lunes, 15 de junio de 2020

Miguelito tiene dislexia 2. Primaria







Sandra Gómez


Estimado lector, en la publicación anterior, se revisó la definición de diccionario de la dislexia. Hoy hablaremos de las consecuencias en el aprendizaje a nivel primaria. La vida de un niño con dislexia es ciertamente difícil, es una discapacidad que a simple vista no se detecta y que afecta la vida académica del menor. Para la mayoría de los niños su centro de convivencia es la escuela, los amigos y en segundo plano la familia. En la primaria los niños (y adultos) son muy crueles y con frecuencia miden el rendimiento académico con el nivel alcanzado en la lectura y la escritura. Y (…), ¿adivina qué?; un disléxico ese es su punto débil.




¡No es justo!, diría Miguelito; y tiene razón. La mayoría de los adultos no estamos preparados para actuar frente a una discapacidad “invisible”. Permítame explicarme, para los casos de los niños con síndrome Down o problemas de psicomotricidad, su aspecto físico en algunos casos “frena” a las personas antes de usar palabras hirientes. Si bien los niños pueden ser crueles, cuando la discapacidad no es evidente para el buleador, atacar (discriminar) se le da con mayor facilidad; y si se suma a la conducta de intolerancia de los adultos alrededor, los ataques pueden terminar en conductas físicas agresivas.

En el sistema escolarizado convencional, leer y escribir son los puntos neurálgicos del proceso de enseñanza-aprendizaje; y justamente esto es lo que hace que en algunos casos se retrase académicamente un niño disléxico; ¡no es justo!, claro que no lo es, pero es así y hay que aceptarlo.
En estudios de caso desarrollados entre niños de la misma edad y algunos con dislexia, se aplicó un experimento: con apoyo de computadoras, se colocaron unos monitores con una luz direccional a la pupila del disléxico y se pudo determinar que sus ojos “brincan” al leer, lo que se traduce como una incapacidad para seguir el orden establecido para realizar una lectura (…); para un niño disléxico no solo es aprender a conocer e interpretar los signos para aprender a leer, a un niño con esta condición deberá aprender a controlar el musculo de sus ojos para “obligarle a estabilizarse”, al no ser natural esta acción le consume mucha más energía, en consecuencia lo agota al grado que prefiere no leer; el esfuerzo es mucho mayor que lo que sería para cualquiera de su edad. Un niño con dislexia termina seriamente agotado con una lectura, sentirá el impulso de alejar sus ojos por la “presión ocular” resultante.

Por otra parte, para escribir se requiere hablar. Munguía escribe que la lengua hablada se adquiere con éxito en los primeros años de vida sin ningún entrenamiento específico; por otra parte, la lengua escrita si requiere de un adiestramiento de un sistema alfabético y ortográfico. La mejor forma de desarrollar ambas es dentro de un contexto cultural en el que puedan ser aprendidas (Munguía, et. al; 2000, p.2).

¿Y que pasa cuando la dislexia está acompañada de una “ceguera verbal congénita? (Diccionario CE, 2002; p.435)”; lo que sucede es que se tiene un campo visual limitado, lo que traduce en una errónea discriminación de las tipografías. Para estos niños presentarles escritos en “times new roman” es ideal ya que este tipo de tipografía tiene “patitas”, que delimitan cada letra y en consecuencia les permite discriminarlas; en otras palabras, no confundirlas.

Acompañando a esta ceguera, en algunos casos también se encuentran deficiencias en el rango auditivo, lo que les impide discriminar adecuadamente los sonidos y los lleva a confundirse con facilidad. La combinación de estas deficiencias parciales les impide hablar claramente y en consecuencia directa escribir de manera eficaz y efectiva.



¿Los niños con dislexia pueden estar en una escuela regular?, sí; en todos los casos que conozco de primera mano, han estado en el sistema escolarizado con compañeros de su edad. 
Yo admiro de Miguelito: su perseverancia, el reconocer a su corta edad sus limitaciones y su trabajo para fortalecer sus habilidades como: la memoria y la personalidad carismática. Es evidente que logra la empatía con mayor facilidad que una persona promedio. Transformo su entorno y se adaptó. Su vida no ha sido sencilla, y ha logrado salir avante en sus proyectos acreditando sus materias, completando sus estudios. La fuerza de voluntad y el trabajo duro se ponen de manifiesto; con apoyo familiar, en un ambiente de tolerancia, una persona con dislexia puede “pasar desapercibido” si así lo desea, o sobresalir por sus habilidades como la memoria privilegiada y su liderazgo.

En la próxima les compartiré el desenlace (…). Cuidemos las emociones de nuestros hijos y/o alumnos, enseñémosles que todos somos diferentes y que ser diferente es sólo eso, sin mayores etiquetas. Trabajemos con las fortalezas del niño disléxico y consigamos el diagnostico con el médico especialista.  Los diagnósticos permiten que el niño y sus padres comprendas las limitaciones y se puedan adaptar; trabajando de manera colaborativa se puede lograr. No lo uses como excusa para abandonar la escuela, no tiene por qué ser así; crea las oportunidades para demostrar que sí se puede. La función de un maestro es variar sus estilos de enseñanza, de tal forma que sea incluyente con los estilos de aprendizaje; para el caso de los disléxicos se les facilita con apoyo visual utilizando una tipografía clara, audios; asimismo, es conveniente que utilicen una computadora activando el software de auto corrector (Hornsky; 2004, p.66). El padre debe aprender del tema y coordinar los esfuerzos para que el niño supere su discapacidad y logre integrarse a la sociedad de la manera más conveniente.

Hasta la próxima historia de vida, con cariño Sandra.


Referencias: Diccionario de Las Ciencias de la Educación. (2002). Edición especial para Educar, México D.F.; México.
Munguía, I; Munguía, M; Rocha, G. (2002). Gramática lengua española, reglas y ejercicios. Ediciones Larousse, México D.F.; México.
Hornsky, B. (2004). Guía completa de la dislexia, para familiares y educadores. Editorial Lectorum, México D.F., México.




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