jueves, 24 de mayo de 2018

Relación entre la dimensión afectiva y el aprendizaje




*Martha Catalina Álvarez Godoy


Generalmente desde que el individuo nace recibe muestras de afecto sobe todo  por los progenitores, familiares y amigos cercanos, el retoño se convierte en el centro de atención para todos. Se hacen presentes las manifestaciones que le otorgan no sólo cariño al pequeño, sino que le brindan confianza, seguridad, bienestar en el entorno que le rodea; estos aspectos son básicos por el acercamiento afectivo que se produce e interés hacia su persona y logros alcanzados que lo estimulan significativamente.




Los padres de familia o quienes cuidan y atienden al niño se empeñan por enseñarle a comunicarse con los demás, acciones específicas propias de la edad, como hablar, comer y comportarse adecuadamente; este ambiente que lo motiva a descubrir las capacidades y cualidades que posee, debe prevalecer en casa durante las siguientes etapas formativas.

Lo anterior, es gran apoyo para sí mismo y los docentes que tendrá al momento de ingresar al ámbito escolar, lo aprendido le servirá para actuar con mayor independencia, seguridad y decisión en este nuevo escenario. A medida que crece va siendo más consciente de la influencia que ejerce la parte afectiva en su persona, lugar que ocupa y efecto que produce en su desarrollo y aprendizaje; los lazos y vínculos afectivos lo fortalecen para hacer o no su mejor esfuerzo, obtener lo que quiere y necesita aprender.

Se hace necesario que padres de familia, maestros y personas ocupadas en la enseñanza y formación de los niños, atiendan, estimulen y promuevan la dimensión afectiva en cada una de las diferentes etapas del desarrollo del individuo, como una de las condiciones indispensables para el aprendizaje de los niños, adolescentes y jóvenes. Existe una estrecha relación entre la dimensión afectiva y el aprendizaje de los alumnos, respecto a la dimensión afectiva, Gómez (2000) apunta que esta incluye actitudes, creencias, apreciaciones, gustos, preferencias, emociones, sentimientos y valores. Define el término dimensión afectiva como “un extenso rango de sentimientos y humores (estados de ánimo) que son generalmente considerados como algo diferente de la pura cognición”.

La relación entre la dimensión afectiva y aprendizaje no va en un único sentido, debido a que los efectos condicionan el comportamiento y la capacidad de aprender y recíprocamente el proceso de aprendizaje provoca reacciones afectivas (Estrada, 2002).

Cabe preguntarnos entonces, ¿por qué si la dimensión afectiva estimula al individuo para que aprenda, tiene poca relevancia en el proceso de aprendizaje de los alumnos, dándose mayor prioridad al aspecto cognitivo?, ¿Qué pasará con aquellos alumnos cuya dimensión afectiva no se desarrolla en ninguno de los espacios formativos? Regularmente los niños, adolescente y jóvenes que son inseguros, tampoco creen en sus capacidades personales, se les  dificulta quererse, aceptarse como son, expresar sentimientos, percepciones, pensamientos o conocimientos.

Puntualizo que es fundamental que los educadores desde la casa y escuela propicien el desarrollo de la dimensión afectiva para que el proceso de aprendizaje tenga más sentido y razón de ser para los alumnos, además de que lo disfruten.   


*Asesora en el Centro de Actualización del Magisterio.






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