domingo, 7 de junio de 2026

Una carta transcendental

 



Pedro Vargas Avalos


La actividad de escribir para enviar mensajes es de gran utilidad, aunque estemos en los tiempos del internet y el WhatsApp, cuyo neologismo en español es wasap, vocablo que algunos puritanos del castellano quieren sea “guasap”.



A través de la historia han sido múltiples las cartas que, sobre distintas materias, se han hecho célebres. Las hay -por solo enumerar algunos ramos- de políticos, conquistadores, colonizadores, músicos, escritores y hasta de niños. En el caso de nuestra nación, tenemos las de Miguel Hidalgo, Vicente Guerrero, Agustín de Iturbide, del Benemérito Benito Juárez, de Porfirio Díaz, que incluye la singular misiva de Evaristo Madero, el abuelo del apóstol de la democracia Francisco I. Madero, dirigida al dictador y criticando a su nieto.

Desde la época de la conquista, las cartas fueron muy utilizadas. En la capital del país, por el controvertible Cortés, y aquí en Jalisco arrancan con las enviadas por Nuño Beltrán de Guzmán al emperador hispano Carlos I, y luego las elaboradas por varios soldados que lo acompañaron en la conquista del Nuevo Reyno de Galicia, el nombre impuesto por los invasores del territorio que antiguamente se denominó Xalixco, abarcando extensas colindancias. Esos escritos se publicaron por el bien recordado cronista de Guadalajara, José Luis Razo Zaragoza en 1963, habiendo una reedición de 1982.

Más recientes, y aquí en nuestro terruño, entre otras epístolas recordamos la que escribió, dirigida al dictador Díaz, el gobernador Francisco Tolentino (el que puso el reloj de Palacio de Gobierno), adversario del Gral. Ramón Corona, para evitar que este llegara a ser gobernante de nuestro Estado, que por fortuna no tuvo eco favorable, pues el autócrata veía imposible evitar el triunfo electoral de divisionario jalisciense, que de esa manera presidió exitosamente los destinos de su tierra nativa.

En fin, cartas las hubo y las habrá jorque lo escrito es más duradero que el bronce. Y así llegamos a las cartas que ha escrito el expresidente Andrés Manuel López Obrador (Amlo), el mayor líder político del México contemporáneo, pésele a quien le pese. La primera se fechó el uno de marzo de 2019, y la segunda apenas se conoció el pasado miércoles tres de junio.




Recordando el documento inicial, Amlo lo remitió al monarca de España, Felipe VI, y allí le dice que ya envió a Su Santidad Papa Francisco, otra carta similar, aunque con otro fundamento, para que se declararan los abusos que hubo en el tiempo de la Conquista de México. En lo medular, el exmandatario azteca menciona que “la incursión encabezada por Cortés a nuestro actual territorio fue sin duda un acontecimiento fundacional de la actual nación mexicana, sí, pero tremendamente violento, doloroso y transgresor; comenzó como un acto de voluntad personal contra las indicaciones y marcos legales del Reino de Castilla y la conquista se realizó mediante innumerables crímenes y atropellos; así lo aprueban los cargos fincados por la justicia española al propio Cortés en los Juicios de Residencia a los que fue sujeto (1518-1547), de los que es emblemático el encarcelamiento y asesinato de Cuauhtémoc, último mandatario azteca, en 1525.”

Los abusos prosiguieron durante la Colonia y se acentuaron en 1810-1821 durante la cruenta guerra de insurgencia. Luego vino un intento de reconquista y enseguida la renuencia para reconocer la independencia de México. Por lo anterior, -escribió Amlo-, “el Estado que presido no pide un resarcimiento del daño en pecuniario de los agravios que le fueron causados por España ni tiene el propósito de proceder de manera legal ante los mismos; en cambio, México desea que el Estado español admita su responsabilidad histórica por esas ofensas y ofrezca las disculpas o resarcimientos políticos que convengan.” Nunca hubo una respuesta a esa carta, aunque recientemente, el rey español y el presidente del gobierno (Pedro Sánchez) reconocieron los abusos cometidos.






