lunes, 27 de junio de 2022

Ciudad episcopal VII


 


Fernando G. Castolo*

 

 

La culminación del primer Sínodo Diocesano, ejercicio que permitió redefinir el caminar de nuestra Iglesia particular, exaltó los entusiasmos de la devota feligresía que se convocó para llevar a cabo un recorrido con las Sagradas Imágenes.



Por primera vez en la historia de Zapotlán, en un acto trascendente, la imagen josefina salía de los límites municipales de Ciudad Guzmán con rumbo a la población de Cofradía del Rosario, lugar en el cual la población ha bosquejado una hermosa leyenda sobre la misteriosa llegada de Señor San José, en aquel año de 1747.


Por cierto, esta breve comunidad se encuentra en los actuales límites territoriales del municipio de Gómez Farías, al otro lado del vaso lacustre conocido como Laguna de Zapotlán. Desde ancestrales generaciones hemos escuchado la piadosa versión de que la bella talla fue abandonada en Cofradía del Rosario por un anónimo arriero quien, al siguiente día, no amaneció. Al pasar el tiempo y al no reclamar nadie la carga que traía, se convocó al párroco de Zapotlán para que fungiera como testigo de honor en la apertura de las cajas de madera, modo en que traía su carga el arriero.


 La gran sorpresa fue que, al abrirlas, encontraron en su interior la imagen de San José. Entonces, la comunidad interpretó el hecho como "milagroso", y se trajo para su culto público, depositándola en un altar de la Parroquia principal. Tuvieron que pasar casi 250 años para que la hermosa escultura del Santo Patriarca saliera de Zapotlán.





La actividad del fin del Sínodo, en aquel 1996, se concibió para recordar el momento solemne en que Señor San José llega a Zapotlán de forma misteriosa. El pueblo entero no durmió toda la noche. Las veladoras iluminaron el caminar nocturno del devoto vecindario que, entre cantos y rezos, fueron y retornaron del pueblo de Cofradía del Rosario a la antigua Zapotlán.


 Este fenómeno episódico marcó el espíritu renovador de nuestra Diócesis de Ciudad Guzmán, consolidando su muy particular rostro josefino.


Cabe destacar que a este Sínodo le han seguido la redacción de enriquecedores documentos pastorales que le dan un sentido de orientación a nuestra institución religiosa, la que feliz conmemora sus primeros cincuenta años de vida.




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