Es
verdaderamente horrible admitir que, con una copa en la mano, hemos
deformado nuestra mente hasta tener una obsesión por beber tan
destructiva que sólo un acto de la Providencia puede librarnos de
ella.
Para
mí, el acto de la Providencia, (una manifestación de cuidado y
dirección divina), ocurrió cuando yo experimentaba la quiebra total
del alcoholismo activo — todo lo significativo de mi vida había
desaparecido. Llamé por teléfono a Alcohólicos Anónimos y, desde
ese instante, mi vida nunca ha sido la misma. Al reflexionar sobre
ese momento muy especial, sé que Dios estaba trabajando en mi vida
mucho antes de que yo reconociera y aceptara conceptos espirituales.
Mediante este único acto de la Providencia pude quitarme de la
bebida y empezar mi viaje hacia la sobriedad. Mi vida continúa
desarrollándose con cuidado y dirección divina.
El Paso Uno, admitir que yo era impotente ante el alcohol, y que mi vida se había vuelto ingobernable, cobra cada día más sentido para mí en la Comunidad salvadora y vivificadora de Alcohólicos Anónimos.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario