Juan A. Juristo
De
confabulario califica Arreola su obra completa mientras, realizando
la mezcla personal de textos que esboza su dibujo mental, aborta el
orden cronológico y, con ello, el libro queda compuesto desde una
óptica distinta, agrandando el objeto y, por ende, cambiando hasta
su propia estructura de obra total y hecha. En la edición española,
(de?) ya aparición es motivo de esta reseña(1), la ruptura temporal
propia de la edición mejicana de la obra completa se mantiene, pero
mermada, ya que se trata de una selección realizada a partir de los
textos más significativos de Arreola. Así, Confabulario total pasa
a ser un Confabulario personal de unos cuarenta textos donde, sin
embargo, se conserva el tono genuino de la totalidad de la obra del
autor mejicano.
En
España, por ahora, y tratándose de Arreola, vamos a tener que
conformarnos
con muestras antológicas de su hacer literario.
La patrística, la literatura clásica y el ojo renacentista, el arabesco manierista del barroco español, el testimonio multicolor de los autores fantásticos del XIX, desde Le Fanu a Marcel Schwob, y la pesadilla del Golem, hasta el breve texto de Kafka, componen el mosaico escritural en que se mueven los fantasmas literarios de Arreola. Movido por diferentes búsquedas, el autor mejicano sintetiza opciones, situaciones, sensibilidades y crea el hallazgo: la manera de Teócrito; el texto de pocas líneas y, excepcionalmente, de algunas páginas, que posee la ventaja de la síntesis y el empleo artesanal del lenguaje. Como en el poema. Pero que, sin embargo, no obliga al autor a la obsesión del ritmo sostenido del hacer poético, pudiendo así ofrecer la ilusión de seguir un proceso, una historia, propio de la narrativa. El «idilio», producto genuino de una determinada manera de concebir la imaginación humana, enlaza así, a través de los modos de los siglos, con la sensibilidad literaria actual, ayudando al desmoronamiento de las clasificaciones artificiosas y las maneras obsoletas, y de que la compulsión actual por lo originalísimo no deja de ser parte integrante de la cosa.
La
tensión entre lo real y lo imaginado (el abogado convertido de la
noche a la mañana en potencial toro de Miura, por ejemplo), el roce
irónico con la estética futurista que se nos prepara a la manera de
la muñeca Plastisex, la indagación en el tema bíblico o en la
creación de los ángeles de Sinesio de Rodas, lo imprevisto que
puede resultar cambiar el enfoque de algunas teorías (el sentido de
la belleza en el taller del maestro florentino; la razón del amor
por Dulcinea, etcétera, que nos recuerda una sensibilidad paralela a
la obsesión borgiana por la biblioteca y el palimpsesto: el Quijote
de Monard o el Libro que contiene todos los demás), incluso la
elaboración de continuar el bestiario medieval (que Borges convierte
en manual y Pere Quart traslada al verso), son algunos de los temas
contenidos en la edición española que toca Arreola y donde se
pueden encontrar cuentos que bien podrían haber salido de la propia
mano de Kafka («El guardagujas», incluido en la selección, es
incluso un silencioso homenaje al auto de «El castillo») o de
Quevedo. El mismo Arreola confiesa su indiferencia hacia ciertas
formas de la literatura actual y su
enraizamiento en los quehaceres clásicos, pero esta actitud, lejos
de restarle capacidad, le obliga a crear algunas de las metáforas
más brillantes de la literatura en lengua castellana de este siglo.
El prólogo de la edición española constituye una hermosa autobiografía de Arreola, «el de los mil oficios», y ofrece una lección de auténtica entrega al arte de la escritura. En él se lamenta serenamente de la imposibilidad, debido a los avatares de su vida, de haber podido ejercer con plenitud la literatura. Ante la muestra que se nos ofrece después no podemos por menos de reflexionar ante diversos ejemplos que se nos ofrecen hoy de entender el modo de «hacer literatura». Quizá aquello que siempre ha diferenciado al artista del «literato», al poeta del «versificador», al pintor del mero «pintamonas».
Sólo queda esperar que Arreola
sea conocido con plenitud en España y que su escritura goce del
prestigio que se le ha dado a la de Lezama o a la de Borges. De
Macedonio Fernández ya nos ocuparemos en otro lugar. Así sea.
Juan José ARREOLA: Confabulario personal. Editorial Bruguera. Barcelona, 1980
Tomado de: Juristo, Juan A. ARREOLA, OLA, OLA. "Sábado Literario" Periódico Pueblo. 29 de marzo de 1980: 8.
NB. Juan A. Juristo (Juan Ángel Juristo), es un escritor madrileño autor de varias novelas y ensayos literarios. Destacan las novelas: (2006) Detrás del sol, (2009) El hilo de las marionetas, (2012) Vida fingida y (2021) Dar paso. Su ensayo: (1995) Para que duela menos. Alfredo Bryce Echenique, fue publicado por la editorial Espasa Calpe. Hay que señalarlo: el título de este breve ensayo es poco afortunado y contrasta, a favor, con el contenido. SE

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