Fernando G. Castolo
En
el campo de las publicaciones, concebidas como revistas, que han
alentado la cultura de Ciudad Guzmán a lo largo de su historia, se
tienen registros de algunos órganos de difusión como Presencia
del Grupo Cultural “Arquitrabe”1,
La Antorcha
del Grupo Cultural “José Clemente Orozco”2,
así como las revistas Más
Identidad e Imagen
del Sur3,
en cuyos contenidos es posible apreciar interesantes aportaciones a
las letras locales, ya sea en la poesía, la prosa, el ensayo, el
cuento, la novela o la crónica; sin embargo, en este recuento nunca
se menciona la revista Tribuna
que, al parecer, es la primera publicación formal, en este género,
de que se tiene noticia en la localidad4.
El
1 de enero de 1947 nace Tribuna,
una revista quincenal impresa por Publicaciones del Toro, cuyo
director general era Nicolás del Toro Frías5
(Ciudad Guzmán, 1921), con Talleres en calle Riva Palacio6
no. 69, y Oficinas en el Portal Iturbide no. 33.
En
la sección Editorial “Cómo nació Tribuna”
de la edición número 25, con fecha 1 de enero de 1948, en que
conmemoran su primer aniversario, se relata algo de su historia:
En el año de 1938, un grupo de jóvenes7 de la congregación Mariana discutían en el Club de la Congregación (hoy abandonado) la necesidad de hacer un buen periódico o una Revista que orientara los anhelos de la Sociedad Zapotlense. Presente se encontraba el R. P. Daniel Luna, S. J., abnegado director, que palpaba tristemente la realidad de nuestro medio y sonreía apesumbrado sobre la idea de hacer una publicación, que tanta falta hacía y exclamó: ―¿Cómo van a hacer una Revista sin ni siquiera tienen la preparación conveniente para cumplir cuando menos con sus reglas y horas de estudio?―. Sin embargo, la haremos… la haremos, contestamos los ahí reunidos, si no ahora, algún día […]
Los años pasaron y el anhelo quedó en el letargo; y no fue sino hasta nueve años después en que se retoman esos aires que invadieron sus pensamientos de juventud y, ahora, sumergidos en la madurez de la vida, reconciliaban aquella idea:
[…] Así fue como […] volvimos a reunirnos Calvario, Álvarez y yo, para poner manos a la obra […] Recurrimos a las imprentas locales (no tenían material, no tenían personal, no tenían tiempo) hasta que conseguimos una prensita de mano (de juguete) y en ella salieron los primeros números de Tribuna, no sin antes habernos pasado días y noches en su elaboración […]
Recuerda
Nicolás del Toro todas las “envidias” que padecieron pero que, a
pesar de ello, fue más grande el “Amor a la Cultura” y a sus
ideales embebidos en las aulas de la Congregación Mariana.
Por
desgracia no tenemos la colección completa de esta revista
quincenal; por ello, nos es algo difícil reconstruir las
circunstancias que se enfrentaron para consolidar un proyecto que, a
la distancia, se percibe como novedoso y exitoso. La impresión de la
misma era en papel revolución, un material económico, quebradizo,
que ha sobrevivido al paso de los años, en un formato medio oficio.
Las portadas, en mejor papel, eran impresas a dos tintas.
En
la edición el número 10, del 15 de mayo de 1947, se ventilan
algunos colaboradores de la publicación: Lic. Mariano Velasco, Prof.
Alfredo Velasco Cisneros (Ciudad Guzmán, 1890), Sr. Cura Ignacio
Macías Campos8
(1910), J. Félix Torres Milanés (Tecalitlán, 1921), Alicia
Gutiérrez Mendoza9
(Ciudad Guzmán, 1925 aprox.), J. Jesús Ramírez Rolón (Ciudad
Guzmán, 1911), Luis Ramos Cobián (Ciudad Guzmán, 1922), Pbro.
Antonio Gutiérrez C., José Luis Arias Guzmán10
(Tepatitlán, 1913), Rafael Iglesias V., Alfonso Camacho Contreras11
(Ciudad Guzmán, 1928), Eduardo Rafael del Río Sánchez (Guerrero,
1900), Lic. Pablo Morán Ramírez (Ciudad Guzmán, 1890), Dr. J.
Jesús Figueroa Torres (Colima, 1917), Margarita Palomar Arias de
Mendoza12
(Ciudad Guzmán, 1902), Dr. Jorge Naredo Núñez (Guadalajara, 1916),
Fray Julián de Jesús Ortiz, María Teresa Ahumada S., Jesús Guzmán
y Raz Guzmán (Ciudad de México, 1869), Juan José Arreola Zúñiga
(Ciudad Guzmán, 1918), Roberto Espinoza Guzmán (Ciudad Guzmán,
1926), María Guadalupe Ochoa Dávalos13
(Ciudad Guzmán, 1912) y Manuel S. Sánchez.
Lo interesante de esta revista es el material, en su mayoría inédito, que conserva en sus interiores y que evidencian la capacidad creativa de los hombres y las mujeres de la Ciudad Guzmán en los años cuarenta. Por ejemplo, ahí tenemos, en el citado número 10 de Tribuna ―edición de 26 páginas―, en la página 5, una breve colaboración de Alfredo Velasco Cisneros14, firmado con su seudónimo “E. Varal del Fosco”, que no aparece compilado dentro del libro Hojas de Letras y Poesía (1974) que realizara Vicente Preciado Zacarías15 (Ciudad Guzmán, 1936):
De cómo mi amiguita Moy se fue y se quedó
Cual nube en brazos del viento,
Cual matutino arrebol,
Como la efímera rosa,
Así pasó.
Como, en altísima cumbre,
Nieve que no se funde al sol;
Como la inmutable estrella
Que arde con sacro temblor;
Cual perfume que ―inviolado―
Guarda el alma en su prisión,
Como luz en el diamante,
Así quedó.
Por
cierto, a partir del número 14 (15 de julio de 1947) se empiezan a
insertar, en las páginas centrales de la revista, hojas impresas del
libro La hija del
bandido o los subterráneos del Nevado,
de la maestra Refugio Barragán de Toscano (Tonila, 1843), a manera
de entregas, como un obsequio a los lectores, a fin de que la vayan
coleccionando y, al final, la misma editorial promete encuadernarlos
gratuitamente.16
Del profesor Luis Miguel Calvario Radillo (Ciudad Guzmán, 1915), un poeta olvidado y no reconocido, también rescatamos una colaboración que publicara en el número 15 de Tribuna, edición del 1 de agosto de 1947, dentro de la página 4:
Romance en la Noche
Voy a pedirte una cosa
noche de luna gitana:
enciende todos los cirios
y riega toda la plata,
que mi amor anda vagando
muy cerca de su ventana.
No lo pude detener
fue a buscar las esmeraldas
que engendraron una duda
que nació de la esperanza;
inquieto quería saber
si aquel mirar lo llamaba.
Quería oír su cascabel
entre marfiles saltar
diciéndole: ¡Yo te quiero,
por toda la eternidad!
Me está matando la espera,
siento el silencio que canta,
lo dejo en su soledad
y voy también a mirarla…
… Yo quiero verte los ojos
aunque me dañen el alma
y se abra mi corazón
como flor de jacaranda…
una quietud interior
sus gotas ya desparrama
y la espera desespera
al amor que está esperando.
Mañana de rubio sol
asoma por la ventana
y las sombras ya se fueron
se fueron en caravana.
Luego, en la edición número 19, del 1 de octubre de 1947 ―conformada por 12 páginas―, aparece en la página 6 una colaboración de Roberto Espinoza Guzmán17 que tampoco fue rescatada por Vicente Preciado Zacarías en el libro compilatorio que, sobre la obra de este Premio Jalisco 1952, realizara, intitulado Roberto Espinoza Guzmán. Antología (2002):
¡Romance de la fiesta!
Olor de fiesta en el aire,
está temblando la tierra
ondulando sus caderas
al ritmo de los mariachis.
Olor de fiesta en el aire,
olor de música y ponche.
Los nativos de mi pueblo
están haciendo su fiesta.
Los cuatro lados de mi pueblo
se mecen ya de borrachos.
¡Piña y granada en el vino,
alegre “Guaco” en el pecho,
la tierra baila borracha
y el aire me huele a fiesta!
La luna no va derecha,
también se va tropezando
con los olores del vino.
