La
comprensión es la clave de las actitudes y los principios correctos,
y las acciones correctas son la clave del buen vivir…
Llegó
un momento en mi programa de recuperación en que la tercera línea
de la Oración de la Serenidad —“la sabiduría para reconocer la
diferencia”— quedó impresa indeleblemente en mi mente. Desde
aquel momento, tenía que enfrentarme con esta conciencia de que
todas mis acciones, todas mis palabras y todos mis pensamientos
estaban dentro o fuera de los principios del programa. Ya no podía
ampararme en las racionalizaciones ni en la locura de mi enfermedad.
La única línea de acción que tenía abierta, si iba a llegar a una
vida feliz para mí mismo (y para mis seres queridos) era la de
obligarme a mí mismo a hacer un esfuerzo para comprometerme y ser
disciplinado y responsable.

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