Pedro Vargas Avalos
Estamos por terminar el mes de mayo, la época de las flores y
el espíritu donairoso. La treintena está plagada de efemérides de
sumo interés para los mexicanos; sin embargo, un aspecto que reviste
importancia especial para los jaliscienses es la pléyade de paisanos
nuestros que destacaron en variadas actividades, desde la política,
la literatura, las destrezas, lo artístico, el periodismo y lo
patriótico. La jalisciensitud en su cúspide.
Si comenzamos por hacer una revisión de las celebridades que nacieron en esta estación primaveral, cuando el sol refulge con esplendor y la alegría brota a raudales, nos detendríamos en dos cumbres de las letras: Juan Rulfo y Agustín Yáñez.
Juan Nepomuceno Carlos
Pérez Rulfo Vizcaino, vino al mundo -16 de mayo de 1917- en el
antiguo Tzaulán, (Sayula) aunque él siempre se dijo oriundo del
cercano San Gabriel. Es autor de El llano en llamas (1953) y Pedro
Páramo (1955), así como del guion cinematográfico El Gallo de Oro,
llevado a la pantalla grande por el director Roberto Gavaldón -en
1964- con las extraordinarias actuaciones del sobresaliente Ignacio
López Tarso, la guapa Lucha Villa y el recio Narciso Busquets. Talpa
fue otro éxito cinematográfico (1956) basado en el cuento rulfiano
de ese nombre: en esa cinta lució el actor nativo de Tala, Víctor
Manuel Mendoza. La obra de Juan Rulfo es trascendente y admirada en
todo el mundo. En Jalisco deberían impulsarse las letras creando los
certámenes literarios “Rulfianos” que serían, con base en
México y particularmente nuestro terruño, lo que el premio
Cervantes español es para Latinoamérica.
Otro enorme escritor
tapatío lo fue Agustín Yáñez, nacido el 4 de mayo de 1904 en el
barrio del Santuario de la Perla de Occidente. Su estilo es de un
sabor inconfundiblemente jalisciense. Descripciones, costumbres y
refranes de nuestra gente lo caracterizan. Su destreza en el manejo
de las letras es sencillamente genial. El crítico guadalajarense
Emmanuel Carballo, nos dice: "Yáñez encuentra su mundo y se
encuentra a sí mismo... La provincia nos abastece de paisajes, nos
enseña a conocer a los hombres... encuentras en ti un bosque vivo,
con su olor, sus murmullos en la noche”. Muchísimas son las obras
de Yáñez, pero muy destacadamente podemos hablar de la trilogía
que proyecta a nuestros lares: Al filo del agua, La tierra pródiga y
Las tierras flacas.
Ahora pasemos a la heroicidad. El 23 de
mayo recordamos el sacrificio -en 1812- de Don José Antonio “el
Amo” Torres, libertador de Nueva Galicia tras su esplendoroso
triunfo de Zacoalco (por eso en su honor esta bella población ahora
es “de Torres”) en el vecindario que conocemos como Santa
Catarina, de ese municipio, el 4 de noviembre de 1810. Con esta
victoria, el Padre de la Patria renovó su voluntad libertaria y se
vino a Guadalajara, en donde escribió la segunda etapa de su
fulgurante lucha por la independencia nacional. Nos dice el Romancero
Nacional: “Érase don José Antonio/ labrador recto y honrado/ con
un alma muy más limpia/ que la nieve copo blanco;/ tan noble como
valiente, / tan fino como esforzado, / dulce con los infelices, / con
los vencidos humano.”
Evoquemos que aquí, Hidalgo, entre
otras cosas, forjó el primer gobierno independiente mexicano, abolió
la esclavitud, publicó el primer periódico independiente mexicano
(El Despertador Americano), y reavivó la lucha por la libertad. En
el lugar donde los tiránicos ibéricos sacrificaron cruelmente al
Amo Torres, frente al actual mercado Corona, se levanta su estatua.
Allí se le debe a diario rendir culto a su singular hazaña.
El
periodismo produjo a tres personajes de relevante mérito, uno del
siglo XIX (Ignacio Cumplido) y dos de nuestro tiempo: Víctor Hugo
Lomelí y José Luis Meza Inda. El primero, Don Ignacio Cumplido
nació en Guadalajara el 20 de mayo de 1811, fue hijo del distinguido
matrimonio compuesto por don Antonio Cumplido y doña Josefa Maroto.
Deseoso de progresar en el arte tipográfico, se fue a México y
dirigió el Correo de la Federación, periódico de ideal liberales y
muy democráticas. Fue a Estados Unidos y se perfeccionó en el arte
de imprimir, publicando el famoso periódico “El Siglo Diez y
Nueve” que tuvo 55 años de vida a partir del 8 de octubre de 1841,
hasta su último número, fechado el 15 de octubre de 1896: esas
páginas, son la historia día a día de la nación. Invariablemente
innovó su imprenta para estar al ritmo de lo más moderno. Decidido
a impulsar la cultura, editó el ‘Ingenioso Hidalgo Don Quijote de
la Mancha' en 1842, que ha sido clasificada por los especialistas
como de gran valor bibliográfico, ilustrativo y técnico. El tapatío
Cumplido tenía gran sentido patriótico, por lo que participó como
voluntario en la defensa de la ciudad de México durante la infausta
guerra que desató Estados Unidos contra nuestra Patria en 1847.
Notable filántropo, fundó en su propia casa un colegio de
impresores para jóvenes huérfanos, carentes de fortuna. Cuando
incursionó en la política, fue diputado federal y posteriormente
senador, defendiendo las causas de los humildes y los desvalidos.
