Fernando
G. Castolo*
La
incertidumbre y la especulación son los enemigos a vencer en medio
de un panorama asistido de fragilidades emocionales. La Ciudad
desierta está atenta a los comunicados oficiales que se presentan
como oleajes. Algunas noticias elevan sus aguas borrascosas a niveles
temerosos; en cambio, mar adentro, existen las bellas ondinas que se
tornan esperanzadoras en aguas apacibles. La Ciudad desierta, por
recomendaciones de la autoridad, se encuentra amodorrada, aflojerada,
después de un sueño perturbador, psicosis que permea en los
pensamientos del común poblacional. A veces la imaginación supera
realidades.