Olor de fiesta en el aire
y la luna sin camino.
La luna, plata de cielo,
se va a meter por el Norte
por un camino marcado
a fuerza de fiesta y ponche.
Olor de fiesta en el aire
y la luna sin camino.
Mil cohetes han visto el cielo
para marcarle una ruta
color de piña y granada
que siga para el Poniente.
Olor de fiesta en el aire,
la luna tiene camino.
Ya no hay torres en el pueblo,
las torres de las Iglesias
también están en el suelo
embriagándose con fiesta,
con baile y ponche de piña.
Olor de fiesta en el aire,
el aire ya está parejo
sin las cúpulas del cielo.
Olor de fiesta en el aire,
el cerro se está cayendo,
quiere bajar a la fiesta
pero no pude ir entero.
Olor de fiesta en el aire,
el volcán está rugiendo,
van en procesión mil ollas
con el ponche de granada
para apagarle su fuego.
Olor de fiesta en el aire,
ya no hay tierra en este espacio.
El pueblo está bocabajo.
Cuatro columnas de fiesta
lo sostienen por el pecho.
La luna no está en el cielo,
el cerro no está despierto,
la fiesta está bajo el pueblo
y el pueblo está bocabajo…
¡Olor de fiesta en el aire,
solo en el aire la fiesta!
En la edición número 21, del 1 de noviembre de 1947, aparecen publicados, en la página 9, dos breves colaboraciones del poeta Félix Torres Milanés, Premio Jalisco en 195318, y ganador del segundo lugar en el certamen literario Juegos Flores de Zapotlán en sus ediciones de 1943 y 195119:
Prendas
¿Por qué te verían
mis ojos silentes?
¿Por qué me sonrieron
tus ojos de luz?
No lo sé ni lo sabes.
No sabemos por qué nuestras
almas se engastan
en un sortilegio de olvido,
quizás de dolor.
No sabemos ahora
en donde quedaron
los ojos silentes,
las bocas de luz.
No lo sé ni lo sabes…
Hace tiempo extraviamos
la ruta de azur.
***
Huestes
Son clarines mudos
mis palabras frías.
Clarines que en todas
las luchas lucharon;
clarines vencidos.
Clarines miedosos
de volver a pelear
con las almas…
Clarines de amor.
En la edición número 22, del 15 de noviembre de 1947, página 11, aparece publicada una colaboración del sacerdote Alberto Contreras García20 (La Manzanilla de la Paz, 1922), quien fuera, por cierto, ganador en el certamen de los Juegos Florales de Zapotlán de 1954:
Paz y recuerdo
Alma mía, la paz que te rodea
como blanco capullo de misterio,
cava en lo más profundo,
en una roca,
en la roca del pobre corazón,
una lápida enorme
de dulces inscripciones futuribles.
Sí, alma mía,
los aromas que llegan desde el bosque
en el aura
risueña de la tarde,
van retejiendo un mundo
que se había roto,
el mundo que resurge de las ruinas,
las pobres ruinas…
Las gotas del rocío
empapadas de sangre
son lágrimas…
viejas lágrimas…
Lágrimas que destilan de mis ojos
y quien sabe, también del corazón,
cuando, roto el ensueño,
crujieron las esteras
más íntimas del alma.
Sí, ya tienes la paz.
Junta tus lágrimas,
los gritos de dolor;
junta tus quejas.
Recoge en las entrañas mutiladas
los ecos de tortura;
los cantos melancólicos
de la cítara vieja.
estas reviviscencias
de cosas
que, en lugar de dañarnos, fortifican,
estas cosas, alma,
guárdalas hondo,
muy hondo;
guárdalas, alma mía,
en el álbum inmenso del dolor.
Como
datos curiosos localizados en los interiores de la revista quincenal
Tribuna, destacamos la publicación de “Dos sonetos”21
(número 10) de Juan José Arreola22.
De las prosas “Peripecias de un baile” (número 12) y “Un
templo solitario” (número 19) de Félix Torres Milanés23.
También localizamos las prosas “Más sobre el amor” (número 15)
y “El Crucifijo” (número 18); así como las poesías “Romance
en obscuro”24
(número 12), “El Cortejo” (número 16), “Soy Gitano” (número
30) y “Nuestro amor” (número 31); y el “Cuento de Navidad”25
(números 24 y 25), de Roberto Espinoza Guzmán26.
