lunes, 26 de enero de 2026

Zapotlán el Grande: el pueblo que de tan grande se hizo Ciudad Guzmán

 


Fernando G. Castolo*


En Ciudad Guzmán, como pasa en varias ciudades medias del mundo, los muros, avenidas y canales han propiciado un desmembramiento de viejos barrios, perdiéndose una importante identidad. En la década de los años ochenta se construye el canal de desagües que arranca en Las Peñas y serpentea una especie de periférico hasta llegar a la laguna; en su paso, separó rancias estructuras sociales en torno a un hito barrial: un árbol, una casona, una iglesia, un tendejón, un rincón que mostraba un rostro peculiar.



Hacia la zona oriente de la mancha urbana, un muro se eleva, separando la zona residencial de Lomas del Barro del barrio popular de la Cruz Blanca. Y sendas avenidas, como la Obispo Serafín Vázquez Elizalde, con sus autos precipitados en carreras, han decapitado al vetusto barrio de San Bartolo.

Ciertamente, la ciudad exige un nuevo modelo estructural a fin de ponderarse a las actuales expectativas de una sociedad que "lleva prisa", derivando la no cordialidad en los traslados de un punto a otro. Se dice que el censo vehicular de Ciudad Guzmán supera el número de habitantes; es decir, que hay muchos más vehículos que personas deambulando por sus calles. Nuestra ciudad se ha transformado de forma exponencial en los últimos años.

Los estudiosos aseguran que el fenómeno inició después de los acontecimientos sísmicos de 1985, quedando atrás, en este parteaguas, la vieja fisionomía que solamente es visible en postales que conservan la imagen urbana que presentaba durante los últimos años del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX.

Por supuesto que estamos hablando de una ciudad con sus calles empedradas y sus edificios en adobe con tejas, con una ligereza de contaminantes que permitían observar con nitidez los cielos soleados y las noches estrelladas. Ya no volverá aquella escena en la que Neruda recordó las estrellas de Zapotlán, cual "monedas de oro".





Ya no se ven aquellos paisajes transparentes en el horizonte, de los que Vicente Preciado Zacarías habló. Y ya no se tiene la cándida presencia de una laguna repleta de tules y aves multicolores, como lo recordó Arreola.

Solamente pervive todo ello en el corazón de los libros que resaltan las bellezas del valle zapotlense, en las canónigas mentes de nuestros vecinos que todavía vieron y gozaron de esas sutilezas. La identidad de los viejos barrios fue cercenada por la ambición de una orgullosa y cosmopolita Ciudad Guzmán.

*Cronista de Zapotlán el Grande.


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