lunes, 26 de septiembre de 2022

México entre gritos, quejas y sermones


  

Pedro Vargas Avalos

 

           

El mes de septiembre, entre los mexicanos, lo conocemos como el “Mes Patrio”, puesto que la madrugada del 16 de septiembre de 1810, D. Miguel Hidalgo y Costilla y Gallaga, entonces párroco de Dolores, en el actual Estado de Guanajuato, con una exclamación emotiva convocó a sus feligreses, para tomar las armas y luchar por la independencia nacional. A esa ceremonia la conocemos como “El Grito”, pero se celebra la noche del 15, siendo un enigma por qué en tal fecha: coinciden muchos historiógrafos, en que se escogió tal momento (1896) para a la vez conmemorar al dictador Porfirio Díaz, quien afirmó que había nacido en día igual.



            El enorme Siervo de la Nación, Don José María Morelos y Pavón, se interesó, primero que nadie en recordar ese glorioso suceso; empero, el día 16 de septiembre de 1812, el que fuera diputado por Nueva Galicia (Guadalajara) al Congreso de Chilpancingo, el Lic. Ignacio López Rayón, celebró en Huichapan, población localizada dentro del moderno estado de Hidalgo, ese memorable grito de libertad, realizando atronadora descarga de artillería, misma que inscribió en su diario. Morelos propuso (14 de septiembre de 1813) la celebración, pero la suerte de la guerra libertaria no fue lo afortunada que se esperaba y tuvo que esperar la dedicación. Su oficialización la haría el primer presidente del país, el Gral. Guadalupe Victoria, en 1825.


            La celebración del “Grito” en la república, y aún fuera de ella, es una fiesta rebosante de mexicanidad: el antes y después de resume en la arenga que pronuncia, en la ciudad de México el primer mandatario de la nación; en cada Entidad Federativa, su gobernante, y en cada municipio, su presidente municipal o alcalde. Aún en centros escolares, de diversión y restaurantes, por mencionar algunos giros distintos a los de las tres órdenes de gobierno, se llevan a cabo esas evocaciones del grito independentista. El hecho, significa una permanente lección de civismo.





            En este año, en punto de las 23 horas, el “Grito” en Palacio Nacional registró una alocución muy especial, pues el primer magistrado pronunció 23 aclamaciones, iniciando con un viva la independencia, y continuando con la mención de nuestros héroes insurgentes: Hidalgo, Morelos, Josefa Ortiz, Allende, Leona Vicario, Vicente Guerrero y los próceres anónimos; luego gritó vivas a la libertad, la justicia, la igualdad, la democracia, la honestidad, la soberanía, la fraternidad universal, el amor al prójimo y las culturas del México prehispánico. Inmediatamente, en lugar de vivas, expresó tonante “¡fuera!” para la corrupción y un ¡muera! para la corrupción, el clasismo y el racismo. Prosiguió con otro viva a la grandeza cultural de México y concluyó con tres vibrantes ¡Viva México! Los jubilosos asistentes al colosal zócalo de la ciudad capital federal, coreaban cada mención con vigoroso entusiasmo. Y así se repitieron, guardando las proporciones, en cada capital de los Estados, las ceremonias del “Grito”, proclamado por los ejecutivos locales y de igual manera en los palacios municipales, con su primer munícipe como pregonero.


            Lamentablemente, en este susodicho mes septembrino, también se escucharon otros tipos de gritos, nada festivos ciertamente. Uno es el de las madres buscadoras, quienes, en medio de su dolor lacerante por la pérdida de hijos y familiares, se afanan por encontrarlos, aunque sea como cadáveres. Por primera vez en la historia del estado de Jalisco, se informó en semanas pasadas, que “estudiantes, artistas independientes, activistas y personas de a pie se unieron a las y los familiares a través de la recién creada agrupación Jóvenes Buscadores de Jalisco”. (Zona Docs. 3 -IV-22). Y esas madres, sumadas a otras como las de Sonora, se unen en su pesar, para alcanzar sus objetivos.


            La carestía que tal parece no cede, provocó nueva reunión del gobierno general con los grandes magnates, y se comprometieron de nueva cuenta a evitar que la inflación se incremente. Sin embargo, tal parece que ellos no oyen las quejas de los consumidores, cuyos salarios por más que se estiren, no alcanzan para comprar lo necesario, y a veces ni lo indispensable. Vivimos en un sistema democrático, y debemos ajustarnos a sus postulados, mismos que dice atinadamente el singular brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, al indicar: “La democracia, para mí, no es una media palabra. Es una palabra completa. Algunos entienden por democracia apenas el derecho del pueblo a gritar que tiene hambre. Yo entiendo por democracia no sólo el derecho de gritar contra el hambre sino el derecho de comer. Esa es la diferencia fundamental. Democracia, para mí es permitir el derecho de adquirir conquistas, y no sólo el derecho a la protesta”.





Y si hablamos de seguridad, la cuestión no está para presumir, porque todo mundo anda con sumo cuidado y con nervios en punto de crisis, ante la actitud desbordada del crimen organizado. La Guardia Nacional no acaba por consolidarse, si bien le hace falta tiempo para ello. Y en los Estados, así como las municipalidades, los cuerpos policíacos la mera verdad no dan buenos resultados. Y si eso pasa en los grandes poblados, los pequeños vecindarios no ven la suya, víctimas de los “jefes de plaza” (o sea, el mandón de los criminales organizados) y de la incuria de los menguados agentes del orden del pueblo, ordinariamente cooptados por aquellos.


            En la política, no dejan de prorrumpir con gritos, los de la oposición a la Cuatro T, aun cuando por lo general lo hacen sin mayores razonamientos, con lo cual demuestran falta de argumentos inteligentes. Y como afirmaba John Locke, “grita quien no tiene recursos mentales para hablar”.


            Exactamente eso aconteció en el Senado de la República, con motivo de la discusión de la iniciativa priísta para alargar la participación militar -en el ramo de seguridad púbica- hasta el año 2028. Los senadores de la oposición, acusaban de todo al presidente del país y a su gobierno, incluyendo a su partido -Morena-y aliados. Los panistas son los que más destacan en esto.


Esos blanquiazules, desde hace tiempo sostienen que sufren "la descarada persecución política del presidente Andrés Manuel López Obrador y su gobierno en contra de todo aquel que critique o no se doblegue a sus caprichos". Y la mera verdad, no acreditan sus dichos, pues sus principales oradores, como Kenia López Rabadán, sostienen el grito de: “Resiste México! Resiste ante el peor gobierno de la historia”. Como quiera que sea, cuando Monreal, el líder de los morenistas, propuso que se regresara el dictamen a comisiones, los opositores clamaban con frenesí: “No traen los votos, no traen los votos” y exigían votar; pero no se les concedió su pretensión y ahora está la iniciativa de regreso en Comisiones, para ulterior discusión y votación. No cabe duda, estos tiempos los hemos vivido en medio de gritos, reclamos y sermones de los líderes políticos que padecemos.


Y por si lo anterior no fuera suficiente, pasando por alto los gemidos de los intelectuales “orgánicos” que dizque sufren persecución por sus ideas (lo cual es burda falacia, pues hacen uso de ella para despotricar diario) volvimos a padecer los temblores, los días 19 y 22 de septiembre, fenómenos que llevaron al paroxismo a muchas familias, desde Jalisco hasta la capital azteca, pasando por Colima, Michoacán y Guerrero. Gracias a Dios no hubo demasiados daños y podemos afirmar que seguimos avante, entre gritos y sombrerazos, pero caminando hacia nuestro destino.

 

  


         

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