Carlos Axel Flores Valdovinos
Por
encima del río,
obre
las copas verdes de las casuarinas,
vuelan parvadas de chachalacas verdes.
Juan Rulfo
vuelan parvadas de chachalacas verdes.
Juan Rulfo
El
libro Río
crecido,
de Félix Torres Milanés, es una colección de cuentos publicada en
1970 y distinguida con la Medalla de Oro en los Juegos Florales de
Guadalajara, reconocimiento que da cuenta de su alto valor literario
dentro de la narrativa mexicana del siglo XX.
La
Editorial Cartonera Ateneo Tzapotlatena publica esta obra inédita en
la Colección Ilustres de Jalisco en conmemoración del 105
aniversario de su natalicio, celebrado el 30 de enero de 2026. Cabe
mencionar que el rescate de los textos estuvo a cargo de Milton Iván
Peralta y aparece un “Retrato a dos voces” en conjunto con el
investigador Carlos Axel Flores Valdovinos, quien estuvo al cuidado
de la edición junto a Elba Ventura López. La selección de este
libro incluye seis relatos: “Natividad”, “El pozo”, “Rancho
viejo”, “Liborio”, “Rivalidades” y “No vivió para vivir
[Historia de un mendigo].
Uno
de los grandes méritos de Río
crecido
es su lenguaje. Torres Milanés logra una combinación notable entre
la oralidad campesina y una prosa profundamente poética.
Río
crecido
es una obra atravesada por el fatalismo. Los personajes intentan huir
—del pasado, de la vergüenza, del dolor—, pero la huida casi
nunca conduce a la libertad.
La
obra reúne cuentos ambientados en el campo rural del sur de Jalisco,
aunque no es un libro costumbrista en el sentido tradicional, ya que
se destaca la riqueza de un lenguaje poético mezclado con la
oralidad campesina, lo que dota a los textos de un estilo auténtico.
El
cuento de “Natividad”
es
una de las narraciones más perturbadoras de la obra. La historia se
sumerge en el personaje de “Nati López”, una mujer que vive sola
en el Rancho “La Peñitas”, cuidando chivas, puercos y vacas. El
río, que da título al libro, funciona como un símbolo central. Es
cauce de vida, pero también frontera, amenaza y tumba. El río
crece, se desborda y arrastra, como lo hacen las pasiones humanas que
recorren los cuentos. La geografía literaria de Félix recorre
caminos que van de Tecalitlán, Pihuamo hasta pueblos y ranchos como
Tepeque, Ahuijullo: El Rancho La Cruces y El Puente de Dios, Ranchos
La Lima y de Barreto.
El cuento “El pozo”, incluido en el
libro: Río
crecido
de Félix Torres Milanés, es uno de los relatos más profundos y
simbólicos de la obra. En esta narración, el autor construye una
intensa reflexión sobre la culpa, la huida, la memoria y la
imposibilidad de escapar del conflicto interior.
“El pozo”
es un cuento de gran fuerza literaria que aborda temas humanos como
los celos, la culpa, la identidad y la soledad. Su profundidad
psicológica lo convierte en una de las piezas más logradas de Río
crecido.
A través de esta historia, Félix Torres Milanés demuestra su
capacidad para explorar los conflictos humanos más íntimos con una
prosa sobria, intensa y profundamente conmovedora.
El
cuento “Rancho viejo”, es una narración de gran intensidad
trágica que aborda temas como el deseo, la traición, la envidia y
la violencia social en el contexto del mundo rural mexicano.
“Rancho viejo” es un relato que retrata con crudeza la
fragilidad de la vida rural frente al deseo, la envidia y el abuso de
poder. Su fuerza radica en la manera en que Félix Torres Milanés
convierte una historia local en una tragedia universal, donde la
injusticia y la violencia surgen como consecuencias inevitables de la
condición humana.
El
cuento “Liborio”, constituye una de los textos más singulares y
líricos del libro. A diferencia de otros relatos marcados por la
violencia explícita, “Liborio” se construye como una reflexión
poética sobre el arte, la vocación y la soledad del creador. Uno de
los temas centrales del cuento es el nacimiento del artista. Desde el
punto de vista estilístico, “Liborio” es el relato más poético
y estético de Río
crecido.
La prosa se aleja del realismo duro para adoptar un tono casi
onírico. Abundan las metáforas relacionadas con la luz, el agua, el
viento y la noche, elementos que acompañan y moldean el despertar
creativo del protagonista. La música es presentada como un flujo
vital, comparable al río
que atraviesa el libro entero. El cuento también aborda la soledad
del creador. A través de una prosa poética, Félix Torres Milanés
reflexiona sobre la creación artística, la identidad y el oficio de
seguir una vocación auténtica. El relato deja una impresión
melancólica y profunda, confirmando la versatilidad narrativa del
autor.
El cuento “Rivalidades”, ofrece una visión crítica
y descarnada de la vida colectiva en un pequeño pueblo rural, donde
la violencia surge del resentimiento acumulado, la ociosidad y la
pérdida de valores comunitarios. El protagonista no es un individuo,
sino el pueblo entero.