Cumplido significa la elevación de lo que debieran ser los
periodistas-empresarios de la actualidad.
Por lo que ve al
laguense Víctor Hugo Lomelí, se constituyó en una institución
viva en el diario El Informador a través de su columna semanal
“Agenda de la Cultura”. En ese rotativo se desempeñó como
reportero, columnista y encargado de la sección editorial. Su pasión
por la cultura lo hizo trabajar con ahínco para difundir los valores
jaliscienses. Había nacido en la Atenas de Jalisco, Lagos de Moreno,
el 12 de mayo de 1935. De sus producciones, recordamos “Flotar de
Palabras”, Los Barrios de Guadalajara y en 1988, su afamado libro
“Guadalajara: Historiade una Vocación”. De excelente estilo,
elocuente hablar y fraternal trato, este gran cronista es símbolo
del periodismo jalisciense contemporáneo. Aquí mencionamos a José
Luis Meza Inda, (Guadalajara, 21 de mayo de 1937) otro destacado
periodista jalisciense a quien le tocó proseguir la tarea de Lomelí
y se distinguió por su peculiar estilo narrativo, su forma pulida de
escribir y por ser esmerado crítico literario.
Dos artistas
reconocidos vienen a nuestra mente: Amado de la Cueva, pintor, y el
escultor Miguel Miramontes. El primero (nacido el 6 de mayo de 1891
en la capital de Jalisco) fue miembro del famoso Centro Bohemio
tapatío de principios del siglo XX; estudió en Europa lo relativo
al Renacimiento. En México trabajó con Diego Rivera, con David
Alfaro Siqueiros y en Guadalajara, pintó los murales de la antigua
Universidad de Guadalajara, hoy Biblioteca Iberoamericana. Fue
director de la biblioteca del Estado en 1924, y lastimosamente murió
dos años después.
Por lo que ve a Miguel Miramontes Carmona,
de los tiempos modernos, es quizás el mejor forjador de monumentos:
las estatuas de la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres, en su
mayoría fueron obra de él. Nació en la Perla Tapatía el 8 de mayo
de 1918. Estudió en la Escuela Nacional de San Carlos y fue ayudante
del escultor Juan Olaguíbel, sobre todo en la obra a los Niños
Héroes de Guadalajara, donde varias de las figuras son del talento
de Miramontes. Su catálogo de estatuaria rebasa las 400 piezas,
diseminadas en Jalisco y la República. Maestro por varias décadas,
ya octogenario se fue a Chapala, donde hizo varios trabajos y allí
falleció en 2015.
Siendo muchos los personajes que nacieron en estas tierras durante mayo, solo nos resta, para no dejar de mencionarlos, enlistar a los siguientes, que desde luego no son todos. Entre los religiosos, está San José Ma. Robles, nacido el 3 de mayo en Mascota y canonizado el 21 de mayo de 2000.
Como estudioso del derecho y de la Geografía, tenemos al tapatío Carlos Benítez Delorme (7 de mayo de 1897) y al ilustre Eufemio Menoza Alonso (Guadalajara, mayo 10 de 1840). Este además dominaba la historia y el idioma náhuatl, siendo maestro, director de la Biblioteca del Estado y autor de varias obras. Revolucionario relevante fue el general Jacinto Cortina (Sayula, 11 de mayo de 1870) quien defendió al maderismo y luego se afilió al villismo. Otro, que aunque nació en Santa María del Oro, actual Nayarit, cuando nació esa localidad era jalisciense, fue Esteban Baca Calderón (5 de mayo de 1876) compañero de Manuel M. Diéguez, tanto en Cananea como en la revolución en Jalisco. Un científico muy reconocido fue el médico Juan Salvador Agraz, nacido en Talpa el 17 de mayo de 1809, enaltecido por su ciencia y su generosidad, tanto en su tierra como en Guadalajara.
Un líder
obrero muy recordado, fue Francisco Silva Romero, nacido el 18 de
mayo de 1908 en esta ciudad tapatía. La charrería, el deporte
nacional por excelencia y en el cual Jalisco es líder indiscutible,
tiene en Andrés Z. Barba a uno de los impulsores más sustanciales
en el ramo. Era nativo de Tepatitlán (22 de mayo de 1889) y desde
1946 fue presidente honorario vitalicio de Charros de Jalisco, la más
señera asociación de este deporte.
Concluimos esta revista de
jaliscienses, mencionando a los siguientes artistas: La gran Lucha
Reyes, toda una leyenda de la música folclórica mexicana y
jalisciense por más señas; nativa de Guadalajara (28 de mayo de
1906) dio lustre a la interpretación con mariachi. En esta materia,
también fue muy aplaudida como cantante y actriz, Rosa de Castilla
(Ma. Victoria Ledezma) oriunda de Encarnación de Díaz, donde vino
al mundo el 30 de mayo de 1932. Finalmente, citamos al director de
mariachi, Pepe Villa (Zapotiltic, 26 de mayo de 1915). El se inició
en el mariachi Vargas de Tecalitlán, luego dirigió el mariachi
Pulido y después fundó el mariachi México, con el cual conquistó
los máximos laureles. Participó en mas de cien filmes, hizo cientos
de grabaciones y recibió lauros variados. Fue una columna de la
música tradicional jalisciense.
Como dijimos al principio, los
nativos de Jalisco, que vieron la primera luz en el mes de mayo, han
sido verdaderas cumbres de la mexicanidad y elocuentes ejemplos de la
jalisciensitud.

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