jueves, 4 de junio de 2020

Más caro el remedio que la enfermedad







Víctor Hugo Prado


Frente al virus que no tiene fecha en el calendario para desaparecer del mapa, el país retomó las actividades económicas, en casi todos los órdenes. Se notó un aumento sustancial en la movilidad, olvidando que no se acabó la pandemia, tampoco las restricciones necesarias de movilidad en los espacios públicos, hoy con la responsabilidad entregada a los gobiernos de los estados como autoridades sanitarias, el número de contagios sigue creciendo y seguirá haciéndolo. Hasta hoy suman 93, 435 contagiados acumulados, de ellos, han fallecido 10, 167 personas. El “detente” implorado por el presidente con la frase “detente enemigo, que el corazón de Jesús está conmigo” no ha surtido efecto.    

Al día de hoy, el país se encuentra con semáforo en rojo, lo que significa que en esta etapa únicamente se permitiría adicionar la reactivación de la minería, construcción y fabricación de transporte. No está siendo así, hoy está abierto todo o casi todo, resistiéndonos a la nueva normalidad.

No es para menos, la desesperación de las personas para regresar al trabajo, por recuperar el ingreso está llegando a su límite.  Recordemos que alrededor de un millón de personas han perdido el empleo, y millones han reducido severamente sus ingresos. La proyección de la caída del PIB del 7.5 % representa pérdida de inversión, ingreso y bienestar de las personas.




Hoy se entrega a los estados una responsabilidad sanitaria en un ambiente corroído y desprotegido, así lo evidencian muchas protestas de los profesionales de la salud. En ese ambiente han imperado las descalificaciones a quienes piensan distinto, con la ciencia desdeñada, con un sector salud culpado de que sus rezagos y mal funcionamiento fueron por obra de los antecesores, puede ser, pero a un año 8 meses se pudo hacer mucho por dignificarlos.

Hoy con semáforo rojo se entrega la responsabilidad a las entidades y sus gobiernos en un ambiente crispado entre el gobierno federal y los estatales. Las interacciones y acuerdos entre gobernantes del nivel federal y estatal, para generar oportunidades y solucionar los problemas de los ciudadanos, y para construir instituciones y normas necesarias para generar esos cambios, no ha prosperado.

Han importado más las obras simbólicas y faraónicas del gobierno federal que el rescate de los millones de micro, pequeños y medianos empresarios afectados por la pandemia. Sin pretender ser agorero, si debemos tener presente en el horizonte que las dificultades de la pandemia y sus consecuencias económicas y sociales está generando un clima de desesperación entre los muchos que no reciben ingresos, pero que si tienen egresos y que sus consecuencias pueden ser fatales. A la crispación social hay que tomarle la temperatura, no vaya a ser que nos resulte más caro el remedio que la enfermedad.


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