La segunda carta que nos ocupa es la que se dio a conocer la semana pasada. Esta se emitió con motivo de las presiones que la derecha nacional y extranjera han venido haciendo contra el gobierno de la actual presidenta, y muy específicamente en relación con la conducta amenazante del pelinaranja ocupante de la Casa Blanca, Donal Trump. El proemio de la carta así lo expone: “MI APOYO SIN CONDICIONES A LA PRESIDENTA CLAUDIA SHEINBAUM PARDO Y UNA RESPETUOSA REFLEXIÓN SOBRE EL PRESIDENTE DONALD TRUMP.” Por cierto, la jefa de la República, ya agradeció ese apoyo y reiteró que jamás habrá división entre ella y su antecesor.

Con sentido certero, el exmandatario mexicano asienta que, en las embestidas estadounidenses, se utilizan “las prácticas intervencionistas y nada escrupulosas de siempre, ahora con el pretexto del combate a la migración y al narcoterrorismo”. Y eso es -afirma- con inequívoco objetivo político electoral, agregando: “Para ser más claros: algunos funcionarios de Estados Unidos están tramando debilitar a Morena y fortalecer a la oposición de derecha en México con la idea de volver a disponer de un gobierno entreguista, corrupto, mafioso y cruel y, por lo mismo, vulnerable, subordinado y fiel a sus designios intervencionistas. Además, confían en que podrán engañar de nuevo a muchos ciudadanos estadounidenses con la táctica propagandística hitleriana de repetir y repetir mentiras, con miras a las próximas elecciones de noviembre, para seguir culpando a México de todos y cada uno de sus males.” Luego señala el tabasqueño: “me llama la atención…el sorprendente cambio de actitud del presidente Donald Trump, en especial en la relación con México. Hablando de lo que me consta y puedo probar, el Trump de ahora es distinto al que traté. En mi experiencia, fueron varios los asuntos que resolvimos, en bien de nuestros pueblos, mediante el diálogo argumentado y sin confrontación.”





Es más, tras enumerar varios asuntos en que dialogando con respeto se llegó a acuerdos benéficos para los pueblos de los dos países, revela Amlo: “Aquel Donald Trump, en un acto público que celebramos en la Casa Blanca, reconoció que los migrantes mexicanos eran trabajadores y contribuían al desarrollo de Estados Unidos. Por eso me intriga y me pregunto: ¿Por qué cambió tanto, en pocos años, el presidente Trump?

La idea de Amlo al respecto es de llamar la atención: “atribuyo el sorprendente cambio de Trump a sus falsos amigos y consejeros internos y del exterior que lo han estado embarcando en viles y siniestras aventuras. Por lo mismo, no descarto –y deseo– que el presidente Trump rectifique; ojalá que vuelva a gobernar como antes, con entusiasmo, de manera personal, no delegando lo fundamental, confiando en su juicio práctico y en su instinto certero, y que mande al carajo a las rémoras que lo rodean y azuzan, trátese de quien se trate, sean paleros, manipuladores, caciquillos, vividores, ladrones, polizontes, tinterillos, especuladores, filibusteros, potentados, trepadores o malvados.”





En consecuencia, la frase final de esta carta que reseñamos fue de lo más publicitado por comentaristas y prensa de ambas naciones: “Por el bien de todos, que regrese el otro Trump”. Es decir, el del presidente de los Estados Unidos de Norteamérica a quien “le interesa más la historia que el cargo y no le gustaría ser recordado como responsable de una crisis económica y de bienestar social que además causara la pérdida de elecciones a su partido y, sobre todo, el ser identificado como un mandatario atrabancado que se peleó con casi todo el mundo, incluido el Papa y hasta con sus vecinos de Canadá y México, nuestro querido país de donde son originarios 40 millones de personas que viven, luchan con creatividad y trabajan honradamente en Estados Unidos”.

Creemos que es muy cierta la conclusión de esta trascendental carta, para bien de toda la América del Norte y en general del mundo entero.


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