Una colaboración de la poetisa María del Refugio Morales27
(Colima, 1892), intitulada “No pases por mi ventana” (número
24). Los poemas “Vals Triste” y “Amemos” (número 28), de la
célebre escritora Rosario Sansores Prén (Yucatán, 1889). Así como
la nota “Biografía y Bibliografía de Cuquita Morales” (número
30), por el Dr. J. Jesús Figueroa Torres28
(Colima, 1917).
Por
desgracia, la colección que poseemos solamente llega hasta la
edición número 31, del 15 de abril de 1948, por lo que ignoramos
hasta cuándo expiró esta publicación.
Cada
revista tenía un costo de veinte centavos, y las portadas eran
adornadas con fotografías de “distinguidas damitas de nuestra
mejor sociedad”, de postales que presentaban perspectivas
paisajísticas de la ciudad, de equipos deportivos, de ilustres
personajes y de reinas de belleza. En sus interiores contenía las
secciones: “Editorial”, “Selecta” (breve biografía y ejemplo
de obra de los grandes escritores), “Sección Femenina” y “¡De
aquí… y de allá…!” (con novedades noticiosas de la ciudad y
la región), entre las que se insertaban las aportaciones literarias
de los colaboradores, así como los anuncios comerciales. Entre las
negociaciones que se anunciaban en este escaparate impreso se
encontraban: Jabonera Guzmanense, S. A.; Restaurante “Park”;
Teatro Cinema “Juárez”; La Casa Rayada; Cerillos “La Fe”;
Tintorería “Manhattan”; Chocolatería “Chávez”; y la Casa
Abarrotera Salvador Guzmán, S. de R. L.
Tribuna
se distribuía en Zacoalco de Torres, Sayula, Zapotiltic, Atenquique,
Pihuamo, Colima, Manzanillo, Tuxpan, Tamazula de Gordiano, Mazamitla,
Jiquilpan, Sahuayo, Tecalitlán, Ciudad de México y Guadalajara.
La revista quincenal Tribuna de Ciudad Guzmán, como portal del tiempo, nos permite asomarnos a los inicios creativos de varias plumas que hoy son un referente obligado en la literatura local, regional y nacional.
BIBLIOGRAFÍA
1 De este órgano se tiene en físico un impreso de 1951 (anunciado como Revista de Literatura y Actualidades), otro de 1960 (con portada diseñada por el pintor Daniel Quiroz Cisneros) y uno más de 1971 (con portada diseñada por el escultor Ramón Villalobos Castillo “Tijelino”).
2 Que circuló en la década de los años setenta del pasado siglo XX. Este grupo, por cierto, fue fundado y dirigido por el periodista y cronista Juan S. Vizcaíno.
3 Ambas revistas circularon durante la década de los años noventa del pasado siglo XX; la primera diseñada y dirigida por el impresor Luis Ernesto Lomelí, mientras que la segunda fue fundada y dirigida por la diseñadora Gabriela Rodríguez Lugo.
4 Al parecer, también es la primera revista formal de literatura en la provincia jalisciense.
5 Nieto del rico agricultor Manuel del Toro Ochoa (Zapotlán el Grande, 1832), quien fuera mayordomo de las solemnidades en honor a Señor San José de Zapotlán en el año de 1892.
6 Hoy, calle José Clemente Orozco.
7 El grupo lo conformaban: Luis Calvario, Salvador Blanco, Manuel Delgado, Salvador Álvarez, Juan José Gutiérrez, Tomás López y Nicolás del Toro; todos ellos estudiaban con los jesuitas, orden religiosa que realizó tareas de evangelización en la ciudad de 1935 a 1940.
8 Encargado de la Parroquia de Tamazula de Gordiano, Jal.
9 Hija del hacendado Santiago Gutiérrez y nieta del médico Eustaquio Mendoza Ruiz, a quien la ciudad debe la introducción del agua potable, considerado Hijo Ilustre.
10 Delegado de la Secretaría de Hacienda en Ciudad Guzmán; además, fue Presidente del Comité de Feria en 1949 y 1955, y mayordomo de las solemnidades josefinas en 1952.
