Adrián Gil Pérez*
El
pergamino del programa de la dedicación del templo del Sagrado
Corazón de Jesús, fue fechado en Zapotlán el 24 de septiembre de
1881 y firmado por los presbíteros Atenógenes Silva y Bernardino R.
Amaya, asimismo por los señores José M. Moreno, Salvador Silva,
Cenobio Suárez y Juan N. Rojas. En el pie de texto indica que fue
impreso por J. Orozco. La señorita María del Rosario Guadalupe
Cibrián Meza, hija del historiador Esteban Cibrián Guzmán, me
comentó que su padre mecanografió sobre el papel del programa
original estas palabras: “El
templo parroquial destruido por el temblor del 25 de marzo de 1806
muriendo bajo las bóvedas cerca de dos mil personas, fue
reconstruido únicamente en parte, e inaugurada la restauración el 7
de octubre de 1881. Hoy templo del Sagrado Corazón. Este programa es
su auténtico testimonio de aquel hecho histórico.”
El
15 de mayo de 1966, Don Esteban Cibrián publicó en el semanario
“Vigía”,
el artículo intitulado “Iniciación
del templo máximo de Zapotlán”,
refiriéndose al edificio de la actual catedral. Tomando como fuente
lo escrito por el Pbro. Manuel de Jesús Munguía, publicado el 22 de
octubre de 1947, en la edición especial de “Vigía”, explica
Cibrián que el Señor Cura Bachiller Don Antonio Zúñiga, ante la
imposibilidad de utilizar el templo afectado por el temblor de 1806,
se sirvió del templo de Tercera Orden para realizar los servicios
parroquiales; precisa: “El
Sr. Cura Zúñiga, a su llegada inició la reconstrucción del templo
caído con el temblor del 25 de marzo de 1806, pero no amplio como
era, sin las bóvedas caídas, sino formando una cruz griega. No
obstante estar ejecutando la reconstrucción, el santo Cura
comprendió que, aunque llegara a terminarse, este templo sería
insuficiente en el futuro para poder dar cabida a los fieles. Con
esta reflexión e impulsado por su ejemplar entusiasmo y cariño por
Zapotlán, principió gestiones para erigir un nuevo templo sobre el
terreno parte del atrio que por muchos años había servido de
cementerio […] Fue el 27 de mayo de 1886 cuando se iniciaron los
cimientos del nuevo y actual Templo Parroquial.”
El
pliego de la dedicación del templo del Sagrado Corazón, ilustra:
“LA
DEDICACIÓN de los templos ha sido siempre uno de los actos más
solemnes para los pueblos; ¡y con razón! un templo es el lugar
sagrado donde de un modo especial habita la Divinidad para escuchar
nuestras oraciones, y para concedernos abundantes beneficios. Por
esto los pueblos, especialmente los católicos, manifiestan júbilo
inmenso, febril entusiasmo en las solemnidades de la dedicación de
una iglesia. Esta ciudad había carecido por mucho tiempo de una
iglesia parroquial, en la que se celebraran con el decoro debido las
augustas ceremonias del culto; por esto se ha esforzado en dar pronta
y conveniente conclusión a la iglesia del SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS,
cuya iglesia está ya casi terminada, debiendo verificarse la
DEDICACIÓN, y solemnidades análogas, en los días 6 y 7 del próximo
mes [octubre de 1881]”.
El
6 de octubre de 1881, a las 7 de la mañana, se realizó la ceremonia
de la bendición, concluyendo con la celebración de misa solemne.
Este día, a las 5 de la tarde, se hizo la traslación del Sagrado
Depósito, de las imágenes y de los paramentos del templo de la
Tercera Orden al templo del Sagrado Corazón; a las 7 de la noche
hubo maitines solemnes y luego fuegos artificiales. El 7 de octubre,
a las 9 de la mañana, fue la acción de gracias y a las 5 de la
tarde concluyó la fiesta con la entonación del Te
Deum.
La
dedicación del templo del Sagrado Corazón de Jesús fue apadrinada
por el Arzobispo Dr. Pedro Loza, asimismo por el Dr. Francisco Arias
y Cárdenas, Maestrescuela de la Santa Iglesia Catedral de
Guadalajara; por el Canónigo Doctoral Miguel Baz y por el Secretario
del Cabildo don Ramón López; y por los señores Manuel D. Ochoa,
Mauricio Gómez, Francisco Villanueva, Albino Velasco, Agapito
Sánchez, Juan Manzano y Salvador Velasco.
El documento en
que se divulgó el programa de la dedicación, además de tener
plasmado el emblemático corazón en llamas, contiene este SONETO:
A tu amoroso Corazón, Dios mío,
Nos acojemos con filial ternura,
Y tu nombre invocamos con fe pura
Confesando tu inmenso poderío.
Tú, que siembras de estrellas el vacío,
Brillantes mundos cuya luz fulgura;
Tú, que en las rosas, de tu mano hechura,
haces brillar las gotas de rocío.
Tú, que haces florecer la esbelta palma;
Tú, cuya mano aun del insecto cuida,
Apártanos del mal: haz que nuestra alma
En ti viva del mundo desprendida:
Sólo en tu amor se halla la calma,
SÓLO EN TU CORAZÓN SE HALLA LA VIDA.
El
Señor Cura Antonio Zúñiga, fallecido en 1879, fue ferviente devoto
del Sagrado Corazón de Jesús. Narra Esteban Cibrián, en el
periódico “Vigía”,
el 15 de mayo de 1966 que el venerable sacerdote fue sepultado en el
Panteón Viejo y que “Cinco
años después el cadáver de este egregio señor Cura fue exhumado,
causando sorpresa y admiración, porque el cuerpo del venerable
anciano se encontró intacto, incorrupto, en perfecto estado, puesto
que para sus feligreses había muerto en olor de santidad. Del
cementerio, el cadáver fue trasladado a la Sala Capitular de Tercera
Orden donde fue velado por el pueblo. Después de las honras
fúnebres, pueblo y clero lo llevaron en hombros al Templo del
Sagrado Corazón para depositar allí en una cripta los venerables
restos, donde descansan actualmente”.
En
otro tiempo, el Padre Manuel de Jesús Munguía emprendió la
titánica tarea de estar al frente de otra reconstrucción del templo
del Sagrado Corazón de Jesús, afectado también por los embates de
los revolucionarios… Esa es otra plausible historia.
*Consocio del Capítulo Sur de la Benemérita Sociedad de Geografía y Estadística del Estado de Jalisco, A. C.
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