Lorena
Avelar*
A la memoria de Orso
Arreola
La
ciudad llora en silencio por sus días tortuosos, por los actos indecentes, por
su entraña vil y sus trances pecaminosos. Aunque se vuelve luciérnaga en días infecundos
y su voz se apaga y, los cuerpos brillantes o tímidos sacan los ojos a la luz
de un candil de manifiestos solemnes.