11 Miembro fundador del grupo cultural “Arquitrabe” (1944), así como de la Escuela Preparatoria de la ciudad (1956).
12 Una gran promotora y escritora de Pastorelas, considerada Hija Ilustre; nieta del gobernador de Jalisco don José Palomar y Rueda.
13 Sobrina del poeta y Cura de Zapotlán Mons. Antonio Ochoa Mendoza (Ciudad Guzmán, 1878), personaje del que falta hacer una buena tesis sobre su vasta obra literaria, toda ella evocativa a la religión católica.
14 Sostuvo una íntima amistad con el escritor y diplomático Guillermo Jiménez (Ciudad Guzmán, 1891); además, fue el gran impulsor y mecenas de varios notables escritores guzmanenses, como Juan José Arreola. Fue cofundador de los grupos culturales “Cervantes Saavedra” (1932) y “Arquitrabe” (1944).
15 A este personaje, considerado Hijo Ilustre y, además, Maestro Emérito de la Universidad de Guadalajara, se le debe igualmente el rescate de la obra poética de María Cristina Pérez Vizcaíno, reunida en un libro intitulado Antología poética (1999).
16 Conservo una edición de la época, formada con estas entregas. La primera edición, por cierto, es de 1887.
17 Ganador del primer lugar en el certamen literario de los Juegos Florales de Zapotlán en 1958; además, colaboró con su inspiración con las décimas literarias que adornan el programa impreso de las solemnidades josefinas de 1955. Fue esposo de la poetisa Virginia Arreola Zúñiga (hermana de Juan José).
18 En ese mismo año también obtuvieron el Premio Jalisco los escritores Juan José Arreola y María Cristina Pérez Vizcaíno (Ciudad Guzmán, 1916).
19 El poeta tabasqueño Carlos Pellicer, quien fue jurado del certamen, en una conversación íntima con Félix Torres, le comentó que su poema superaba por su calidad al acreedor al primer lugar, el cual pertenecía a Juan José Arreola. Esta anécdota la relata en su libro Los días que fueron míos (1984).
20 Al igual que sucede con otros importantes poetas jaliscienses, con Alberto Contreras se tiene una gran deuda para adentrarnos en su obra poética, manufacturada con una gran calidad y calidez. Es autor de los libros Magdalena poemas (1979) y Cantares junto al río (1981).
21 Recogidos en el libro Arreola, Juan José: Perdido voy en busca voy de mí mismo (poemas y acuarelas), Fondo de Cultura Económica, 2018.
22 Escritor zapotlense que se hizo acreedor al Primer Lugar en el certamen literario de los Juegos Florales de Zapotlán el 1951; además, fue ganador del Premio Jalisco en dos ocasiones: 1953 y 1989; y, finalmente, ganador del Premio Nacional en Letras en 1979.
23 Parte de su creación poética fue recogida en la plaqueta El barro vivo, editada por la Secretaría de Cultura de Jalisco, bajo la coordinación de Artemio González García, en el año 1995; sin embargo, ninguna de las aportaciones que aparecen en las páginas de Tribuna se recogen en esta publicación.
24 Esta poesía fue recogida en la plaqueta Antología Poética. Roberto Espinoza Guzmán, editada por la Secretaría de Cultura de Jalisco, bajo la coordinación de Artemio González García, en el año 1995.
25 Recogido en la plaqueta La Navidad en la literatura zapotlense, bajo la coordinación de Milton Iván Peralta Patiño, en el año 2011.
26 Tampoco integradas en el libro Roberto Espinoza Guzmán. Antología (2002), de Vicente Preciado Zacarías.
27 Mantuvo una relación amistosa muy cercana con la poetisa María Cristina Pérez Vizcaíno (a quien le dedica una poesía), así como con varios escritores, artistas e intelectuales guzmanenses de la época.
28 Intelectual radicado en Sayula, Jalisco. A él debe Ciudad Guzmán la manufactura de su primera monografía intitulada Historia de Zapotlán (1947), publicada justamente por Nicolás del Toro. Fue ganador del Primer Lugar del certamen nacional de la Feria del Maíz, por su trabajo “Cintli, el pan sagrado de Anáhuac”, promovido por el gobernador Agustín Yáñez.

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