domingo, 25 de julio de 2021

Notas sobre Pablo Zavala y Memorias de mi pueblo

 


Los conjurados

  

Ricardo Sigala

 

 

Conocí a Pablo Zavala hace más de una década, llegó al CUSur para estudiar la carrera de Letras Hispánicas, de la que soy profesor desde el año 2007, y eso me permitió conocerlo como alumno, pero también como persona, digamos como ciudadano, porque está claro que Zavala siempre se identificó como un agente social. Desde el primer momento se mostró como una persona inquieta, muy inquieta diría yo, un sujeto que le tenía mucho respeto a los libros, pero que en su fuero interno sabía que su ámbito estaba definitivamente marcado por la realidad física, por la acción, por la actividad política y la gestión cultural.



A medida que pasaban los semestres y los años el joven Zavala se iba convirtiendo en un hombre que tenía muy claro su camino. Por eso no me sorprendió que en el año 2012 formara parte del equipo de cultura del Ayuntamiento de Zapotlán el Grande, un equipo que encabezaba Cayetano Chávez y complementaban Miguel Ángel López y Milton Iván Peralta; en los tres años en que duró su trabajo, Zavala destacó por su contribución  al desarrollo de diferentes proyectos: tanto de arte urbano y de cine como de turismo cultural, especialmente recuerdo los concursos literarios Refugio Barragán de Toscano y Alfredo Velasco Cisneros, que pusieron en la escena a jóvenes escritores del municipio, a hombres y a mujeres por igual.


Para el periodo 2015-2018, los empeños de Zavala se dirigieron a Zapotiltic. el municipio que lo vio nacer y que hoy recibe la presentación de su libro. Sumado a las labores de la regiduría de cultura, hizo contribuciones a actividades como el Festival del día de muertos, la Ruta cultural Haciendas de Zapotiltic, el Museo Permanente e itinerante de San José de la Tinaja, el Festival de Jazz, la Precopa Mundial de Parapente y la Escuela de música ECOS Tasinaxtla.  Incansable, Zavala regresó a Ciudad Guzmán en 2019 para sumarse a los trabajos de la Casa del Arte Dr. Vicente Preciado Zacarías, en donde fue responsable operativo hasta que la pandemia hizo que el recinto cerrara sus actividades temporalmente.


Sin embargo, no sería justo centrarse sólo en el trabajo de gestión cultural de Juan Pablo Sánchez Zavala, siempre sentido el llamado de la escritura, un fiel ejemplo de lo anterior fue su inserción en el periodismo de la mano de su tía María Emilia Zavala Soberanes para quien hizo tareas de reporteo. Pero ya antes Zavala había dado muestras de talento literario, a los catorce años ganó el concurso regional de cuento intersecundarias «símbolos patrios» con una narrativa en torno al himno nacional, y a los dieciocho resultó finalista del concurso Creadores FIL en la categoría de cuento. Otra muestra de su interés en la escritura literaria es que asistió a algunos de mis talleres literarios, en los que el entusiasmo y los deseos de querer comerse al mundo lo distraían del minucioso, disciplinado y sistemático trabajo de escribir. Por eso, la sorpresa me volvió a asaltar cuando hace unos meses el mismo Zavala me buscó para decirme que su libro estaba terminado y pronto se publicaría.


            Tras conocerlo en la convivencia universitaria y, sobre todo, tras leer su libro, pienso que algunas de las maneras en que podría definir a Pablo Zavala es arraigo e identidad, orgullo local. Las páginas de Memorias de mi pueblo son una declaración de lo anterior. La voluntad del autor es clara: una muestra de amor a la vez que un homenaje a su tierra, a su historia, a su familia.



Memorias de mi pueblo es un libro cuyo género resulta difícil de definir. Oscila entre las memorias y el testimonio, entre la crónica familiar y la historia regional, pero al mismo tiempo hace uso de recursos literarios como el relato de ficción, las técnicas narrativas y la incursión de elementos de la mitología y las leyendas regionales. Veo en el libro a un autor que quiere contar la historia personal que se extiende en círculos concéntricos, como una piedra lanzada en el agua. Las olas generadas alcanzan entonces la familia, los vecinos, el pueblo, la región, pero esas ondas también viajan al pasado, alcanzado tanto tiempos cercanos como remotos. El centro del texto es el yo enunciador, pero él sabe que su yo no se entiende sin su tierra, su historia, sus leyendas, sus creencias, y especialmente sin su núcleo consanguíneo, un árbol genealógico entreverado se asoma por aquí y por allá en las palabras de Pablo Zavala.


Un recurso dominante, que define técnicamente el libro de Zavala es la evocación, el recuerdo inesperado, la asociación libre, el fluir de consciencia, la improvisación verbal, la digresión y los saltos técnicos y temáticos. Los capítulos se presentan con una libérrima estructura que roza con el riesgo, pues lo que en ocasiones inicia como una leyenda, se ve asaltado por un discurso retórico o por un pasaje poético, por una narración, una escena, un sermón o una lección. Zavala, atenido a su habilidad lingüística, se lanza a una escritura que se arriesga a cada pasaje. Sin embargo, el mundo y la voluntad de contar de Zavala se alcanza a percibir, como entre la bruma de un amanecer en las faldas del volcán. Desde la colonia, la vida independiente hasta llegar a la actualidad, la historia se mueve en los tiempos y los espacios y los personajes, que son el nevado, sus subterráneos y sus bandidos, Zapotiltic. La hacienda de Huescalapa, los dorados de Villa, y el círculo íntimo de la familia.


Reconozco en Juan pablo Zavala a un hombre orgulloso de sus orígenes, y a alguien siempre en espera de retribuir a su tierra lo que ésta le ha dado, pienso en dos momentos claves en la aún corta biografía en que ha tenido la oportunidad de trabajar para su tierra de origen, una fue la citada época en que contribuyó a su municipio como gestor cultural, la otra es la escritura de su libro Memoria de mi pueblo, que ha publicado Ediciones LeArte en 2020, con los apoyos de la Caja Popular Tamazula y el Gobierno del Estado de Jalisco a través del Programa de Acciones Culturales Multilingües y Comunitarias (PACMyC). Memorias de mi pueblo es un libro escrito por un gestor cultural, por un trabajador de la cultura regional, por un activo ciudadano, y lo recibimos como un regalo para para la región.


 


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