martes, 5 de diciembre de 2017

Este producto es mío

                       

Samuel Gómez Patiño

Son impresionantes las imágenes que cada Black Friday podemos ver a través de los noticieros o las redes sociales de personas luchando por un producto, situaciones de verdaderas peleas por comprar algo que está en oferta y en algunas ocasiones de heridos o muertos por la frenética reacción de los consumidores.




            El Buen Fin, estrategia comercial ideada en el sexenio pasado, es una copia de la ya mencionada del Black Friday, aunque con la salvedad de durar más tiempo en México como en esta ocasión del 17 al 20 de noviembre y, todavía con la desconfianza en las empresas de que sean verdaderas las ofertas y en algunos casos con organizaciones que no terminan con comprender la oportunidad de poder ganar en este periodo no sólo utilidades, sino a los consumidores generando confianza y si lo trabajan bien hasta su lealtad.
            Se abre la puerta del establecimiento y se ve en las imágenes personas entrar sin control tirándose sobre lo primero que ven sin saber exactamente que es. Una señora intercambiando golpes por unos pantalones, niños entrenados para correr sobre los productos y llenar los carritos, el caos total con clientes haciendo fila para pagar y ahí mismo escogiendo que se llevan y que dejan, y en algunos casos con días de anticipación haciendo fila para ser los primeros en ingresar a la tienda con sus casas de campaña en las afueras de las empresas; en fin el frenético consumismo en toda su extensión.

            Para algunos es como una profesión el cazar las ofertas y salir triunfante con algo en sus manos aunque no lo necesite. La semana anterior les comentaba que deberíamos convertirnos en consumidores inteligentes, es decir cuando tengamos una necesidad debemos identificar que satisfactor puede cubrirla, investigar no sólo el precio (buscando el más barato) sino las otras cualidades que pueden evitar un desaguisado cuando no cumple con las especificaciones requeridas, como las garantías, el uso que le queremos dar, la calidad buscada, etc.; por supuesto, ya tenemos muchos productos que nos tienen convencido y sería muy difícil sustituirlos por otros, pero siempre encontraremos necesidades que cubrir y nuevas ofertas que aprovechar.

            Dicen que llenamos los huecos del alma, como el amor, la paz, la alegría que no tenemos con bienes materiales y por eso compramos muchos zapatos, ropa u otros objetos que nos hacen sentir momentáneamente bien, pero que al pasar la ilusión nos volvemos a deprimir. Nos estamos volviendo literalmente, chicos materiales; hay que recordar que finalmente aprendimos de nuestros padres primero, y en algunos casos los regalos eran una forma de disculparse por no pasar más tiempo con nosotros. Llenaron los huecos del alma con objetos materiales y replicamos comprándonos cosas que sigan cubriendo nuestras deficiencias personales.

            El mercadólogo conoce que compramos más emocionalmente que racionalmente, trabaja dándonos experiencias que nos muevan los sentimientos, no importa si no reflexionamos sino que reaccionemos y compremos. El 14 de febrero tenemos que regalarle a la persona amada o al amigo y nos mueve el sentimiento hacia la novia o la compañera de tú vida; festejamos a  mamá más que a papá, es más emocional alagar a la madre que al padre; la fiestas decembrinas y de año nuevo son los momentos para la reflexión y compartir con nuestros familiares momentos de paz y unión, y no falta intercambiar regalos y momentos especiales, las experiencias refuerzan nuestros sentimientos.

            Todavía recuerdo la sensación cuando compre mi actual carro, un Jetta nacional de la Volkswagen en diciembre de 2006; por fin estrenando un carro de agencia; la emoción de mi familia cuando salimos en el a pasear, el aroma a nuevo hizo especial que estrenáramos ese auto y, contrario a lo que algunos pensaron, lo compre con crédito bancario a 4 años.

Acaba de ser promovido para administrar la Facultad donde todavía trabajo, por lo que obtuve una compensación que permitió que ganará un poco más mensualmente que me dio la oportunidad de poder pagar las mensualidades, además consulte en varias agencias para saber si se podían adelantar pagos o por lo menos pagar a capital sin ser penalizado, por lo que la Volkswagen y el Banco Scotiabank me dieron esa oportunidad y nos decidimos por ese auto.

            A través del tiempo he tenido varios carros, pero este fue el primero de agencia y lo compramos analizando las opciones y aprovechando la promoción en el trabajo, que nos dio la oportunidad de adquirirlo. Y tú, ¿ya planeaste la próxima compra?

            La próxima semana, ¿Cuánto aprendes de tus errores?
             
              Me gustaría leer tú opinión, puedes escribirme al correo samuelgomez@uabc.edu.mx o en Facebook: Samuel Gómez Patiño

*Vicepresidente Educativo del Club Toastmasters Ejecutivos de Tijuana
Licenciado y Maestro en Administración de Empresas
Catedrático en la Facultad de Contaduría y Administración, en Tijuana

Universidad Autónoma de Baja California

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