro Vargas Avalos



Se cumplieron dos años el pasado uno de julio, de haberse logrado un triunfo democrático genuino por el pueblo de México. La efeméride dio pie a que muchos ciudadanos la comentaran, emitiéndose puntos de vista muy disímbolos, como es natural en una población de pensamiento plural y de variadísimas características económico-sociales.

Entre los comentólogos que padecemos, algunos se dedicaron a dizque analizar o más bien pontificar, que esa fecha y la jornada electoral que hubo, se considere por el primer mandatario de la nación, como el día de la instauración de la democracia en México. (Diego Petersen Farah, El Informador, 3-VII-2020). Y añade que celebrar tal suceso, “como si fuera el principio de todo, raya en el egocentrismo: antes que él, la nada.”

En su mensaje del uno de julio de este año, desde el recinto parlamentario del Palacio Nacional, el Presidente lo inicia denominando a la fecha y elección aludida como “memorable jornada cívica”, que le permitió llegar por mandato popular a la Presidencia de la República. Ahora, -expresó- rinde informe al pueblo que lo elevó al cargo, a dos años de la victoria en los comicios y a 19 meses de ejercer el cargo constitucionalmente. En lo anterior no encontramos la idea que maneja el comentarista, sino el reconocimiento de que el triunfo fue de los ciudadanos.



El sociólogo de la UNAM Alberto Vanegas Arenas, decía el último de junio: “Mañana se cumplen dos años de la hazaña histórica que significó la victoria electoral de Andrés Manuel López Obrador y el inicio de la Cuarta Transformación de la vida pública de México. Es necesario conmemorar este importante suceso por su trascendencia en la vida pública del país…”. Y pasó a enumerar lo que considera ha sucedido en este espacio de tiempo: lo realizado “ha sido pacífico y ordenado”, destacando las reformas constitucionales, en primer lugar la educativa en la cual “se garantiza el derecho a la educación de toda la población, desde el nivel básico hasta el superior”, lo cual es extraordinario, pues como se recordará, antes solo era hasta el nivel secundario; el hecho tangible lo tenemos a la vista, no solo construyéndose cien universidades, sino con ausencia de las movilizaciones magisteriales, que antes a diario se registraban.

Un hecho que no se puede negar, ni por propios ni por extraños, es “el combate frontal a la corrupción y la eliminación de los privilegios de la alta burocracia”. En efecto, se eliminó el Estado Mayor Presidencial,  los salarios de los altos funcionarios públicos se disminuyeron en un 50%, se restringieron  los vuelos de funcionarios de gobierno en aviones privados, ya no se cubren por el erario las partidas para gastos médicos mayores, y algo que el pueblo pedía y se cumplió, fue finalizar las pensiones millonarias para los ex presidentes de México, acompañado de haber dedicado la ostentosa mansión de Los Pinos a la cultura popular; en pocas palabras, nadie puede negar que tenemos un gobierno austero. Se completa con la lucha contra la evasión fiscal que era un cáncer y se exige su eliminación, para lo cual mucho ayudará que se prohibieron las condonaciones de impuestos y esa evasión, junto al caso de las facturas falsas, se elevó a delito grave.

A pesar de esa manifiesta austeridad, los apoyos a las clases económicamente más débiles no han cesado, ni ante el embate terrible de la pandemia que flagela al mundo enero. Ni se han detenido las obras emblemáticas del régimen, que significan empleos y en su momento prosperidad.

Claro que faltan asignaturas, destacando la lucha contra el crimen organizado, donde se inscribe la eficaz funcionalidad de la Guardia Nacional y la aclaración de hechos como Ayotzinapa, la guardería ABC y otros casos que hasta hoy sabían sido cobijados por la impunidad. Pero en unos y otros existen signos inequívocos de que se avanza: la Guardia ya tiene más de ochenta mil efectivos y va cubriendo la faz nacional; en el caso de los desaparecidos de Ayotzinapa, se echó por tierra la vergonzosa “verdad histórica” de Peña Nieto y se pidieron decenas de órdenes de aprehensión contra presuntos responsables, y en cuanto a lo de la guardería de Sonora, se avanza en fincar responsabilidades, habiéndose alcanzado una sentencia en la Suprema Corte, de diez millones de pesos para indemnizar a  una familia perjudicada en esos tristes hechos.

Genaro Lozano, el inteligente analista y politólogo que escribe en Reforma, conduce programas en Televisa y habla en variadísimos auditorios, señala que al menos de los tiempos recientes, el uno de julio de 2018 es para la democracia, la tercera fecha, por cronología, más importante, pues para él la primera fue la elección de 1997 cuando por primera vez resultó un Congreso dividido y los ciudadanos contaron los votos, siendo la segunda la del dos de julio de 2000, fecha en que se logró la tan anhelada transición democrática con el triunfo de Fox, que a la postre resultó un cambio,  pero de reversa.

A diferencia de los anteriores, -afirma Lozano- el triunfo de López Obrador el uno de julio de 2018, fue histórico porque se alcanzó con más de treinta millones de votos y una ventaja porcentual de 30 puntos sobre su más cercano competidor.

Nosotros podríamos agregar muchas fechas de corte histórico en la cual hubo ejercicio democrático, pero que con salvedad de los comicios que elevaron a Francisco I. Madero en 1911 a la Primera Magistratura, todos los demás a nivel de Presidencia de la República, fueron desconocidos, siendo los más evidentes el del Gral. Juan A. Almazán (1939), el de Cuauhtémoc Cárdenas (1988) y el de López Obrador en 2006. Por ello, la victoriosa jornada electoral de 2018 se agiganta.

En consecuencia, no es la fecha de nacimiento de la democracia en México, pero si es de conmemorar el triunfo de la democracia, del pueblo mexicano, el uno de julio de 2018, y que lo sepan quienes quieran saber o lo entiendan quienes puedan razonar.


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