lunes, 28 de junio de 2021

Oposición: ¿utópica o hipócrita?



  

Pedro Vargas Avalos

 

En todos los sistemas políticos existen gobierno y oposición. Incluso donde imperan las dictaduras, que por naturaleza son antidemocráticas, están presentes los opositores ideológicos.



En nuestro país, el PRI, PAN y PRD, los adversarios del régimen actual (la Cuarta Transformación o Cuatro T), han optado por aliarse en una especie de liga antinatura, impulsada por el miedo, el revanchismo o la avidez. El partido Movimiento Ciudadano se mantiene al margen, aunque se proclama opositor.


En efecto, el panismo surgió como enemigo natural del priísmo (en 1939 encarnado por el PRM, a partir de 1946 transformado en PRI) y su lucha era frontal, sin transacciones ni componendas. Estas surgirían cuando los fundadores del PAN se diluyeron, asaltando su conducción los llamados “bárbaros del norte”, blanquiazules susceptibles a los enjuagues. Los sucesores de estos, al mismo tiempo consintieron o aún más, promovieron, los chanchullos y arreglos “en lo oscurito”.


En cuanto al PRD, su antecedente fue la llamarada insurrecta (Corriente Democrática, CD)que sin éxito intentó democratizar al PRI en 1987, como reacción al neoliberalismo que se apoderó del partido tricolor en ese tiempo; tras fracasar en su objetivo, la CD optó por adherirse al Frente Democrático Nacional que en 1988 sostuvo a Cuauhtémoc Cárdenas para presidente; en los correspondientes comicios fue cuando “se cayó el sistema” electoral y, como resultado, usurpó la presidencia Carlos Salinas. En respuesta se fundó el 5 de mayo de 1989 el Partido de la Revolución Democrática (PRD), reconocido como virtual abanderado de la izquierda nacionalista.


En lo narrado anteriormente podemos ver como el partido tricolor evolucionó, del nacionalismo revolucionario callista al socialismo cardenista; de éste al centro democrático institucionalista y finalmente aterrizó en el neoliberalismo delamadridista-salinista. Actualmente, merced al infausto sexenio de Enrique Peña Nieto, se le ubica como el símbolo del entreguismo, la corrupción y la impunidad.


Por lo que ve al panismo, su paso fue del humanismo democrático, con sus fundadores Manuel Gómez Morín y Efraín González Luna, al pragmatismo demócrata de sus actuales dirigentes.


En cuanto al perredismo, transitó de un dinámico izquierdismo democrático nacionalista que triunfó en la capital de la nación, para de allí casi llegar a la presidencia de la república. En ese momento afloraron pugnas internas que desvirtuaron los principios del organismo, y los exponentes del nacionalismo democrático de izquierda se desprendieron para fundar el Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA), quedándose con el resto los llamados “chuchos” (Jesús, Ortega y Zambrano), cuya dimensión es igual al oportunismo y la simulación.


El novel partido MORENA, con sus principios de izquierda democrática, reformista y antineoliberal, de austeridad, nacionalista y de lucha contra la corrupción e impunidad, es el partido en el poder. 


Si hacemos una suma de lo que significan por su historia los miembros de la alianza PRIANRD, diríamos que, tras arrancar originalmente sus actividades con ideales teóricamente legítimos dentro de la lucha democrática por el poder, acabaron enarbolando la corrupción e impunidad (PRI); la componenda y doblez (PAN); el disimulo y descomposición (PRD). Por ello es que fue posible su unión antinatura, sumado al afán de recuperar sus privilegios perdidos, más el temor a no lograrlo por sí mismo cada uno; tales factores los convenció para coaligarse, omitiendo todo escrúpulo ideológico, puesto que para muchos políticos es habitual aplicar la regla de que “el fin justifica los medios”.


Por otra parte, los dirigentes de los tres partidos antedichos, hermanados en su consorcio autollamado “Va por México”, no han cejado, día tras día, en atacar a la Cuatro T y su líder, es decir, el presidente. Por ejemplo, el panista Marko Cortés, según noticia publicada por la OEM, acusa al Gobierno de “incompetente y autoritario, que ha empeorado las condiciones de vida de las y los mexicanos…(cuyo) desastre es colosal y los retrocesos no tienen precedentes”.


El 8 de junio, se difundió que “Alito”, Alejandro Moreno, mandamás priísta aseguró ante Ciro Gómez Leyva: “no hay generación de oportunidades, no hay crecimiento económico, no hay atención a los temas de salud, de educación”. Finalmente, el inefable Jesús Zambrano, presidente de los restos insepultos del PRD, ante quien le quiera oír, señala a AMLO de indolente, mentiroso y hasta delincuente: sus declaraciones son rabiosas y llenas de rencor.


Claro que lo ideal para bien de la nación, es que las fuerzas políticas se avinieran y coordinadamente, trabajaran para resolver los importantes retos que encaran, México y sus pobladores. Pero por cómo se expresan los señores de la oposición, eso parece una utopía.


Sin embargo, la semana pasada, el semanario Proceso, publicó que el jefe de la comisión política del PAN, el veterano panista Santiago Creel, electo diputado y probable coordinador de la futura bancada blanquiazul, planteó al primer mandatario federal, “abrir las puertas del Palacio Nacional a la oposición para dialogar sobre los grandes problemas nacionales en buena lid, sin mentiras ni hipocresías”.


Recordemos que Creel, derrotado por López Obrador en la contienda para gobernar el DF (año 2000) ya siendo Secretario de Gobernación (era el gallo o delfín para la sucesión del frívolo Vicente Fox), instrumentó el aleve desafuero en 2006, del entonces jefe de gobierno del DF (AMLO). Por ello, cuando habla, tiene sobre sí la sombra del calificativo que el mismo Creel inventó en aquel tiempo: sospechosismo. En consecuencia, hay razones para que en el círculo cercano de AMLO desconfíen de él. Quizás por ello éste deslindó: “No es retórica, es una convocatoria directa y respetuosa” de la dignidad oficial del mandatario, conforme sigue diciendo la nota de la revista semanaria.


Y aunque parezca raro, Creel afirma: “Lo que se pretende es, que estos últimos años de su gobierno sean exitosos en los grandes temas nacionales” o sea, en salud, seguridad, educación y combate a la pobreza. Bajo tal idea, agrega: “No buscaremos una provocación o un desencuentro”, y le da la seguridad de que tenga esa certeza, pues “Respetaremos su investidura presidencial”. El diálogo podría ser, “de manera directa o a través de sus representantes”, pues solo buscan el bien del país, lo que explicaría la adaptabilidad de su postura.


Subraya Creel: “Buscaremos que lo que está haciendo el gobierno funcione mejor y, lo que no está bien, nos opondremos de manera racional. Queremos que estos últimos tres años de su gobierno sean exitosos en los grandes temas nacionales”. Y remata con una frase persuasiva: “Yo no juego con la democracia. Para mí, México va primero”.


Ojalá el presidente acepte entablar ese diálogo y lo que parecía un sueño, una utopía, sea realidad, con lo cual, gracias a la civilidad y razonamiento político, ampliaría los horizontes de México. En caso contrario acreditaría definitivamente que, las oposiciones, a contrapelo de su labia, siguen blandiendo como bandera, la impostura y la hipocresía.




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