Tal
es la paradoja de la regeneración en A.A.: la fortaleza que surge de
la debilidad y la derrota total, la pérdida de la vieja vida como
condición para encontrar la nueva.
¡Qué
misterios más gloriosos son las paradojas! Con la lógica no las
podemos solucionar, pero cuando las reconocemos y las aceptamos,
reafirman algo en el universo que sobrepasa la lógica humana. Cuando
me enfrento con algún temor, se me da ánimo; cuando presto ayuda a
un hermano o a una hermana, se aumenta mi capacidad para amarme a mí
mismo; cuando acepto el dolor como parte de la experiencia de
desarrollarme en la vida, experimento una felicidad más grande;
cuando miro mi lado oscuro me veo bañado en una nueva luz; cuando
acepto mis debilidades y me entrego a un Poder Superior, la gracia me
infunde una fortaleza imprevista. Llegué tambaleándome a A.A., en
desgracia, sin esperar nada de la vida, y se me ha dado la esperanza
y la dignidad.
Milagrosamente, la única forma de guardar las dádivas del programa es la de seguir pasándolas a otros.

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