Ariana García
El
21 de febrero es el Día Internacional de la Lengua Materna, día que
fue aprobado en la Conferencia General de la UNESCO en 1999. Desde el
año 2000, la conmemoración de este día se ha hecho presente
alrededor del mundo, y da una particular importancia a las lenguas
originarias, a las lenguas indígenas.
La lengua materna es la primera
lengua que aprende una persona, aquella con la que entiende el mundo,
con la que se explica a sí mismo y a los demás. La importancia de
una lengua, de un idioma, para un individuo o para una sociedad,
radica, entre muchas otras cosas, en que representa el instrumento
con el cual nos comunicamos, pero no sólo eso, es también el
instrumento con el que entendemos y significamos el mundo. Sin una
lengua, el mundo estaría vacío, no tendría significado ni sentido,
sería un mundo muerto.
Y es precisamente por el término
muerte aplicado a las lenguas, que surgió esta iniciativa de
conmemorar el día de la lengua materna, para dar a conocer la
importancia del respeto a la diversidad lingüística, pues vivimos
en un mundo que, siendo multilingüístico, es multicultural también.
Nuestro país es uno de los países con mayor diversidad lingüística
y cultural, se hablan 69 lenguas distintas, entre ellas el español.
Las otras 68 corresponden a los pueblos indígenas.
De acuerdo con la Secretaría de
Cultura, el 60% de las lenguas indígenas en México está en riesgo
de desaparecer. ¿Por qué? Aquí comenzó con la colonización. Un
grupo de hispanohablantes, con el pretexto institucional de
evangelizar a los pobladores de las Américas, trajo consigo una
cultura distinta, una lengua distinta. Pero eso no habría sido
problema para la permanencia de las culturas y de las lenguas que en
este territorio había si no hubieran prohibido a sus pobladores
mantenerlas. Poco a poco, a fuerza de armas, muchas lenguas y
culturas originarias se fueron disminuyendo hasta desvanecerse, y
otras se perdieron completamente.
En el país, como en otros
lugares del mundo, otros fenómenos como la marginación social y la
globalización ponen en desventaja a las poblaciones vulnerables,
llevando al desplazamiento y al olvido de las lenguas y las culturas.
Las comunidades indígenas u originarias han sido siempre las que más
desventajas han tenido, sobre todo en el plano económico. El que los
padres hablantes de una lengua originaria decidan que sus hijos la
dejen de hablar para que “tengan más oportunidades de avanzar”,
es sólo uno de los indicadores que llevan a la extinción de las
lenguas. Menos hablantes, menos uso del idioma, de la cultura, con
todas las costumbres, formas de vida, concepciones del mundo,
explicaciones de la existencia.
No es un problema sencillo, las
oportunidades tienen que ser para todos. En un país como México,
con la enorme diversidad lingüística que aún existe, y que
esperemos que siga existiendo, el reto es mayor. Es importante saber
que, de acuerdo con el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas
(INALI), “las personas que hablan una lengua indígena tienen
derecho a usarla para realizar todas sus actividades sociales,
económicas, políticas, culturales y religiosas en forma oral y
escrita, sin restricciones en el ámbito público o privado”. Los
esfuerzos que se han hecho desde las instituciones gubernamentales
han sido buenos, pero hace falta mucho más.
La importancia de tomar en cuenta
esta situación en nuestro ámbito regional cobra mayor relevancia
cuando nos damos cuenta que la diversidad lingüística y cultural es
grande. En el Sur de Jalisco está la presencia del náhuatl, por
ejemplo, sobre todo en la región de Tuxpan. En los últimos años,
la actividad agroindustrial ha generado un fenómeno de migración,
en donde han crecido las comunidades de pueblos originarios
provenientes de Chiapas, Oaxaca, Guerrero y otros estados del sur de
la república. La región está enriquecida lingüísticamente, por
ende, multiculuralmente.
Este 21 de febrero podría ser una excusa para dar un vistazo a esta diversidad, enterarnos de cuántas lenguas están conviviendo es esta zona, conocerlas un poco y abrirnos a la posibilidad de otros mundos, enriquecernos lingüística y culturalmente. Quizá con esta pequeña acción aportemos al fortalecimiento de la multiculturalidad y de paso a mantener las lenguas originarias que se encuentran tan vulnerables.

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