domingo, 21 de junio de 2020

Orientaciones educativas de apoyo para los padres de familia








Mercedes Imelda Avalos Ruiz



La evolución de la sociedad a través del tiempo, de manera especial en la última década ha vivido vertiginosos cambios. Esto es más perceptible con la inundación de redes sociales que se cuentan en la actualidad. Para los jóvenes y no tan jóvenes, menores de 30 años, es casi inconcebible estar sin internet, sin televisión, sin aplicaciones para la computadora, etc.

A este primer punto, le agregamos que la necesidad de supervivencia y realización personal, además del progreso, han provocado que, en un clan cualquiera, ambos padres de familia trabajen para colaborar con la economía y adelanto de la estirpe.

Tomando en cuenta estas dinámicas que suceden en los diferentes núcleos sociales en que nos desenvolvemos e interactuamos de manera constante, no es difícil percatarnos de que los progenitores se encuentran ocupados en jornadas laborales, en las actividades prioritarias de cada día; como el vestir, calzar, cocinar, alimentar y muy pocas veces pasear, socializar y especialmente educar.

Los hijos han aprendido a ser “responsables” con sus tareas, autónomos en sus actividades y hasta independientes en sus pensamientos. Tanto así que, en la gran mayoría de los casos, se hacen acompañar de amigos “on line”, buscar experiencias que en el núcleo familiar ni se viven, se comparten o por lo menos se comentan. La “presencia ausente” de los padres, es carente de comunicación, empatía, atención y cuidado de las emociones. Sólo se comparte un espacio físico ciertas horas del día, pero se conocen lo mínimo los miembros que cohabitan.

Al final del día, cada quien siguió su ritmo, sus necesidades e intereses y empieza a acumularse cierto vacío, un dejo de soledad, ausencia y poca o nula convivencia.




La American Academy of Pediatrics (2016) afirma que, es importante tener en mente que el estrés del trabajo puede encontrar su camino a casa. Cuando los padres sienten que trabajan mucho o que no se les aprecia en su trabajo, podrían ventilar su frustración y enojo con sus hijos o entre ellos. Con frecuencia, la forma en que se supervisa a los padres en el trabajo se vuelve en la forma como ellos "supervisan" a sus hijos en el hogar. Finalmente, los padres tienden a animar a sus hijos para que desarrollen destrezas similares a los que ellos usan en su trabajo. Por ejemplo, los padres cuyos trabajos implican autonomía y la solución creativa de problemas, es probable que guíen a sus hijos hacia el mismo tipo de comportamiento, mientras que los padres cuyo trabajo recompensa la organización de la información o materiales, pueden valorar esas destrezas en casa.

Otro punto a considerar en la dinámica de interacciones familiar, laboral y educativa, es la participación de terceras personas en el proceso educativo de los menores. En el mejor de los casos, esos otros involucrados, son las personas de una estancia infantil o cuidadores que suplen y cubren la ausencia de los padres de familia y podemos decir que colaboran en su educación. Al fin que, suele suceder que pasen más horas en esos espacios que con sus padres. Otra vez se torna relevante e indispensable la participación de un agente educativo como los docentes o educadores de estancias infantiles o “guarderías”, para cuando ya cubren los pequeños el horario de una escuela formal o las actividades extraclase que se imponen al chico, para que aprenda algo más y ocupe su tiempo. Ahora, cuando el adulto con el que queda a manera de resguardo los menores en que los papás trabajan, puede ser la vecina, tía o las abuelas; por demás cariñosas, de buena voluntad, pero no siempre con estrategias educativas ni correctivas para el aprendizaje y la conducta.

Por lo tanto, en esta reflexión se invita a los padres de familia a implementar estrategias de convivencia de calidad con sus frutos, dedicación para el apoyo a sus tareas escolares, acercamiento afectivo, atención a sus intereses y necesidades no sólo físicas y fisiológicas. De sobra sabemos la necesidad de que ambos padres trabajen, por infinidad de razones, y que requieren que alguien comparta y ayude con el cuidado de los hijos.

