jueves, 10 de noviembre de 2022

Por qué no a la reforma electoral


  

Víctor Hugo Prado

 

 

En el primer día de noviembre,  José Woldenberg,  político, investigador y académico mexicano, expresidente del IFE, autor de más de diez libros sobre temas políticos y una de las voces más calificadas en temas de transición democrática en el país, publicó el artículo en  El Universal, al que llamó No a la reforma electoral, un texto que de forma clara y entendible, expone de manera contundente por qué no debe aprobarse la reforma que pretende impulsar el Presidente de la República, su partido y aliados. Que he tomado para este comentario, el cual sintetizo:

 


1.      No conviene alinear al Instituto a la voluntad presidencial. La autonomía es necesaria para contar con una autoridad que ofrezca garantías de imparcialidad a todos.

2.      Al acabar con los institutos y tribunales locales se desconoce que somos una república federal (no centralista), el INE, no podría hacerse cargo de las elecciones locales.

3.      Se pretende debilitar a los partidos opositores cancelando el financiamiento público “ordinario”, de tal suerte que solo recibirían recursos en los años de elecciones federales.

4.      Se quiere quitar al INE la confección del padrón, para entregárselo (imagino, dice él) a la Secretaría de Gobernación. Lo que puede ser un retroceso en la construcción de la necesaria confianza.

5.      A diferencia de las ocho reformas aprobadas desde 1977, ahora el motor de la misma no son las exigencias de los partidos opositores, sino los deseos del presidente.

6.      Lo óptimo es que los cambios sean con el consenso de los partidos, que las regulaciones cuenten con el aval de todos los “jugadores”, mientras que lo que hoy se busca son los votos suficientes para aprobarla, aunque un buen número de formaciones políticas estén en desacuerdo.

7.      México, por su diversidad, no puede privarse de contar con un organizador electoral imparcial y unos tribunales no alineados capaces de desahogar la espiral contenciosa.

8.      Como dice la sabia conseja: “lo que funciona no lo toques” y menos lo destruyas.

9.      Las instituciones electorales son el soporte de nuestra germinal democracia. Convertirlas en correa de trasmisión del poder presidencial acabaría no solo por desfigurarlas a ellas sino a nuestro régimen político.

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La democracia es el único régimen capaz de cobijar la diversidad política-ideológica que modela a México. Y en ese terreno se juega con fuego si se pretenden regresiones.


Por ello, estoy cierto que debemos defender al INE, no podemos permitirnos regresar al México de los 50 y 60 del siglo pasado. Cuando existió una presidencia sin contrapesos institucionales, en la cual la prensa estuviera alineada a la voluntad presidencial y los órganos electorales fueran un apéndice del gobernante en turno ¿usted qué opina?

 




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