Milton Iván
Peralta
Carlos
Pellicer describe el poema de Félix Torres Milanés de los Juegos
Florales de 1951, como “que mi poema había sido el mejor”,
refiriéndose a la obra que logró el segundo lugar “La esposa y
el tiempo”, en ese año el ganador fue Juan José Arreola, y Félix
compartió el segundo lugar con María Cristina Pérez Vizcaíno y el
tercero sería para Virginia Arreola, ese fue un año mítico para el
concurso, porque el jurado estuvo conformado por: Arturo Rivas Sáinz,
Alfredo Velasco Cisneros y José Manuel Ponce.
Félix
Torres, logró una trayectoria importante como escritor, fue más
conocido como poeta, donde logró ganar el Premio Jalisco en 1953 por
el libro “Sin ventanas”, que come anécdota no fue invitado a la
cena con el gobernador Agustín Yáñez, pero quien sí lo invitó
fue Arturo Rivas Sáenz, estuvieron en una cena improvisada en su
casa en Guadalajara el cual fue el verdadero premio.
Triunfó
en el teatro realizando el guion de “La otra cara del viento”
-1967-, en el cual dirigió y actuó Ernesto Neaves, donde la
escenografía fue realizada por Ramón Villalobos Castillo
“Tijelino”, y la música por José Manuel Ponce.
Publicó
constantemente en el periódico El Vigía en donde apareció su primer
poema dedicado a su esposa Conchita “Las dos puertas brillantes”,
además de la revista Arquitrabe, donde incluso fue el director,
también colaboró en: Tribuna, el Plus Ultra, la revista Antorcha,
entre otras. Fue corresponsal del Informador y de El Universal, fundó
El Noticiero, también tuvo su programa de radio poético en la XEBA.
Se hizo amigo de: Juan José Arreola, Roberto Espinosa Guzmán,
Daniel Quiroz, Guillermo Jiménez, Rodolfo Usigli donde comenta “con
quien me identifiqué plenamente. Escuchó mis poemas que calificó
de velardianos con mi más grande sorpresa, porque en ese tiempo
desconocía por completo al estupendo Ramón López Velarde”,
también hizo amistad con el poeta Pedro Garfías “cuya amistad
perduró algunos años”.
No hay que olvidar que perteneció
al grupo Cervantes (1939) y más tarde al lado de Alfredo Velasco
fundó el grupo cultural Arquitrabe (1944) “lo formaban don Alfredo
Velasco, Félix Torres, Federico Vergara y yo merengues… (Juan José
Arreola).
Fue fotógrafo, abrió su estudio de fotografía
Kodak, son memorables sus fotos sobre Alfredo Velasco o la colección
que le hizo a Juan José Arreola, además de los paisajes y la
ciudad.
A
pesar de que siempre estuvo activo en la parte cultural, y su
presencia fue no solo importante, sino relevante en el ámbito
zapotlense, tras su muerte (Zapotlán el Grande 1987) cayó en un
letargo casi en el olvido, poco se ha hecho para rescatar su obra y
volver a incentivar a su lectura, uno de esos esfuerzos fue por parte
de la Secretaría de Cultura del gobierno de Jalisco, editó “El
barro vivo”, en 1995, un libro de poesía que forma parte de la
colección “Hojas”.
Más
tarde llegó la reedición del libro “Los días que fueron míos”,
editado en 1998 por el Archivo Municipal de Zapotlán el Grande, con
dibujos de Ramón Villalobos Castillo “Tijelino”, donde la
introducción comenta:
“(…) Félix Torres Milanés,
trastocó con la línea vertical de su ejemplo y sabiduría,
experiencias y fantasías propias, dentro de un mundo crudo de
pasajera alegría sufriendo y amor por sus semejantes.”