Pero, si se requiere más conciencia sobre la relevancia que adquiere la calidad del tiempo que dedican a sus descendencias, conocer sus preferencias, intereses, amigos, responsabilidades, ambiciones, etc. Tratando de evitar el mal humor, revisar tareas, escuchar a los pequeños, compartir experiencias y haciendo a un lado los problemas laborales para atender de la mejor manera las necesidades de la familia en general, de cada chico en particular, demostrando el afecto que les une con cariño y atención.

En un momento dado, si los padres de familia no se les ocurre como atender a sus hijos después de un  día cansado en el trabajo, con tanta demanda de atención que ellos requieren y dejando de lado los problemas laborales y las diferencias entre parejas, agrego aquí una breve lista de sugerencias y también, si se acercan con los maestros de sus hijos, de seguro les ayudarán a elegir la más acertada para los intereses de ellos, dependiendo su edad madurativa e incluso a inventar cosas simples para hacer y disfrutar en familia.

Ver una película del interés de los hijos con unas palomitas
Elaborar su postre favorito y degustarlo en compañía unos de otros
Usar libros de colorear de manera colaborativa
Leerles un cuento antes de dormir
Ayudarles a hacer una casa de campaña en el patio de la casa
Dormir todos juntos en la sala
Hacer una pijamada
Elaborar alguna manualidad, como pintar, recortar, cocer
Ponerse a cocinar juntos algo sencillo
Llevarlos a visitar algún amigo o familiar del agrado de los hijos, no sólo de los adultos
Revisar juntos el closet, para desechar lo que ya no les queda y canjearlo con alguien
Elaborar y jugar con aviones y barcos de papiroflexia, plastilina o masa
Enseñarles a divertirse con juegos tradicionales, como escondidas, bebeleche, cuerda, trompo, etc.
Hacer pinturas con elementos naturales como hojas, flores, cáscaras de frutas
Hacer títeres con guantes o calcetines y platicar con los hijos por medio de los personajes
Competir en la resolución de operaciones matemáticas, crucigramas, palabragramas, códigos secretos
Participar en una sesión de juegos de mesa
Hablar de “cosas de susto”, fantasías, leyendas, historias familiares

Espero sea de utilidad las sugerencias, que de verdad los padres de familia hagan un esfuerzo por compartir tiempo de calidad a los hijos para poder apoyarles en su desarrollo emocional equilibrado y no sólo preocuparse por lo intelectual. Apoyarle en su integración a la sociedad de una manera amable, despertando sus intereses cimentados en valores y con la confianza de que sus papás, independientemente de sus problemas y ocupaciones, harán un espacio para estar y departir con ellos, que les quede claro que su lugar seguro durante la infancia es al lado de sus padres y en ellos encontrarán la fortaleza y seguridad que necesitan para desarrollarse de manera plena y feliz. Y así, cuando lleguen a la edad adulta, puedan no sólo ser sus padres, sino sus amigos y un buen ejemplo a seguir.

Cerremos con la opinión de Ángela Villalobos, Psicóloga infantil que en su plataforma PsicoEduca (2018) dice de ser padres y el tiempo de calidad: “Para los adultos el tiempo de calidad produce satisfacción y nos aleja del ajetreo y movimiento de la vida cotidiana. Por si eso no fuera suficiente para los más pequeños pasar tiempo de calidad en familia les proporciona la tranquilidad y sensación de confort que se genera cuando el adulto le atiende en exclusiva, además, también reduce sus posibles preocupaciones. En definitiva, revisemos nuestros hábitos y la manera en que enfocamos el tiempo compartido y modifiquemos todo aquello que pueda suponer tiempo vacío que da la falsa sensación de tiempo en familia y que en realidad nos deja con la sensación de tiempo perdido y no nos reporta nada. Cambiemos este tiempo y llenémoslo de tiempo de calidad con sonrisas, afecto y ganas de disfrutar juntos.”

*Asesora en el Centro de Actualización del Magisterio



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