lunes, 8 de junio de 2020

El Llamado Salvaje








Cine sin Memoria




José Luis Vivar



Jack London es una leyenda. Al menos es lo que dicen la mayoría de sus admiradores. No exageran. Además de ser un extraordinario escritor, fue periodista, integrante del partido Socialista, desempeñó toda clase de oficios, y se caracterizó por ser un viajero incansable. Todo eso, en los escasos cuarenta años que vivió. Aunque fue un alcohólico consuetudinario, el certificado de defunción mencionaba Uremia como causa de muerte. Otros atribuyen a una sobredosis de morfina, la cual utilizaba para mitigar los fuertes dolores que sentía. Sin embargo, nada de eso importa cuando dejó libros que hoy son clásicos.

            Ante la crítica de sus detractores que lo juzgan limitado porque casi toda su obra se centra en historias relacionadas con animales y vida salvaje -Lobo de mar, Colmillo Blanco, son ejemplos-, algunos autores contemporáneos como Stephen King lo mencionan como un gran autor universal, porque la riqueza de este escritor radica en la calidad de su lenguaje no en la temática, que finalmente es muy variada.

            Una de esas historias es El Llamado Salvaje (The Call of the Wild), publicada en 1903, y considerada una de sus mejores novelas. Ambientada en Yukón, Alaska, cuenta la vida de un enorme perro llamado Buck, una mezcla de San Bernardo cruzado con Collie, que vive aventuras increíbles, y cuyo final es conmovedor.

            Tal ha sido su éxito que, desde hace tiempo la mencionada novela ha sido llevada a la pantalla. Existen diferentes versiones, como la de William Wellman de 1935; o la de Jerry Jemeson de 1976; incluso, hay una muy buena de Peter Svatek de 1997. Lamentablemente, ninguna de ellas había sido una fiel adaptación de la historia de Buck. De modo que tuvieron que pasar muchos años para que, al fin, pudiera presentarse una película que realmente fuese una fiel adaptación de principio a fin de la obra de Jack London.




            El llamado Salvaje (The Call of the Wild, Chris Sanders, 2020), protagonizada por Buck, un perro generado por efectos visuales por computadora (CGI), y Harrison Ford, comienza en el tranquilo pueblo de Santa Clara, donde el mencionado can es la mascota consentida del juez Miller, en cuya casa tiene la libertad de hacer toda clase de travesuras. Por esos días, la fiebre del oro en Yukón, Alaska, convoca a miles de personas de diferentes partes del país y del extranjero para ir en su búsqueda.

Pero desplazarse entre la nieve no es fácil, se necesitan perros que conduzcan los trineos. Así que en todos los periódicos estadounidenses se anuncia que se compra toda clase de caninos de raza grande. Un sujeto sabe que en la casa del juez hay uno con esas características, y sin dudarlo acude una noche para robarlo. De esa forma el destino de Buck cambia totalmente, y adaptarse a esa nueva vida no será nada fácil. Primero al lado de la pareja de carteros Perrault (Omar Sy) y Françoise (Cara Gee), quienes llevan la correspondencia de un lugar a otro de esa inhóspita región; y más tarde con John Thornton (Harison Ford), un hombre solitario que a diferencia de los demás viajeros no va en busca del precioso metal sino liberarse de sus propios demonios y matar la tristeza de haber perdido a hijo.

Con una fotografía impecable a cargo de Janusz Kaminski (dos veces ganador del Oscar por La Lista de Schindler y Rescatando al Soldado Ryan, ambas de Steven Spielberg), y una “actuación” magistral de Terry Notary, quien actúa como base para crear las imágenes de Buck, se presenta una historia emotiva, de retos fuertes y lecciones de nobleza animal, que es precisamente lo que trasmite la novela de London.

Algunos críticos han señalado que la película no es del todo auténtica por presentar un perro animado, sin tomar en cuenta que en el fondo lo que importa es la historia de lo que sucede desde el punto de vista de Buck, analizando la naturaleza humana, así como el comportamiento de los de su propia especie, y de los lobos salvajes. Además, según el propio director sería imposible encontrar diferentes perros para que hicieran los diferentes estados de ánimo del perro protagonista.

El Llamado Salvaje es una película entretenida, a ratos dramática por lo que viven sus personajes, y deja satisfechos a los lectores porque en esencia es la misma que hace más de cien años escribiera Jack London, donde rinde tributo al amor, a la nobleza y la fidelidad de los perros.



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