Este
libro es una rareza dentro de la literatura jalisciense, porque es
poco común la autobiografía o memorias, donde podemos citar a
escritores hicieron alguna son: Juan José Arreola con dos libros, el
de Fernando del Paso “Memoria y olvido” y el de Orso Arreola “El
último juglar”, su hermanda Virginia Arreola Zúñiga con
“Opalescencias”, José G. Zuno “Reminiscencias de una vida”,
Elías Nandino “Una vida No/velada” y Alberto Brambila “Sueños
del alma. Versos y prosas”. Félix Torres en este libro nos narra
gran parte de su vida, comenzando por sus primeros años en
Tecalitlán, donde nació un 29 de enero de 1921. Nos cuenta con una
prosa poética los paisajes de su tierra, además de Jilotlán,
Zapotiltic, Tuxpan y más tarde el de Zapotlán, donde hace énfasis
en el paisaje, en los colores, olores, se muestra como una utor
naturalista, pero también oscuro, llena de dolor, con imágenes
claras en sus metáforas, reflexiva-filosófica, y con mucha
musicalidad, una influencia que veremos plasmado a lo largo de su
obra, tanto poética como narrativa.
Deja en claro que desde
niño a pesar de la escasez mostró interés por el aprendizaje, la
lectura y una habilidad para la escritura ganando concursos. También
a lo largo de esta páginas nos regala parte de las influencias que
tuvo como escritor, su estancia en el seminario, a los que fueron
parte fundamental para que se convirtiera en la figura importante que
es hoy en día.
Hay que destacar, que este es el segundo libro
que editó en vida Félix Torres, en una edición de autor en 1984,
la cual es complicada de conseguir, por no decir imposible. Este
libro se reeditó recientemente, en el 2024, por el gobierno
municipal de Zapotlán el Grande y Puertabierta Editores.
“El
río crecido”, es un libro de seis cuentos, el cual ganó los
juegos Florales de Guadalajara en 1970, donde el propio Félix Torres
comentó:
“Fue una época de grandes cosechas
espirituales. Todavía se aspiraba el viento limpio de las
inquietudes excelsas.
Por ese tiempo se efectuaron los Juegos
Florales Septembrinos de Guadalajara, en los cuales participé. En
una ceremonia efectuada en el Teatro Degollado de aquella ciudad,
recibí la medalla de oro Francisco Rojas González por mi libro “El
río Crecido”.
Este libro no se publicó en su momento, permaneció inédito hasta
este momento, fue en el año 2011, cuando teniendo amistad con
Bárbara J. Torres -hija- platicando en muchas ocasiones sobre la
obra de su abuelo y el olvido en el que estaba, es así que junto a
su mamá a Bárbara Torres, me entregan este libro “El río
crecido”, que en ese año iba ser editado por el gobierno municipal
de Zapotlán el Grande, pero “otros intereses” impidieron la
impresión de ese libro, el cual quedó ene l cajón durante poco más
de una década.
Pero esta alma inquieta buscó la forma de dar
a conocer este libro inédito de cuentos sobre Félix Torres, donde
podemos compartir y descubrir su prosa fina, los paisajes que cubren
cada cuento, los personajes que van naciendo de entre las líneas y
las historias que se fueron entretejiendo entre las lecturas y lo
vivido en la infancia. Félix Torres fue un cultivador de la palabra
y un creador de música con sus letras.
Como lo dijo Ramón
Rojas Chávez en su poema “Oda elegiaca”, dedicada a la amistad
de Félix Torres y Roberto Espinoza Guzmán:
¿Cómo
pueden morir los corazones
a la palabra y la belleza dados,
si
cual trinares metaforizados
vibran aún en sus
realizaciones?
¿Cómo pueden los ojos preguntones
voltear
las páginas despreocupados
o los instantes ser desamorados
para
segar del alma las acciones?
Esperemos
que con este libro y el mural creado por Santos Torres en homenaje a
Félix Torres en la biblioteca “Juan José Arreola”, sean un
motivo para que su obra no caiga en el olvido o simplemente quede
como referencia en el nombre de una calle.
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