miércoles, 28 de enero de 2026

Félix Torres Milanés y el tiempo

 



Milton Iván Peralta


Carlos Pellicer describe el poema de Félix Torres Milanés de los Juegos Florales de 1951, como “que mi poema había sido el mejor”, refiriéndose a la obra que logró el segundo lugar “La esposa y el tiempo”, en ese año el ganador fue Juan José Arreola, y Félix compartió el segundo lugar con María Cristina Pérez Vizcaíno y el tercero sería para Virginia Arreola, ese fue un año mítico para el concurso, porque el jurado estuvo conformado por: Arturo Rivas Sáinz, Alfredo Velasco Cisneros y José Manuel Ponce.



 Félix Torres, logró una trayectoria importante como escritor, fue más conocido como poeta, donde logró ganar el Premio Jalisco en 1953 por el libro “Sin ventanas”, que come anécdota no fue invitado a la cena con el gobernador Agustín Yáñez, pero quien sí lo invitó fue Arturo Rivas Sáenz, estuvieron en una cena improvisada en su casa en Guadalajara el cual fue el verdadero premio.

Triunfó en el teatro realizando el guion de “La otra cara del viento” -1967-, en el cual dirigió y actuó Ernesto Neaves, donde la escenografía fue realizada por Ramón Villalobos Castillo “Tijelino”, y la música por José Manuel Ponce.

Publicó constantemente en el periódico El Vigía en donde apareció su primer poema dedicado a su esposa Conchita “Las dos puertas brillantes”, además de la revista Arquitrabe, donde incluso fue el director, también colaboró en: Tribuna, el Plus Ultra, la revista Antorcha, entre otras. Fue corresponsal del Informador y de El Universal, fundó El Noticiero, también tuvo su programa de radio poético en la XEBA. Se hizo amigo de: Juan José Arreola, Roberto Espinosa Guzmán, Daniel Quiroz, Guillermo Jiménez, Rodolfo Usigli donde comenta “con quien me identifiqué plenamente. Escuchó mis poemas que calificó de velardianos con mi más grande sorpresa, porque en ese tiempo desconocía por completo al estupendo Ramón López Velarde”, también hizo amistad con el poeta Pedro Garfías “cuya amistad perduró algunos años”.

No hay que olvidar que perteneció al grupo Cervantes (1939) y más tarde al lado de Alfredo Velasco fundó el grupo cultural Arquitrabe (1944) “lo formaban don Alfredo Velasco, Félix Torres, Federico Vergara y yo merengues… (Juan José Arreola).





Fue fotógrafo, abrió su estudio de fotografía Kodak, son memorables sus fotos sobre Alfredo Velasco o la colección que le hizo a Juan José Arreola, además de los paisajes y la ciudad.





A pesar de que siempre estuvo activo en la parte cultural, y su presencia fue no solo importante, sino relevante en el ámbito zapotlense, tras su muerte (Zapotlán el Grande 1987) cayó en un letargo casi en el olvido, poco se ha hecho para rescatar su obra y volver a incentivar a su lectura, uno de esos esfuerzos fue por parte de la Secretaría de Cultura del gobierno de Jalisco, editó “El barro vivo”, en 1995, un libro de poesía que forma parte de la colección “Hojas”.


Más tarde llegó la reedición del libro “Los días que fueron míos”, editado en 1998 por el Archivo Municipal de Zapotlán el Grande, con dibujos de Ramón Villalobos Castillo “Tijelino”, donde la introducción comenta:


“(…) Félix Torres Milanés, trastocó con la línea vertical de su ejemplo y sabiduría, experiencias y fantasías propias, dentro de un mundo crudo de pasajera alegría sufriendo y amor por sus semejantes.”


                                   


Este libro es una rareza dentro de la literatura jalisciense, porque es poco común la autobiografía o memorias, donde podemos citar a escritores hicieron alguna son: Juan José Arreola con dos libros, el de Fernando del Paso “Memoria y olvido” y el de Orso Arreola “El último juglar”, su hermanda Virginia Arreola Zúñiga con “Opalescencias”, José G. Zuno “Reminiscencias de una vida”, Elías Nandino “Una vida No/velada” y Alberto Brambila “Sueños del alma. Versos y prosas”. Félix Torres en este libro nos narra gran parte de su vida, comenzando por sus primeros años en Tecalitlán, donde nació un 29 de enero de 1921. Nos cuenta con una prosa poética los paisajes de su tierra, además de Jilotlán, Zapotiltic, Tuxpan y más tarde el de Zapotlán, donde hace énfasis en el paisaje, en los colores, olores, se muestra como una utor naturalista, pero también oscuro, llena de dolor, con imágenes claras en sus metáforas, reflexiva-filosófica, y con mucha musicalidad, una influencia que veremos plasmado a lo largo de su obra, tanto poética como narrativa.

Deja en claro que desde niño a pesar de la escasez mostró interés por el aprendizaje, la lectura y una habilidad para la escritura ganando concursos. También a lo largo de esta páginas nos regala parte de las influencias que tuvo como escritor, su estancia en el seminario, a los que fueron parte fundamental para que se convirtiera en la figura importante que es hoy en día.





Hay que destacar, que este es el segundo libro que editó en vida Félix Torres, en una edición de autor en 1984, la cual es complicada de conseguir, por no decir imposible. Este libro se reeditó recientemente, en el 2024, por el gobierno municipal de Zapotlán el Grande y Puertabierta Editores.

“El río crecido”, es un libro de seis cuentos, el cual ganó los juegos Florales de Guadalajara en 1970, donde el propio Félix Torres comentó:

“Fue una época de grandes cosechas espirituales. Todavía se aspiraba el viento limpio de las inquietudes excelsas.

Por ese tiempo se efectuaron los Juegos Florales Septembrinos de Guadalajara, en los cuales participé. En una ceremonia efectuada en el Teatro Degollado de aquella ciudad, recibí la medalla de oro Francisco Rojas González por mi libro “El río Crecido”.

Este libro no se publicó en su momento, permaneció inédito hasta este momento, fue en el año 2011, cuando teniendo amistad con Bárbara J. Torres -hija- platicando en muchas ocasiones sobre la obra de su abuelo y el olvido en el que estaba, es así que junto a su mamá a Bárbara Torres, me entregan este libro “El río crecido”, que en ese año iba ser editado por el gobierno municipal de Zapotlán el Grande, pero “otros intereses” impidieron la impresión de ese libro, el cual quedó ene l cajón durante poco más de una década.





Pero esta alma inquieta buscó la forma de dar a conocer este libro inédito de cuentos sobre Félix Torres, donde podemos compartir y descubrir su prosa fina, los paisajes que cubren cada cuento, los personajes que van naciendo de entre las líneas y las historias que se fueron entretejiendo entre las lecturas y lo vivido en la infancia. Félix Torres fue un cultivador de la palabra y un creador de música con sus letras.

Como lo dijo Ramón Rojas Chávez en su poema “Oda elegiaca”, dedicada a la amistad de Félix Torres y Roberto Espinoza Guzmán:

¿Cómo pueden morir los corazones
a la palabra y la belleza dados,
si cual trinares metaforizados
vibran aún en sus realizaciones?

¿Cómo pueden los ojos preguntones
voltear las páginas despreocupados
o los instantes ser desamorados
para segar del alma las acciones?


Esperemos que con este libro y el mural creado por Santos Torres en homenaje a Félix Torres en la biblioteca “Juan José Arreola”, sean un motivo para que su obra no caiga en el olvido o simplemente quede como referencia en el nombre de una calle.


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