Al
hombre o a la mujer intelectualmente autosuficientes, muchos A.A. les
pueden decir: “Sí, éramos como tú — nos pasábamos de listos…
Creíamos que podíamos flotar por encima del resto de la humanidad
debido únicamente a nuestra capacidad cerebral".
Ni
el más brillante cerebro puede defendernos contra la enfermedad del
alcoholismo. No puedo lograr mi sobriedad con el solo poder de mi
pensamiento. Trato de tener presente que la inteligencia es un
atributo dado por Dios que puedo aprovechar — una felicidad, como
tener dotes para el baile o el dibujo o la carpintería. No hace que
yo sea mejor que otra persona, y no es un instrumento de recuperación
en que se pueda confiar mucho, porque es un poder superior a mí
mismo el que me devolverá el sano juicio — y no un alto cociente
de inteligencia ni un título de la universidad.

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