El
conflicto se desarrolla cuando las tensiones entre los habitantes se
transforman en enfrentamientos abiertos. Las rivalidades crecen sin
causa ni justificación: cualquier pretexto es suficiente para
detonar el odio. El pueblo entra entonces en un estado de violencia
colectiva, donde los asesinatos, las venganzas y el miedo se
normalizan. El lenguaje de Félix Torres Milanés combina ironía y
lirismo, especialmente en la manera en que se describen los
ambientes: las calles vacías, los corrillos, las cantinas, el
silencio posterior a los crímenes.
El cuento: “No vivió
para vivir” (Historia de un mendigo), es uno de los relatos más
reflexivos y existenciales del libro Río
crecido.
A través de una historia profundamente humana, el autor aborda el
vacío existencial, la soledad, la locura, la frustración y la
imposibilidad de realizarse plenamente dentro de un entorno que anula
las aspiraciones personales.
El
relato presenta a un personaje cuya vida transcurre en las calles.
Más que narrar una acción concreta, el cuento se centra en la
experiencia del fracaso existencial: un hombre que pasa por el mundo
sin apropiarse verdaderamente de su vida, sin decidir, sin amar ni
construir algo propio.
Uno de los ejes temáticos del cuento
es la renuncia silenciosa. El protagonista no se rebela ni lucha
abiertamente contra su destino; por el contrario, se deja arrastrar
por la rutina, las obligaciones impuestas y el peso de un entorno que
limita cualquier intento de realización personal. Esta pasividad no
se presenta como cobardía individual, sino como resultado de una
vida marcada por la pobreza, la falta de oportunidades y la
resignación social.
“No vivió para vivir” se caracteriza
por una prosa contenida y reflexiva, menos violenta que en otros
cuentos del libro, pero igual de intensa en su carga emocional. Félix
Torres Milanés emplea un lenguaje cargado de silencios y pausas, que
refuerza la sensación de vacío y estancamiento.
Por último,
“No vivió para vivir” es un cuento profundo y conmovedor que
invita a la reflexión sobre el significado de la vida y la
responsabilidad individual frente al propio destino. Su estilo reside
en la sencillez con la que Félix Torres Milanés expone una verdad
dolorosa: no todos los seres humanos mueren sin haber vivido, pero
muchos viven sin haber sido realmente dueños de su vida.
En
conclusión, Río
crecido,
de Félix Torres Milanés, forma parte de la narrativa rural mexicana
del siglo XX, especialmente, del Sur de Jalisco, siguiendo a Juan
Rulfo con Pedro Páramo y El Llano en llamas, Ricardo Garibay con
Mazamitla, publicado en Los Presentes de Juan José Arreola, con
quien mantiene secretas correspondencias con su cuento “Corrido”,
y con la prosa poética de Guillermo Jiménez en su libro: Zapotlán.
A través de sus cuentos, Félix Torres Milanés construye un
universo donde la vida campesina se muestra sin idealizaciones,
marcada por la violencia, la soledad, el deseo y un destino que
parece inevitable.
Uno
de los mayores logros del libro es la coherencia temática entre los
cuentos.
Río
crecido
destaca por su lenguaje poético, capaz de transformar lo cotidiano
en una experiencia literaria donde la oralidad campesina y prosa
lírica se entremezclan.
El libro: Río
crecido,
de Félix Torres Milanés, es una edición artesanal de la Editorial
Cartonera Ateneo Tzapotlatena, que se incluye dentro de la colección
Ilustres de Jalisco para conmemorar el 105 aniversario del natalicio
de Félix Torres Milanés, Hijo Ilustre de Zapotlán y Premio Jalisco
(1953).
Esta
edición, confeccionada a mano, tejida con cuidado y paciencia,
pretende rescatar la obra de un autor jalisciense y devolverla al
lector en un formato hecho a mano, donde cada libro es único:
objeto-libro, libro-arte, u objeto-arte. Y
que es un rescate y con el prólogo de Milton Iván Peralta.
Félix
Torres Milanés pertenece a la estirpe de autores que escribieron
desde Zapotlán, El Grande, cuna de grandes artistas. Nombrarlo Hijo
Ilustre de Zapotlán es reconocer que su escritura nació del mismo
suelo que sus personajes: de los ríos, los cerros, los ranchos y los
silencios.
El Premio Jalisco que le fue otorgado confirma la
trascendencia de su legado dentro de la cultura del estado. Sin
embargo, más allá de los reconocimientos oficiales, la vigencia de
Félix Torres Milanés se mantiene por sí misma, ya que sus cuentos
no envejecen o pasan de moda, porque hablan de conflictos
esencialmente humanos: el deseo, la culpa, la injusticia, la búsqueda
de sentido y la fragilidad de la vida humana.
A 105 años de su
nacimiento, su obra continúa fluyendo como el río que da título a
uno de sus libros más representativos: un río que crece, que
arrastra memorias y que se niega a secarse. Leer hoy a Félix Torres
Milanés es volver a escuchar voces que aún nos pertenecen, es
reconocernos en historias que siguen latiendo en la conciencia
colectiva.
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