Rosa Mata
Me
sorprende lo fácil que es pasar por alto las maravillas de la
cotidianidad. Los amaneceres y los atardeceres pasan desapercibidos
solo algunos días, pero existe algo omnipresente –y me atrevo a
decir, omnipotente– que casi nunca recibe la atención que nos
merece: la lengua.
Las matemáticas y la lengua son los dos
pilares de la educación básica –al menos lo eran durante mi etapa
de formación–. Aunque, si lo pensamos un poco, la enseñanza no se
centra en la lengua, sino en la gramática de una lengua determinada.
Por otro lado, los vestigios del positivismo mexicano nos hicieron
creer, desde la etapa formativa, que las matemáticas serían el
centro de nuestra cotidianidad, que sin tablas de multiplicar y la
capacidad para realizar operaciones matemáticas no seríamos aptos
para enfrentar la realidad, como consecuencia, se valoran más
aquellas profesiones que requieren del uso y dominio de los números.
El análisis de la valoración de algunas profesiones sobre
otras es sumamente interesante, sin embargo, no es lo que motiva este
texto, la pregunta motivadora de estas líneas, misma que espera
lograr que el lector se detenga un momento a reflexionar, es la
siguiente: ¿Realmente las matemáticas son el centro de nuestra
cotidianidad, o solo hemos dejado de lado la reflexión sobre la
omnipresencia de la lengua?
En
el libro Conversation
Analysis de
Rebeca Clift se lee una cita que impacta en la concepción sobre la
lengua y su papel en la cotidianidad: “Ante todas las
investigaciones sobre los misterios de nuestra existencia, ya sean
basadas en lo metafísico, físico o biológico, existe un hecho
indisputable: cada uno de nosotros existe porque, en algún momento
del pasado, nuestros padres se conocieron y entablaron una
conversación. Así que debemos nuestra mera existencia a la
conversación; realizamos nuestras vidas a través de ella,
construyendo familias, sociedades y civilizaciones” (Traducción de
Ariel Vázquez).
Si
bien, la autora enfatiza en la conversación, la lengua, entendida
como el sistema de signos aceptado y compartido por una comunidad, es
el instrumento con el que construimos familias, sociedades y
civilizaciones, incluso es el instrumento mediante el cual obtenemos
nuestra individualidad; tanto en el ámbito legal como en el
religioso, la unión entre dos personas que da como resultado el
inicio de una familia se realiza mediante la lengua, es también a
través de la lengua que somos nombrados en distintos rituales. Con
la lengua nombramos, condenamos, liberamos, juramos, perdonamos,
amamos, odiamos; con y mediante la lengua vivimos.
La
presencia, e influencia, de la lengua en nuestro día a día la
convierte en un tema digno de reflexión, de conversación. “Hablar
de lengua” es un proyecto de divulgación lingüística que busca
presentar a la población en general reflexiones sobre la lengua y
todo lo que acontece a su alrededor: la relación entre lenguas,
lengua y sociedad, lengua y educación, política y lengua, lengua y
cognición y un largo etcétera de fenómenos lingüísticos
presentes en la cotidianidad, mismos que solemos pasar por alto.

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